Duncan Dhu, en 1985
Duncan Dhu, en 1985 - ABC

Mikel Erentxun: «El primer disco de Duncan Dhu no lo conocen ni los fans del grupo»

Este viernes se reedita «Por Tierras Escocesas» con un libreto de 48 páginas, fotos inéditas y abundante material extra

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No se identificaban con el rock radikal vasco, llegaron tarde a La Movida y demasiado pronto para el Donosti Sound. Ellos eran Duncan Dhu, un trío que se convirtió en un fenómeno de masas yendo a lo suyo. «Cien Gaviotas» fue su Big Bang particular, pero antes, hubo otro disco que flotaba en el caldo primigenio del universo sonoro del grupo, «Por Tierras Escocesas». Por entonces, Mikel Erentxun, Diego Vasallo y Juan Ramón Viles buscaban referencias en los discos de Sun Records, Los Coyotes, Gabinete Caligari o The Modern Lovers; en la pasión por Escocia (y su conexión con la brumosa climatología local) y en los libros de Robert Louis Stevenson. Tras su fichaje con Gasa, este álbum de debut se grabó con la producción de Paco Trinidad y se presentó en octubre de 1985 en la mítica sala de Madrid El Templo Del Gato.

Este viernes «Por Tierras Escocesas» se reedita remasterizado (por primera vez en cedé) y con 19 canciones extra rescatadas del archivo de Ricardo Aldarondo, procedentes de maquetas y de una sesión para el programa Nuevas Factorías de Radio Cadena San Sebastián. Incluye también un extenso libreto de 48 páginas con fotos inéditas de Iñaki Pemán y textos de Diego Vasallo, Juanra Viles, Alfonso Pérez (Gasa), y de los periodistas Ricardo Aldarondo, Gregorio Gálvez, Juan Puchades, Javier Escorzo y Santiago Alcanda.

Con el disco ya en sus manos, ¿se han despertado viejos recuerdos?

Siempre he estado convencido de que es un álbum fundamental en Duncan Dhu, para entender qué es lo que vino después. También es el que mejor ha envejecido, a nivel de sonido y a nivel de concepto. Recuperarlo me parece un acierto, y claro, volver a ver estas fotos... pues te puedes imaginar. Se te enciende la nostalgia. Que tiene 33 años ya...

¿Cuál fue el contexto social y personal que hizo que este disco saliera así?

Hay muchos factores que nos llevaron a esto. El primero es sin duda la juventud, la inocencia, la sensación de libertad total. Teníamos el disco duro vacío, así que no había presiones de ningún tipo. Fue cuando descubrí que me gustaba el rock'n'roll más primitivo, años cincuenta, Elvis, pero también que me fascinaba la novela de aventuras romántica, el paisaje escocés, El Corto Maltés... Toda esa mezcla de universos se dio en nuestra época de principal crecimiento emocional, teniendo 18 años. Al escuchar estas canciones veo un río salvaje, mucho rock'n'roll y un desparpajo brutal.

Estabais apartados de cualquier movimiento musical de la época.

Efectivamente. Somos hijos de La Movida, pero ya había terminado, había dado sus mayores frutos. Somos hijos de Gabinete, de Los Coyotes, de Los Secretos, Mamá, Radio Futura... Nosotros llegamos después y teníamos muy poco que ver con ellos. Pero luego tampoco teníamos nada que ver con todo lo que se hacía en San Sebastián y el País Vasco. Éramos un grupo desubicado, y encima hablábamos de Escocia, un disparate de cojones (risas). Nosotros cogimos nuestra maqueta, nos vinimos a Madrid, y llegamos completamente desubicados. Luego, eso se convirtió en clave de nueso éxito, no parecernos a nadie. Y creo que en parte fue por eso que tuvimos la suerte de que grupos que admirábamos como Gabinete o Los Coyotes nos aceptaran y casi nos adoptaran. Nos convertimos en su cachorro. Gabinete siempre nos mencionaban cuando en las entrevistas les preguntaban qué grupos les gustaban. Fueron unos comienzos muy bonitos.

Estando en tierra de nadie, ¿cómo era la relación con otros músicos vascos, a nivel personal?

Teníamos cero relación con el entorno inmediato. Después con el grupo ya rodado empezamos a conocer a gente. Llegó un momento en el que compartimos manager con Kortatu, y dimos varios conciertos juntos. Una mezcla de la leche, y además por España, no por el País Vasco. Siempre tuvimos muy buena relación con Fermín Muguruza, aunque musicalmente estuviéramos en sitios muy distintos. Crecimos juntos.

Esa relación, hoy en día podría ser peligrosa.

Es que sería imposible. Pero en los ochenta valía todo, no vivíamos en el imperio del prejuicio.

¿Se vivía mejor cuando no había indie ni mainstream?

Mucho mejor. Nadie te preguntaba qué música tocabas, o si eras independiente o no. Esa clasificación tan snob llegó más tarde, a finales de los ochenta, cuando la música empezó a mover verdaderas millonadas. A nosotros nos pasó, vendimos muchísimo y de pronto había gente que decía que cómo le iba a gustar un grupo que vendiera tanto. Afortunadamente, ahora las nuevas generaciones están derribando las barreras entre estilos y entre indie y mainstream. Pero cuando nosotros empezamos no es que hubiera que derribarlas, es que directamente no existían. A nosotros nos encantaba Elvis y Jonathan Richman, pero también Machín. De hecho hicimos una versión de «Bésame».

