Silvia Pérez Cruz estudió jazz en la Smuc de los 19 a los 25 años
Silvia Pérez Cruz estudió jazz en la Smuc de los 19 a los 25 años - Alex Rademakers

Silvia Pérez Cruz: «Con 18 años me propusieron ser la nueva Norah Jones»

La cantante catalana presenta «Vestida de nit» en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el lunes 27 y martes 28

MADRIDActualizado:

Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, 1983) siempre ha vivido de la música. «Desde que cobré por primera vez a los 13 años es el único oficio que he tenido», comenta a un volumen muy bajo, como si le diera pudor reconocerlo. Por esa época cantaba en un coro y tocaba el saxofón en varias orquestas y pasacalles de su pueblo. Uno de sus profesores le dijo entonces que su forma libre de entender la interpretación encajaba mejor en el jazz, así que esperó a cumplir 18 años y se fue a Barcelona a estudiar en la recién creada Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc). Lo tenía claro. «Ahí mi madre me ayudaba un poco, lo típico, pero también empecé a hacer más conciertos», cuenta la tres veces ganadora del Goya sobre aquellas noches de jams en el Jamboree, donde una vez se la acercó un hombre, después de bajar del escenario, para proponerle si quería ser «la nueva Norah Jones». «La propuesta iba en serio y era mucho más importante de las que me ofrecen ahora, pero yo le pregunté: “¿Podré seguir tocando con mis amigos en el bar?”. La respuesta fue que no y le dije que, si era así, no quería», recuerda.

«Estoy muy tranquila y satisfecha con mi carrera —continúa—. He respetado mis tiempos y he sido muy honesta. No he querido llegar rápido a ningún sitio, sino disfrutar del camino con los pies en la tierra». En 2004 formó un primer grupo de flamenco mestizo, Las Migas, junto a otras tres compañeras de la Esmuc: una sevillana, una alemana y una francesa. Una época frenética y estimulante de la que salieron tres discos y que estiró, compaginándolo con otros proyectos, hasta 2011. A los 28 años decidió continuar su aventura en solitario y fichó por Universal para publicar «11 de novembre», un compendio de jazz, bossa nova, flamenco y música mediterránea. Aquel disco llevó su reputación más allá de Cataluña, donde ya llenaba teatros cantando en español, catalán, inglés y portugués. «Lo primero que pregunté cuando me llamaron fue: “No me haré muy famosa ahora, ¿verdad?”. La persona por la que entré en la discográfica, Álex Sánchez, me contestó: “La fama es lo que tú quieres”. Y he comprobado que es cierto. He podido decir que no a muchas cosas. Ya me tienen calada y saben que tengo libertad artística total», asegura Silvia Pérez Cruz, que este lunes y martes actúa en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

Lo ha demostrado en cada uno de los tres discos que ha publicado desde que ganó el primer Goya por la mejor canción original en «Blancanieves». Desde entonces se ha convertido en una de las mejores y más versátiles vocalistas del país, además de compositora, letrista, arreglista y productora. «No lo hago todo bien, pero llevo toda la vida en esto y he conseguido que cada estilo me enseñe una cosa. Trato de buscar lo que comparten y no lo que les diferencia, y eso no es otra cosa que la verdad que transmiten, ya sea fado, jazz, flamenco o folclore americano. No tengo prejuicios. Por eso digo que me siento muy punk, porque hablo de la actitud, de no tener miedo y arriesgarme», reconoce.

Su último salto al vacío es un disco en el que es acompañada sólo por un quinteto de cuerda. Con él ha reinterpretado algunas de las canciones más representativas de su carrera, así como versiones tan sorprendentes como «La lambada». «No es un simple recopilatorio, cuidado. El objetivo fue hacer un gran trabajo de investigación sonora con el que traspasar los límites que los músicos nos ponemos a nosotros mismos. Quería que nos olvidásemos un poco de la partitura para sentir los temas sin miedo a cagarla. El error sólo existe si lo vives con ansiedad», advierte.

La canción que le da nombre, «Vestida de nit» (Universal), la compusieron sus padres en la misma época que nació ella, hace 34 años. Su madre escribió la letra. Él, que trabajaba en una fábrica y era un apasionado de las habaneras, se encargó de la música. «Le encantaba irse a Cuba, al archivo del Casal Catalá de La Habana, a buscar canciones antiguas que luego tocaba con su propio grupo. Dedicó a eso toda su vida», explica Pérez Cruz. A aquel tema nunca le dio el valor que tenía, precisamente porque lo escuchó en casa desde que era una niña. En 2010, sin embargo, se le ocurrió recuperarlo para cantarlo en Calella (Barcelona), junto a su padre, por una vez en la vida: «Le recuerdo emocionado y feliz, pero muy nervioso porque nunca había tocado con músicos profesionales. Desde entonces se ha convertido en una canción protectora para mí que la gente me pide mucho. Ahora es como llevarme mi casa por el mundo, aunque él nunca la vió convertida en un éxito. Murió dos meses después de aquel concierto», confiesa.