Cultura - Música

Muere Juan Habichuela, fuente de la guitarra del Sacromonte

Está considerado uno de los mejores acompañantes del cante de la historia

Juan «Habichuela»
Juan «Habichuela» - R. Antón
ALBERTO GARCÍA REYES Sevilla - Actualizado: Guardado en: Cultura Música

Es el último suspiro de cinco generaciones de gitanos. El gran pilar de una estirpe que buscó en el pozo de viento de la guitarra agua fresca para el flamenco ancestral. Juan Carmona Carmona, hijo y nieto de Habichuelas, murió ayer abrazado a su sonanta, años después de retirarse de los escenarios, pero con su estética plenamente vigente.

Tenía 83 años y sólo grabó un disco en solitario, pero pasará a la historia como uno de los mejores tocaores que ha dado el flamenco. Porque supo dar con una clave que han encontrado muy pocos: acompañaba a los cantaores adaptándose a la forma de cada uno. Esa versatilidad en el arrope del cante conjugada con su empeño por tocar lo más sencillo posible, a veces incluso aparentemente rudimentario, lo encumbró hasta la silla izquierda de monstruos como Fosforito o Camarón, a quienes dio abrigo en los escenarios de medio mundo. Juan Habichuela es el gran pilar del toque del Sacromonte, el autor de la escuela granadina de la guitarra. Creador de una forma de tocar por tangos que tiene un perfecto engranaje con los cantes que fundó su familia.

Fue sobrino de Tía Marina, hermano mayor de Pepe Habichuela y padre de los Ketama

Juan era hijo del tío José Habichuela y sobrino, por tanto, de una de las grandes maestras del flamenco de Granada, Tía Marina. Intentó ser bailaor antes que guitarrista y trabó amistad en esa aventura con Mario Maya, con quien jugaba a hacer travesuras con los pies. Pero su vocación siempre fue la guitarra y a pesar de que su padre, guitarrista también, no quería que se dedicara al toque, acabó entregándose a la causa. Juan tomó pronto formas propias y empezó a trabajar como guitarrista de baile con Gracia del Sacromonte y, sobre todo, con la sevillana Fernanda Romero, pareja del salmantino Rafael Farina, con el que Habichuela se doctoró en el acompañamiento al cante.

Sin embargo, sus años más trascendentales fueron los que compartió con su amigo de la infancia Mario Maya. La creatividad del bailaor granadino le abrió los ojos a Juan, que empezó a buscar distintas formas de expresarse para poder adaptarse a cualquier cantaor. Se hartó de tocarle a Caracol en los Canasteros y a Fosforito en Torres Bermejas. Con el cordobés hizo collera durante más de una década. Y luego alternó con Antonio Mairena, con Chano Lobato o con Rancapino, entre otros. Se convirtió en el guitarrista de acompañamiento más cotizado de los festivales y eso le impidió dejar grabadas sus falsetas en solitario. Su único disco, de hecho, lo grabó cuando ya estaba de vuelta de todo, en 1999.

A pesar de su indudable importancia en la historia de la guitarra flamenca, los más jóvenes pasaron a conocerlo como el padre de los Ketama como consecuencia de la repercusión que tuvo el grupo en los noventa. Sus hijos Juan, conocido como el Camborio, y Antonio lideraron esta formación y crearon una corriente de renovación del flamenco que Habichuela siempre aplaudió, aunque con sus reservas. Suya es, de hecho, una de las sentencias más rotundas sobre la guitarra flamenca actual: «Algunos se ponen a tocar y tengo que mirar el programa de mano para acertar el palo». Él nunca confundió a nadie. Fue guitarrista flamenco. Ni más ni menos. Uno de los mejores.

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