Que está incluida en los contenidos extra de este lanzamiento.

Sí. No es una versión muy afortunada, pero al menos queda ahí para demostrar que Duncan Dhu era un grupo sin prejuicios. No lo hacíamos por postureo, sino porque nos gustaba de verdad, y por respeto. Eso era maravilloso.

¿Cómo vivió el nacimiento del Donosti Sound?

No nos identificamos con él. Cuando se puso de moda estaban grupos como La Buena Vida, Le Mans, 21 Japonesas, y nosotros ya teníamos un nombre y una carrera. Nunca nos metieron en ese saco, y nosotros lo veíamos como algo ajeno. Siempre estuvimos fuera de modas, y quizá por eso aguantamos tantos años. Las modas son muy peligrosas para los grupos.

Esta reedición pone en valor un disco que poca gente conoce bien. Es el pequeño gran desconocido de vuestra discografía.

¡Y sin el pequeño! Además de ser el disco menos vendido, es que hay muchos fans que no saben ni que existe. Piensan que nacimos con «Cien Gaviotas» bajo el brazo, y no fue así. Creen que el éxito nos llegó nada más empezar, y bueno, fue bastante rápido, pero nos llevó dos años. Dos años pasando por todas las etapas, tocando en bares infames, sin cobrar, compartiendo cama... Lo que pasa es que cada día que pasaba, notabas que la cosa subía un poquito más.

Y cada vez tenían más groupies.

(Risas) Pues sí. Entre el '86 y el '88 hubo un par de años de auténtica locura. Pero fue muy divertido, éramos muy jóvenes y lo aprovechamos, por supuesto (risas). Lo bueno es que no había redes sociales (risas).

¿Qué había de Aristogatos, su banda anterior, en este disco?

Aristogatos desapareció a finales del '82 y Duncan Dhu nació a principios del '84. Hubo un año de por medio en el que yo estaba perdido, desorientado, pero ya con la idea de Duncan Dhu en la cabeza. De hecho, cuando se disolvió Aristogatos navegué por diferentes formaciones, cambiando de nombre, bastante perdido como decía, y ya ahí propuse la idea de Duncan Dhu. Lo que pasa es que a la gente con la que estaba en ese momento no le gustó nada eso de tener un grupo sin batería, muy sencillo, minimalista... Pero fue toparme con Diego, contarle la idea, y encantarle. Fue un flechazo instantáneo.

El disco se presentó en el Templo del Gato, santuario del rock madrileño recientemente cerrado.

Fue nuestra primera incursión en Madrid, tres días inolvidables, con tres llenos hasta arriba, con toda La Movida allí metida viéndonos. Estaba Loquillo, Jaime Urrutia, Víctor Coyote... Teníamos a nuestros héroes entre el público, y fue maravilloso. Es una pena, hemos tocado en varios sitios históricos que ya no existen.

¿Tampoco el bar Txirristra, donde se celebró el primer concierto de la historia de Duncan Dhu?

No, no. Además es que era una especie de restaurante, que yo no sé ni cómo nos dejaron tocar ahí. Tocamos para veinte amigos, pero es el primer concierto del grupo. Lo mejor es que hay fotos de esto.

Las reediciones venden más que las novedades. ¿Sólo queremos tener en físico aquello que añoramos?

Yo soy un gran fan de las reediciones, tengo muchísimas. Los discos míticos, con contenidos extra, documentación, fotos, son muy atractivos. Para los coleccionistas son algo muy especial.

Tu carrera en solitario está en un momento muy bueno.

Estoy viviendo una segunda juventud, con un par de discos, «Corazones» y «El hombre sin sombra» que han tenido muy buenas críticas, con buenas ventas y muchos conciertos. Le está pasando a mucha gente. Algo está ocurriendo cuando Coque Malla vive su mejor momento, Iván Ferreiro vive su mejor momento, y Loquillo vive su mejor momento. Bunbury, yo... a diferentes niveles, todos estamos mejor que hace diez años.

Falta Jaime Urrutia.

Sí. Jaime Urrutia, que para mí es un pilar fundamental del pop español, la persona que más me ha influido en mi carrera. Es verdad que lleva muchos años sin hacer nada interesante, y todos estamos esperando ese gran disco de regreso. Estoy seguro de que cuando lo haga, lo pondrá en el sitio que merece.

Diego Vasallo también está haciendo cosas muy interesantes, y el único que sigue apartado de la leyenda es Juan Ramón.

Sigue de concejal con el PNV en el Ayuntamiento de San Sebastián. Ha acabado en el mundo de la política, pero es un gran amante de la música. Tenemos muy buena relación con él.

No fue así cuando se disolvió Duncan Dhu.

No. Estuvimos de juicios, acabamos muy mal. Estábamos Diego y yo de un lado, y Juanra del otro. La situación duró varios años, pero afortunadamente se solucionó y ahora somos buenos amigos.

Ha habido reuniones de Duncan Dhu, siempre con mucha naturalidad. A otros artistas parece que les hiere el orgullo reunir a su vieja banda.

Sí, es posible, probablemente porque se separaron de mala manera, o por mala relación o por falta de éxito. Con nosotros no fue así, no separamos estando muy arriba, con un gran disco. Nos separamos por estar alejados musicalmente, y fíjate que años después, nos hemos vuelto a acercar en ese sentido. No es que descartemos volver a reunirnos, es que lo haremos. Duncan Dhu es un ente vivo, intermitente, pero volveremos a grabar y a tocar juntos.