Kaija Saariaho, en el Teatro Real
Kaija Saariaho, en el Teatro Real - Jaime García

Kaija Saariaho: «Ser mujer hizo más difícil poder dedicarme a la composición»

La autora finlandesa, que estrenará una ópera en octubre en el Teatro Real, recoge hoy el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA

MadridActualizado:

Empezó pronto la jornada de ayer martes para Kaija Saariaho (Helsinki, 1952). Ronda de entrevistas con los medios, ensayo después con la Orquesta Sinfónica de Madrid y el director Pedro Halffter Caro y, finalmente, el concierto organizado por la Fundación BBVA en homenaje a los galardonados en los premios Fronteras del Conocimiento –prólogo de la ceremonia de entrega que se celebrará hoy miércoles–. La compositora finlandesa recibirá el premio en la categoría de música contemporánea; ella es, precisamente, una de sus actuales puntas de lanza: el «entrelazado perfecto entre los mundos de la música acústica y la tecnología» fue el aspecto que destacó el jurado en Kaija Saariaho, que se muestra tan escueta como satisfecha con el galardón:«es un gran honor».

¿Qué significan los premios a estas alturas de su carrera?

Siempre es una motivación para un músico, significa sentir el respeto y el interés por mi trabajo. Por supuesto, para la gente joven tienen una mayor importancia, porque le hacen ver que va por el buen camino. Pero para todo artista que, como es el caso de los compositores, desarrolla un trabajo tan solitario, resulta reconfortante saber que hay gente que lo agradece y lo aprecia.

No es frecuente encontrar mujeres compositoras. En estos tiempos de reivindicación femenina, ¿se considera usted una pionera?

Es cierto que en la composición no hay muchas mujeres. Es un trabajo muy laborioso que lleva mucho tiempo, y normalmente a las mujeres nos han educado para labores que precisan mostrar mucha empatía y para ayudar a los demás. Por supuesto, todo eso lo quiero hacer también;pero necesito al mismo tiempo organizar mi tiempo para poder componer. Esa idea general de que las mujeres no tenemos la formación para buscar la fuerza de voluntad que necesitamos para hacer lo que queremos hacer no existía. Aunque en los últimos veinte años las cosas han cambiado mucho.

¿Usted ha tenido más dificultades para presentar su obra y desarrollar su carrera por el hecho de ser mujer?

Por supuesto. Al principio me resultó muy complicado;cuando era joven yo misma no creía que pudiera llegar a ser compositora. Y nadie de mi entorno lo creía tampoco. Se nota que el mundo ha cambiado desde entonces.

Ya no tendrá dudas...

El punto de inflexión me llegó cuando tenía 22 o 23 años y me dí cuenta de que ésta era la vida que quería; sentí que si no hacía lo que de verdad quería, el trabajo que amaba, no tendría sentido mi vida delante de mí misma. Una vez que llegas a ese punto, te da igual lo que digan o lo que piensen los demás. Solo quería seguir este camino, y eso me dio el coraje y la confianza en mí misma;aunque todavía, a día de hoy, me sigo cuestionando.

¿Cómo puede hacerlo a estas alturas?

En la vida todos queremos ser cada día mejores personas y comunicarnos mejor con los demás. Y en la música sucede igual. Yo no quiero componer notas vacías simplemente porque he encontrado una buena receta. Siempre me cuestiono en ese sentido. Actualmente trabajo en una ópera de grandes dimensiones y estoy haciendo cosas que nunca había hecho antes.

¿Qué encuentra de especial en la ópera como compositora?

Me permite colaborar con otros artistas,.y es muy interesante cómo se conjuga la música con otras artes. La ópera va mucho más allá de la música;de alguna manera nos afecta como seres humanos, toca de modo más concreto nuestras vidas. Hay personajes operísticos que nos hablan directamente, que pueden afectar incluso a nuestras decisiones vitales:hay personas que se han acercado a decirme, sobre todo después de ver «L’amour de loin», que les había cambiado la vida porque entendieron que lo más importante en la vida es el amor. Me parece increíble.

¿Ha cambiado su manera de componer al frecuentar la ópera?

Ha sido una evolución natural. En algún momento de mi carrera sentí que ya estaba preparada para componer óperas. Y entre ópera y ópera, mi música orquestal sigue el mismo camino que la música escenica.

En algunos ámbitos se sigue pensando que la música contemporánea está alejada del público...

Eso ha pasado siempre. Cuando Bach escribió las «Variaciones Goldberg» solo las escucharon el Rey y su corte. Nuestros retos hoy son distintos. En una sociedad tan mediatizada y comercializada como la que vivimos la música contemporánea no es un negocio lucrativo, y las grandes multinacionales de la comunicación no muestran interés en ella. Sí creo que los dirigentes culturales deberían ser más responsables y fomentar el apoyo a las artes, no solo a la música. Se trata de nuestro patrimonio espiritual, de la cultura europea en nuestro caso. Y habrá mucha más gente interesada en lo que hacemos si en medio de tanta publicidad, videoclips, estrellas de televisión se creara un espacio para escuchar la música contemporánea, que no deja de ser un idioma más.