Una imagen de uno de los ensayos de «Gloriana»
Una imagen de uno de los ensayos de «Gloriana» - Javier del Real

La ópera que irritó a la Reina de Inglaterra

El Teatro Real presenta «Gloriana», una obra que Benjamin Britten compuso para la coronación de Isabel II

MadridActualizado:

El 8 de junio de 1953 había de ser un día de fiesta en la Royal Opera House de Londres. Entre los fastos para celebrar la coronación de Isabel II de Inglaterra se estrenaba la ópera «Gloriana», que se había encargado al entonces prometedor compositor Benjamin Britten. Pero al caer el telón, las caras de los selectos espectadores de esa velada reflejaban estupor. Incluída la de la propia Reina, a la que es de suponer que el protocolo le impidiera mostrar su verdadero estado de ánimo.

«La ópera nació bajo una estrella desafortunada», explica David McVicar, director escénico de la producción de «Gloriana» que el Teatro Real presenta el jueves 12, en lo que es su estreno en Madrid. «Se esperaba una obra laudatoria y pomposa, que reafirmara el nacionalismo británico, ya que eran los primeros años después de la II Guerra Mundial; y Britten, fiel a sí mismo, presentó un oscuro retrato psicológico de la Reina Isabel I, junto con una historia de amor entre una mujer añosa y un hombre joven. Tampoco era la obra más apropiada para el público de aquella velada, entre el que había varios jefes de Estado y grandes personalidades. La ópera se percibió como un insulto para la joven Reina».

En aquella reacción había, insiste McVicar, algo de envidia e incluso de homofobia. «Benjamin Britten era entonces un compositor relativamente joven y con cierto reconocimiento, y el establishment cultural y parte de la crítica aprovecharon la ocasión para tratar de hundirle».

Insiste Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, en la idea de McVicar. «Era poco adecuada para la ocasión porque, en vez de realizar un retrato amable de Isabel I, la presenta como una mujer compleja: inteligente, refinada, astuta y al tiempo frustrada y celosa. Una mujer que, traicionada por el hombre al que ama, antepone su papel de Reina a sus sentimientos».

Más de medio siglo después, las virtudes artísticas de «Gloriana» se han impuesto, y ya empieza a figurar entre las más importantes óperas del siglo XX. «Es una obra extraordinaria, de lo mejor que escribió Britten», dice Joan Matabosch, que explica que el estilo del autor es perfectamente reconocible, incluso cuando la ópera busca sonidos y ecos de la música renacentista. «Está escrita al modo isabelino, a lo Purcell». Añade McVicar que «es una obra muy poderosa. Retrata obsesiones recurrentes en el compositor, como la lucha de los outsiders, los que están al margen, y la Reina Isabel I, a pesar de su poder, lo era: vivió en una gran soledad y aislamiento, y eso se refleja en la ópera. Por eso es tan extremadamente moderna y nos es tan cercana».

David McVicar, que ha dirigido en el Teatro Real títulos como «Rigoletto» y «La traviata», cuenta como compañero de timón con el director musical del Teatro Real, Ivor Bolton. Bajo su batuta estará un doble reparto en el que destacan Anna Caterina Antonacci y Alexandra Deshorties, que se alternarán en el papel de Elisabeth I; y Leonardo Capalbo y David Butt Philip, que encarnarán a Roberto Devereux. Se trata de una nueva producción, con escenografía de Robert Jones y vestuario de Brigitte Reiffenstuel, en la que el Teatro Real coproduce junto a la English National Opera de Londres y la Vlaamse Opera belga.

«Isabel I -coinciden en esto sus dos intérpretes- es un personaje real, de carne y hueso; muchas veces en la ópera nos enfrentamos a arquetipos, pero no es el caso. Más bien al revés; es tan poderosa que se ha convertido en un arquetipo».