Rocío Márquez durante la actuación en la Primavera de Praga
Rocío Márquez durante la actuación en la Primavera de Praga - Ivan Malý

Rocío Márquez pone el acento español en la Primavera de Praga

El prestigioso festival checo se inauguró con Daniel Barenboim y la Filarmónica de Viena

Enviado especial a PragaActualizado:

El 12 de mayo de 1884, moría en Praga Bedřich Smetana, uno de los más padres del nacionalismo musical checo. El 12 de mayo de 1946, sesenta y dos años más tarde, su compatriota Rafael Kubelik, una de las grandes batutas del siglo XX, dirigía en Praga a la Orquesta Filarmónica Checa la partitura más emblemática de Smetana, «Má Vlast» («Mi patria»). Con este concierto arrancaba un festival denominado Primavera de Praga, que desde 1953 se abre con la interpretación de esta obra.

Este año, el flamenco se ha colado en el certamen, que celebra hasta el 2 de junio su septuagésima segunda edición. La encargada de poner el acento español (así se llama la sección que el director del festival, Roman Belor, quiere que siga escuchándose en los próximos años) ha sido la cantaora Rocío Márquez. Tras ella actuarán también en la capital checa los conjuntos Universo Zapico, EntreQuatre Guitar Quartet y Forma Antiqva.

«Yo empecé de una manera tradicional, pero hace cuatro o cinco años empecé a tener una necesidad enorme de buscar por otros caminos»Rocío Márquez

Rocío Márquez estrenaba en Praga su nuevo trabajo, «Firmamento», que acaba de publicarse. La cantaora onubense, una de las puntas de lanza del flamenco de nuestros días, se pone el mundo por montera en un trabajo tan profundamente heterodoxo como salvajemente magnético. Lo dejó claro en el Teatro ABC de Praga, donde poco a poco fue calando en el público con las gotas de flamenco ortodoxo puestas al principio del concierto (acompañada a la guitarra por Manuel Herrera), para después arrojarse en los brazos de un flamenco libre y arriesgado, pero intensamente sincero, y concluir con sus fascinantes versiones de García Lorca.

Piano, saxofón y percusión (a menudo casi sinfónica) son la singular formación de Rocío Márquez, cuya única pretensión es encontrar una vía propia de expresión y una manera de crecer artísticamente. «Yo empecé de una manera tradicional, pero hace cuatro o cinco años empecé a tener una necesidad enorme de buscar por otros caminos -explicaba al final del concierto-. Le había perdido el sentido a cantar de forma tradicional, sentía como que le daba al “play”». Y la cantaora conquistó a los checos con un trabajo exquisito musicalmente –sus músicos: Daniel Marente, Juan Jiménez y Antonio Moreno son extraordinarios- en el que destaca su voz bien timbrada, dulce y levemente especiada.

Fue la suya una propuesta radicalmente distinta a lo que suele presentar el festival Primavera de Praga, que dos días antes inauguró Daniel Barenboim con la Orquesta Filarmónica de Viena. En los atriles, la ya citada «Mi patria». «No existe ninguna otra obra en el mundo con esta expresión patriótica –decía tras el concierto-. Es una explosión del sentimiento patriótico. Es algo muy especial y tocarla aquí aún más».

Daniel Barenboim
Daniel Barenboim- Pražské jaro – Petra Hajská

Y es que Daniel Barenboim no se había acercado nunca a esta emblemática partitura. «Nunca se me había ocurrido», se excusó. Había una razón por encima de todas: Rafael Kubelik. Recordó el director y pianista argentino que conoció al checo hace muchos años y que le trató con frecuencia. «Me llamó en 1990 y me dijo que tenía que venir a Praga para su vuelta después de cuarenta años de ausencia» (Kubelik dejó su país en 1948, en desacuerdo con el régimen comunista instalado en el país, y no volvió hasta su caída). No pudo estar el músico argentino, sin embargo, en aquel concierto, que se sentía en deuda con él.

La influencia de Rafael Kubelik fue precisamente lo que le habñia hecho alejarse hasta ahora de «Mi patria». «No me atrevía. Es una obra monumental y, además, tenía el recuerdo de la versión de Kubelik». El director checo estuvo muy presente en la jornada de Daniel Barenboim antes del concierto. «Hoy ha sido un día que me ha removido mucho. Esta mañana he visitado su tumba y la de su padre [el célebre violinista Jan Kubelik]. Antes estuve en la casa de Smetana, en la que pasó sus cinco últimos años de vida. He visto su piano, sus cosas. Ha sido muy emocionante».

«Hoy en día no hay patriotismo en el mundo. Existe, por contra, nacionalismo, y eso es muy malo»Daniel Barenboim

Pero una vez dado el paso, y habiéndose enamorado profundamente de la partitura, tiene en mente volver a ella. El año próximo volverá a dirigir a la Orquesta Sinfónica de Chicago, de la que fue titular durante muchos años, «y es posible que les proponga que toquemos "Mi patria". Ellos la hicieron muy bien con Kubelik».

«Mi patria» -aseguró Barenboim, que en noviembre cumplirá setenta y cinco años- es una obra muy significativa en la actualidad. «Hoy en día no hay patriotismo en el mundo. Existe, por contra, nacionalismo, y eso es muy malo. Y hay una gran diferencia entre los dos términos. Patriotismo implica emoción, admiración y pertenencia. Y admite el diálogo. El nacionalismo es excluyente, significa creerse mejor que el otro».