Cultura

Teatro

«Celos y agravios»: un clásico en La Habana

Día 21/06/2013 - 12.46h

La compañía Mefisto Teatro presenta este clásico de Rojas Zorrilla

La joven compañía Mefisto Teatro, que dirige Liuba Cid y cuya columna vertebral la componen actores cubanos establecidos en España, arrrancó hace cuatro años con una versión caribeña de uno de los textos fundamentales del teatro clásico español: «Fuenteovejuna». Dos años más tarde, y por encargo del festival de Teatro Clásico de Cáceres, abordó el montaje de una versión del clásico de Francisco de Rojas Zorrilla «Donde hay agravios no hay celos» que, bajo el título «Celos y agravios» acaba de estrenarse en el teatro Fígaro de Madrid. La versión y la dirección son de la propia Liuba Cid, y el reparto lo componen Vladimir Cruz, Justo Salas, Claudia López, Dayana Contreras, Ramón Ramos, Yolanda Ruiz, Rey Montesinos, Gabriel Buenaventura y Joanna González.

Estrenada en 1636 y publicada en 1645, la comedia fue, según cuentan los responsables de la compañía, «una de las más representadas en vida del autor, y de las más imitadas tras su muerte. Una joya de humor y picaresca que durante el Siglo de Oro fue representada no sólo en los corrales de comedia de Madrid y de toda España, sino también, en la corte francesa».

Enredos

La obra cuenta las peripecias de Don Juan de Alvarado y su criado Sancho, que llegan una noche a Madrid en busca de la casa de don Fernando de Rojas, con cuya hija, Doña Inés, se ha prometido Don Juan gracias a un retrato. Pero por un error del criado, el retrato que obra en poder de Doña Inés no es el del caballero, sino el de Sancho. La trama se embarulla cuando los dos ven descolgarse del balcón de la dama a un desconocido, lo que les lleva a sospechar de su infidelidad, así que deciden intercambiar sus identidades para averiguar mejor la verdad.

Una de las singularidades de la versión de Mefisto Teatro es su particular vestuario y puesta en escena. «Detrás de la apariencia dieciochesca -explican en la compañía-, se filtran el ritmo y la cadencia que aporta una interpretación peculiar desde la visión del teatro cubano contemporáneo del texto de Rojas Zorrilla. Las máscaras barrocas se sincretizan en las máscaras coloniales de un teatro, que en su esplendor de los siglos XVIII y XIX, trajo a la escena cubana la tradición del teatro bufo con la consecuente caricatura nacida del el alma de las propias máscaras». «Del bufo -siguen- interesa en particular su sistema paródico, su conciencia de la teatralidad y la distorsión verbal que anticipa el teatro del absurdo, características dominantes del teatro cubano en el siglo XIX. Fascina, principalmente, la galería léxica del bufo, que al igual que en el texto de Rojas Zorrilla, pone al desnudo la esencia social y humana de los personajes».

El vestuario tiene en el papel su material principal. «Las formas del papel y la flexibilidad del cartón arropan y redimensionan los cuerpos de las máscaras. Los personajes van vestidos con estructuras forradas en papel y proyectadas en el color y la exuberancia del “barroquismo tropical”». El diseñador cubano Tony Díaz ha realizado una labor de creación a partir de materias reciclables como el cartón, el papel, la madera y el aluminio.

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