Diez espacios insólitos donde ver teatro
Un momento de la representación de «Lavar, cortar y enterrar» - twitter

Diez espacios insólitos donde ver teatro

La escena madrileña se refugia lejos de los espacios convencionales

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La escena madrileña se refugia lejos de los espacios convencionales

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  1. Una peluquería («Lavar, cortar y enterrar»)

    Un momento de la representación de «Lavar, cortar y enterrar»
    Un momento de la representación de «Lavar, cortar y enterrar» - twitter

    «Lavar, marcar y enterrar» es el título de la comedia que puede verse los viernes y los sábados en la peluquería Corta Cabeza, en la calle de la Corredera Baja de San Pablo. Fue el propio espacio el que inspiró a Juanma F. Pina a escribir esta comedia, que transcurre en un local del barrio de Malasaña, donde una pareja secuestra a la dueña de la peluquería y a uno de sus empleados para poder acceder desde su sótano al local de al lado. Veinticinco personas pueden asistir a cada función, que se desarrolla entre espejos y secadores. La interpretan Victoria Mora, Danai Querol, Juan Caballer y Mario Alberto Díez.

  2. Una habitación de hotel («Confesiones de un bartender»)

    Eloy Azorín, en «Confesiones de un bartender»
    Eloy Azorín, en «Confesiones de un bartender» - ABC

    Una habitación del hotel Capitol (el que acoge el emblemático anuncio luminoso de Schweppes), situado en plena Gran Vía madrileña, ha acogido una singular iniciativa: el estreno de «Confesiones de un bartender». Se trata de una obra escrita y dirigida por Nancho Novo, e interpretada por Eloy Azorín y Marta Hazas. El proyecto ha sido organizado por Microteatro, y patrocinado por Tanqueray Stage, Tanqueray STAGE, que «apuesta -según sus propias palabras- por el teatro no convencional sacándolo de los circuitos tradicionales y llevándolo a lugares sorprendentes e inesperados». La obra cuenta las vicisitudes a las que tiene que enfrentarse el protagonista, y cómo las resuelve siempre de una forma súper elegante, todo en un tono irónico y con mucho humor.

  3. Una portería (La casa de la portera)

    Alberto Puraenvidia y José Martret, creadores de La casa de la portera
    Alberto Puraenvidia y José Martret, creadores de La casa de la portera - ABC

    Hace casi tres años que se abrió este insólito espacio, creado por iniciativa del actor y director José Martret y del director de arte y escenógrafo Alberto Puraenvidia. La casa de la portera está situado en un bajo del número 4 de la calle Abades, en el barrio de La Latina, que era la vivienda en la que durante años vivió la portera del edificio. «Ivan-off», una versión del «Ivanov», de Chéjov, fue la primera obra de este espacio, que ahora cuenta con varias obras en cartel todos los días de la semana, y que se ha convertido en un lugar de referencia en la escena madrileña. Aproximadamente veinticinco espectadores pueden asistir a cada representación, en la que tienen a los espectadores a dos palmos de ellos. Martret y Puraenvidia han abierto un segundo espacio, «La pensión de las pulgas»

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  4. El sótano de una antigua carnicería (Microteatro por dinero)

    Aspecto de Microteatro por dinero
    Aspecto de Microteatro por dinero - ABC

    En 2010 nació esta iniciativa, que ha sido de alguna manera el origen de todo este movimiento de teatro subterráneo que vive Madrid. Tuvo su origen en un proyecto que tuvo lugar un año antes, cuando un grupo de autores, actores y directores presentaron varias obras cortas en las habitaciones de un pequeño prostíbulo. La idea cuajó y se trasladaron a un local, una antigua carnicería de la calle Loreto y Chicote (dos actores-empresarios de finales del siglo XIX y principios del XX); en su sótano habilitaron cinco salas de apenas quince metros cuadrados, donce se representan microobras de entre diez y quince minutos sobre un mismo tema, con un máximo de quince espectadores por pase y varias sesiones al día. El público para por cada una de ellas.

