Cultura - Música

Manolo García, ejercicio de nostalgia

El músico repasa sus orígenes nuevaoleros en directo junto a Quimi Portet, Los Burros y Los Rápidos

Manolo García, en una foto de archivo
Manolo García, en una foto de archivo - ISABEL PERMUY

Junto a su compañero el también guitarrista, cantante y compositor Quimi Portet, Manolo García arrasó durante la segunda mitad de la década de los ochenta y la primera de los noventa al frente de El Último de la Fila. Dotado de una sólida personalidad y un talento capaz de dar con canciones verdaderamente afortunadas, el grupo pasó holgadamente la criba que acabó con la mayor parte de las bandas de su generación y, junto a Radio Futura, reinó como una de las grandes bandas de la escena española de aquella época. Desde su separación, García ha seguido manteniendo bien alto el listón de su popularidad, conservando hasta la fecha su posición como uno de los artistas más vendedores del pop de nuestro país.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de su protagonista por arrojar un poco de luz al respecto con la reedición del material original, no demasiados aficionados están familiarizados con sus atractivos orígenes musicales.

Espíritu «nuevaolero»

El caso es que buena parte de las primeras canciones firmadas por Manolo García en el albor de los ochenta eran atractivos bosquejos de pop chispeante y colorista, contagiado del espíritu eminentemente «nuevaolero» de la época y, por cierto, sin el mimetismo excesivo de algunas otras formaciones coetáneas. En el sorprendente aunque un tanto irregular disco de Los Rápidos, banda inicialmente unida al argentino Sergio Makarof en sus primeros pasos barceloneses, estaba ya esa voz y esa forma de cantar ciertamente especiales que habrían de marcar el resto de su carrera. Desafortunadamente, el disco no tuvo apenas repercusión y las maquetas que habían preparado para su segunda entrega tuvieron que dormir el sueño de los justos durante años.

Mejor aún era el disco de la banda que formaron a continuación, Los Burros. «Rebuznos de amor», editado en el año 1983, en el que se aprecian de forma más evidente las características que harían grandes a El Último de la Fila, contenía unas cuantas canciones (en particular «Huesos» y «Mi novia se llamaba Ramón») que se han convertido en clásicos de culto de la nueva ola catalana.

En un ejercicio que combina probablemente nostalgia y cierta intención reivindicativa, o quizá simplemente ganas de diversión, Manolo y Quimi han tirado de agenda y han reclutado a sus viejos colegas (los miembros de los Burros Antonio Fidel y Josep Lluís Pérez y los de los Rápidos Lluís Visiers y Esteban Hirschfeld) para rescatar y dar nuevo lustre a un repertorio que ya fue recuperado recientemente con la caja «Historia de una banda (autobiografía sónica)», editada a finales del pasado año.

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