Pablo Heras-Casado y Marina Heredia saludan una ovación tras el concierto
Pablo Heras-Casado y Marina Heredia saludan una ovación tras el concierto - J. M. SERRANO

La música española conquista el Carnegie Hall

Pablo Heras-Casado dirige a Falla, Turina y Toldrá en el templo neoyorquino, con Javier Perianes y Marina Heredia como solistas

ENVIADO ESPECIAL A NUEVA YORKActualizado:

Fue Manuel de Falla, junto a Federico García Lorca, uno de los primeros que subió al flamenco a un escenario; tenía que ser, por tanto, su obra la que presidiera la gran noche de la música española en el Carnegie Hall, uno de los grandes templos clásicos del mundo. Y lo ha hecho de la mano de dos granadinos, como él, y un onubense: el director de orquesta Pablo Heras-Casado, la cantaora Marina Heredia y el pianista Javier Perianes. Los tres, junto a un puñado de «guiris» -la magnífica Orquesta de St. Luke's-, ofrecieron un programa completamente español (algo inédito en el Carnegie): «Noches en los jardines de España» y «El amor brujo», de Falla, fueron la columna vertebral del programa. Flanqueándolas, «Vistas al mar», de Eduardo Todrá, y «La oración del torero», de Joaquín Turina, dos obras que no se habían escuchado antes en Nueva York, según Pablo Heras-Casado, titular de la orquesta neoyorquina y artífice de este «asalto».

Invitado de honor fue el Flamenco Festival, que se desarrolla estos días en la ciudad de los rascacielos. «Ha sido una maravillosa casualidad -confesaba a ABC Miguel Marín, su director-. Heras-Casado dirige varios conciertos al año con esta formación, y precisamente este concierto estaba programado para las fechas en que se celebra el festival. Y cuando le propusimos a la orquesta incluirlo dentro de nuestras actividades, aceptó encantada».

La cantaora Marina Heredia ha servido de puente entre el mundo sinfónico y el flamenco. Pablo Heras-Casado y ella han interpretado varias veces juntos «El amor brujo»; su relación viene de lejos, ya que ambos son amigos y fueron vecinos en el Albaycín granadino. La cantaora, a pesar de una afección gripal, ofreció una interpretación ajustada y afinada, sostenida por una voz soleada y quejumbrosa. Los aplausos (que recibió descalza, liberada ya de los altísimos tacones con los que apareció en el escenario) la empujaron a cantar sola unos pregones: «Son cantes antiguos para pregonar y vender», explicó después.

Misión cumplida

Mientras Marina Heredia cantaba, Pablo Heras-Casado la contemplaba, abandonado más que sentado en la silla que había ocupado la cantaora. Su rostro tenía un rictus de inocultable satisfacción. «Misión cumplida», parecía decir su sonrisa. Y es que suya ha sido la iniciativa de este concierto, que además de servir dos de las partituras más emblemáticas de nuestra música en las mejores condiciones posibles, ha presentado al público neoyorquino dos piezas que nunca antes se habían escuchado en esta ciudad. Heras-Casado mantiene un idilio con la Orquesta de St.Luke's; -«is fucking amazing», dijo de ella en un momento de exaltación-. El granadino es heterodoxo en sus formas -dirige sin batuta y saludó a la concertino con dos besos en lugar del protocolario apretón de manos-, pero su dirección, notablemente efusiva y comunicativa, consigue extraordinarios resultados. La orquesta, que era la primera vez que afrontaba estas partituras, sonó clara, equilibrada y sabrosa, como si conocieran el Albaycín y el Sacramonte de toda la vida.

El tercer cómplice (y no por ello el menos importante) que tuvo Heras-Casado fue Javier Perianes; el pianista onubense volvía al Carnegie Hall después de ocho años de ausencia (tocó aquí en 2004 y en 2008). A pesar de la amistad que le une con Heras-Casado, no habían interpretado nunca juntos «Noches en los jardines de España» (lo volverán a hacer próximamente en el Concertgebouw de Amsterdam). La complicidad entre ellos fue total, y Perianes pudo volar en una partitura que a la que extrajo todo su misterio, su poesía y su embrujo. Como Marina Heredia, dio la vuelta al ruedo y regaló al auditorio la «Serenata andaluza», también de Manuel de Falla.

Y para que este asalto a los rascacielos de la música española fuera completo, la Universidad de Nueva York, en colaboración con Acción Cultural Española (ACE) recordaba a Enrique Granados en el centenario de su muerte (ocurrida cuando viajaba, precisamente, desde Nueva York hacia España) con una jornada titulada «Desde Barcelona con pasión». En ella se habló del compositor catalán y concluyó con un concierto dirigido por Ángel Gil-Ordóñez en el que intervinieron el pianista Douglas Riva y la bailarina Anna de La Paz y en el que se estrenó una pieza de Benet Casanovas en homenaje a Granados.