  5. Una antigua nave industrial (Kubik Fabrik)

    La sala Kubik Fabrik
    La sala Kubik Fabrik - ABC

    Una nave industrial dedicada en el pasado al reciclaje de papel y cartón en el barrio de Usera se convirtió hace cuatro años en Kubik Fabrik, un auténtico ejemplo dentro del panorama teatral madrileño; lo es tanto por su gestión como por el riesgo y la calidad de sus propuestas, que incluye varias producciones dentro de su programación. Además, este espacio se ha convertido en un revitalizador cultural del barrio, cuyos habitantes tienen abiertas las puertas de la sala, tanto en los ensayos como en diversos cursos y proyectos. El más reciente es «Storywalker», en el que las historias de la gente de Usera se han convertido en material teatral vivo gracias a una aplicación de móvil y a autores como Miguel del Arco, Alfredo Sanzol, Denise Despeyroux o José Padilla.

  6. La cueva de un bar (Sala Samotracia)

    El actor Gregor Acuña en la Sala Samotracia
    El actor Gregor Acuña en la Sala Samotracia - ABC

    En el número 40 de la calle Santa Isabel, muy cerca del Reina Sofía, en una cueva abovedada en el sótano del Gastrobar «La victoria», se encuentra la Sala Samotracia, que forma parte del Espacio Cultural La Victoria. Se trata de un pequeño local en el que se combina la programación teatral (obras de pequeño formato, microteatro) con la musical y las exposiciones artísticas. Dirigido por el artista Rafael Clemente, su objetivo fundamental es la difusión del arte en la capital y la formación. No es la única sala similar: también El sótano de la graciosa, en Malasaña, tiene una programación similar.

  7. Una tienda (Selectos Puraenvidia)

    Una escena de «Galáctica»
    Una escena de «Galáctica» - ABC

    Una pequeña tienda de los años cincuenta situada en el barrio de La Latina acoge Selectos Puraenvidia, creada por Alberto Puraenvidia (también detrás de La casa de la Portera y La pensión de las pulgas). En el sótano del local instaló su taller, y redecoró la tienda para convertirla en un lugar donde exponer su trabajo y el de otros artistas. Fue a la compañía Trama Teatro a quien se le ocurrió, hace menos de un año, que aquél sería un espacio ideal para representar teatro, y crearon para él «Galáctica», con tres historia que se adaptan a los distintos ambientes del espacio. Actualmente tiene en cartel «La Toñi unplugged», con el actor Fran Arráez.

  8. Un antiguo concesionario de coches (Teatro Quevedo)

    Aspecto de la fachada del teatro Quevedo
    Aspecto de la fachada del teatro Quevedo - belén díaz

    Un joven empresario de 26 años, Luis Antonio Rodríguez, ha invertido medio millón de euros en la reconversión de un antiguo concesionario de automóviles de la calle de Bravo Murillo, en un teatro. La proximidad de la glorieta de Quevedo le llevó a bautizar así la sala, que abrió sus puertas el pasado septiembre. Su intención es, según Rodríguez, «ser una sala comercial; tendrá un aforo de ciento cincuenta butacas y se dedicará a la comedia». Su próximo estreno, el musical «El otro lado de la cama», de David Serrano.

  9. Una antigua fábrica de caramelos (Sala Montacargas)

    Fachada de la Sala Montacargas
    Fachada de la Sala Montacargas - ABC

    Veinte años de vida ha cumplido ya la Sala El Montacargas, uno de los espacios veteranos del teatro alternativo madrileño, y que dirigen Aurora Navarro y Manuel F. Nieves. Fue la compañía La torre infiel la que puso en pie este teatro, que se instaló en un edificio de tres plantas que fue en su día una fábrica de caramelos. En el primer piso hay un amplio bar donde se programan veladas musicales y de café-teatro; la segunda es la sala de teatro, con capacidad para cincuenta personas, y la tercera acoge una escuela de teatro. Su criterio artístico, dar voz a los nuevos creadores, con montajes novedosas. Una de las columnas vertebrales de la sala es el Festival de Clown.

  10. Una antigua ebanistería (Sala Guindalera)

    El patio de La Guindalera
    El patio de La Guindalera - ABC

    Hace poco que cumplió diez años la Sala Guindalera, un espacio emblemático de la escena madrileña. Allí donde hubo en su día una ebanistería, y que fue también sala de ensayos, Juan Pastor Juan Pastor y Teresa Valentín-Gamazo levantaron un teatro pequeño, de setenta espectadores. «Buscamos el acercamiento y el ambiente íntimo, donde el público y los actores tengan la suerte de encontrarse emocionalmente y para eso la distancia entre ambos no debe ser excesiva», dicen sus responsables. La calidad de sus montajes y el rigor de sus producciones la han convertido en un lugar de culto. Después de cada función, se invita a los espectadores a un licor de guindas.