JERO MORALES

«El eunuco» reparte amor para todos en el Festival de Mérida

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Antes de triunfar como autor teatral, Publio Terencio Africano fue esclavo. De origen bereber y probablemente nacido en Cartago alrededor del año 194 a. de C., murió, según Suetonio, en el 159 a. de C. a los 35 años de edad tras haber escrito seis obras, todas conservadas. Casi veintidós siglos después, los más de tres mil espectadores que abarrotaban anteanoche el Teatro Romano de Mérida se divirtieron de lo lindo con las peripecias de los personajes imaginados por el escritor latino allá por el año 161 a. de C. y enjaretados hoy en una más que libre versión musical del texto, firmada por Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez, también director de un espectáculo de devastadora eficacia cómica.

El estreno de este montaje de «El eunuco» fue una apoteósica sucesión de carcajadas y de palmas cómplices acompañando los formidables números musicales compuestos por Asier Etxeandia y el percusionista Tao Gutiérrez, que los dirigió e interpretó junto a Enrico Barbaro (bajo y contrabajo) y Guillermo González (piano y acordeón). La verdad es que sonaba muy bien la música en el noble escenario emeritense y funcionaban las palabras de un invento que tiene mucho de vodevil virado hacia el astracán, buscando siempre la comicidad más inmediata con astucia de comedia televisiva de situación.

Una cortesana y dos galanes

En esencia, «El eunuco», que transcurre en Atenas, pues, según parece, las autoridades romanas no permitían que las frivolidades teatrales transcurrieran en la capital del imperio, relata los equilibrios amorosos de una cortesana que mantiene vivos la atención y los celos de dos galanes que compiten por ella con sus regalos; uno de ellos promete enviarle un eunuco, pero la identidad de este es suplantada por el hermano menor del pretendiente con el fin de conseguir el amor de una esclava regalada a la bella por el otro galanteador.

Hay también una trama paralela de hermanos separados que se reencuentran muchos años después y cierta intención moralizante. Sánchez y Gómez han utilizado la raspa argumental y reescrito de cabo a rabo la comedia, cambiado los nombres de bastantes personajes, eliminado otros, añadido nuevas situaciones e El estreno fue una apoteósica sucesión de carcajadas y palmas cómplicesinventándose el papel de Pánfila, la esclava en cuestión, que de no intervenir en el original, emerge transformada en una cotorrra de marca mayor. Los adaptadores, que ponen en pie una suerte de «Golfus de Atenas», atizan el enredo con unos diálogos muy divertidos y hacen desembocar la acción en unreparto de amor para todos y de todos los colores: hetero, homo, materno-filial, fraternal…

A la magnífica iluminación de Miguel Ángel Camacho, las resultonas coreografías de Chevi Muraday y la escenografía de Eduardo Moreno, que convierte una estructura cúbica en laberinto, se añade el buen hacer de unos actores exultantes: Pepón Nieto, Anabel Alonso, Alejo Sauras, Jorge Calvo, María Ordóñez, Antonio Pagudo, Jordi Vidal, Marta Fernández Muro y Eduardo Mayo, que fueron ovacionados por el público puesto en pie al final de la representación. El último señaló que, «si como dice Asier Etxeandia el amor es un teatro lleno, esta noche se ha producido una declaración de amor en toda regla». Y tiene razón, porque el espectáculo, que hará temporada en el madrileño Teatro de La Latina, ha agotado las entradas para todas sus representaciones en Mérida, de donde se despide el próximo domingo.