Una escena coral de «Donde hay agravios no hay celos» - GUILLERMO CASAS

«Donde hay agravios no hay celos»: risas, enredos y amores en el Siglo de Oro

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«Se trata de una de las mejores comedias escritas en el Siglo de Oro». Con esta rotundidad se expresa Helena Pimenta, al hablar de «Donde hay agravios, no hay celos», la obra de Francisco Rojas Zorrilla con la que la Compañía Nacional de Teatro Clásico emprende la nueva temporada -última que transcurrirá en el Pavón antes de su regreso al renovado teatro de la Comedia-. La responsable de la CNTC es al mismo tiempo la directora de este montaje, que cuenta con un atractivo reparto: David Lorente, Jesús Noguero, Óscar Zafra, Rafa Castejón, Marta Poveda, Clara Sanchis, Fernando Sansegundo, Natalia Millán y Mónica Buiza, con el acordeonista Vadzim Yukhnevich. La versión es del propio Fernando Sansegundo, y con Helena Pimenta colaboran en la producción Vicente Fuentes (asesor de verso), Nuria Castejón (coreografía), Ignacio García (selección y adaptación musical), Tatiana Hernández (vestuario), Juan Gómez Cornejo (iluminación) y Esmeralda Díaz (escenografía).

Historia de enredos

«Donde hay agravios no hay celos» cuenta una historia de enredos que se ovillan en torno al amor, el deseo, la venganza, las diferencias sociales, los engaños, los agravios... para trazar un laberinto de relatos del que solo se sale al final. A Madrid llegan un señor y su criado para conocer a una mujer de la que se ha prendado a través de su retrato. Atrás deja, en Salamanca, una hermana deshonrada y un hermano muerto por un hombre en el que espera poder vengarse. La mujer vive en la casa familiar con su padre y una criada alcahueta y respondona, y sufre también los acosos de un primo que la visita de noche con la complicidad de la criada. Llega a Madrid, también, la hermana deshonrada, y el enredo es mayúsculo. «Es un texto incuestionable -decía Helena Pimenta antes de su estreno, el pasado julio, en el festival de Almagro- y posee una carpintería teatral extraordinaria; es una de las grandísimas comedias de nuestro siglo de Oro, que no se había hecho nunca en la Compañía, y era de justicia recuperarlo. Es mi responsabilidad sacar a flote títulos como éste, que como comedia tiene rasgos de perfección, y que yo comparo con las grandes comedias de Shakespeare».

Incapacidad de expresarnos

La «incapacidad de expresarnos» es, según Fernando Sansegundo, una constante en esta comedia. Y está reflejada sobre todo, añade Helena Pimenta, en los apartes que hay en el texto, y que, confiesa, han sido uno de los grandes retos de la puesta en escena. «Media obra está escrita en apartes, y la reflexión que hicimos Fernando Sansegundo y yo es que los personajes no se atreven a hablar sinceramente de forma directa. Tenía que ser en un aparte al público o en un monólogo. Al principio nadie habla, todos están heridos. Nadie es capaz de razonar. Pero conforme transcurre la obra, y llegamos a la tercera jornada, los apartes empiezan a desaparecer, y los personajes empiezan a ser capaces de verbalizar sus pensamientos. Y es cuando llega el perdón, cuando llega el amor».

Se trata de una comedia muy divertida. «La risa es nuestra aliada en este viaje por un Madrid decadente heredero de una época de exaltación, donde un sentido del honor exacerbado impide que germinen la razón y los sentimientos», concluye Helena Pimenta.