Cultura - Teatros

Las emocionadas lágrimas de José Sacristán en la entrega de los premios Ceres

Las quejas, respetuosas y elegantes, por el IVA cultural fueron el estribillo de los discursos de los galardonados

El actor José Sacristán, con su premio Ceres, anoche en el Teatro Romano de Mérida - efe

Las protestas por el IVA cultural (respetuosas, elegantes, nada airadas) fueron un denominador común en los discursos de los galardonados en la cuarta edición de los Premios Ceres, cuya gala se celebró un año más en el Teatro Romano de Mérida, totalmente abarrotado, y como broche al festival de teatro clásico. El acto, dirigido por Manuel Palaciosy conducido por Carlos Sobera (excepcional en su papel de maestro de ceremonias), tuvo espacio para el espectáculo, la risa y la emoción.

Esta llegó, sobre todo, de la mano de Luz Casal (especialmente con su conmovedora interpretación de «Inesperadamente»), del recuerdo a Lina Morgan (la proyección de imágenes de la actriz fue bañada por una sentida ovación del público puesto en pie) y, sobre todo, de la intervención de José Sacristán al recibir el premio Emérita Augusta de manos de su querida amiga Concha Velasco. Ver al actor con los ojos acuosos y enrojecidos no era una imagen que nadie esperara. «¡Caramba, es que impone mucho ver a tres mil personas frente a ti aplaudiéndote! -confesaba a ABC tras la gala, en el habitual cóctel que se celebra en el peristilo del teatro-, Me han venido a la mente los recuerdos del "Julio César" que hice aquí en 1964, y que cambió mi vida profesional. Yo estaba de verdad a punto de abandonar».

El actor contó durante su intervención al recoger el galardón que tras aquellas funciones, dirigidas por José Tamayo y en las que él hacía «siete papeles por treinta duros», José María Morera le prometió contar con él en lo próximo que fuera. «Un año más tarde hice "La pulga en la oreja", un vodevil de Feydeau que cambió mi carrera».

El premio a Sacristán -que recordó también a Fernando Fernán-Gómez- fue el colofón de una gala festiva, entretenida, ágil, donde el lema de Lina Morgan -«agradecida y emocionada»- se convirtió un leit motiv de los premiados. Estos agradecieron los galardones con discursos serenos y moderados -alguno de ellos, como el de Carles Alfaro, más largo de lo deseable-. Destacaron, por su sencillez y sensatez, las palabras de los actores Pedro Casablanc y Aitana Sánchez-Gijón y las del autor Alberto Conejero, así como la queja del figurinista Pedro Moreno: «En estos años han desaparecido el 60 por ciento de las empresas dedicadas a los oficios teatrales».

Además de los mencionados, fueron premiados «Rei Lear», del Teatre Lliure (mejor espectáculo), Carles Alfaro (dirección de escena), Juan Sanz y Miguel Ángel Coso (escenografía), Pedro Yagüe (iluminación), Compañía Morboria (caracterización), José Francisco Ramos (juventud), «El cerco de Numancia» (público), Kamikaze Producciones (trayectoria empresarial) y Mariano Marín (composición musical).

Los actores Ana García, Elías González, Álex García, María Esteve, Ana Fernández, Tristán Ulloa, Tina Sainz, Fran Perea, Laura Pamplona, María Pujalte, Nancho Novo y Natalia Millán fueron los encargados de entregar los premios, metidos en la piel de personajes como Sócrates, Medea, Electra, Antígona o Lisístrata. José Mercé y la citada Luz Casal pusieron el contrapunto musical a la velada.

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