Joe Lovano debutó en 1982, colaborando en dos discos: uno con Michael Bocian y otro con Paul Motian
Joe Lovano debutó en 1982, colaborando en dos discos: uno con Michael Bocian y otro con Paul Motian - ABC

JazzJoe Lovano: «Charlie Parker fue a Europa dos veces, yo giro por todo el mundo cada año»

El considerado como uno de los mejores saxofonistas de la historia por público, crítica y compañeros de profesión actúa en Terrasa, Madrid y Sevilla

MADRIDActualizado:

Pocas personas hay en el mundo más autorizadas que Joe Lovano (Cleveland, 1952) para hablar de jazz. No solo porque la crítica, el público y los compañeros de profesión le consideren de hace tiempo uno de los mejores saxofonistas de la historia («bueno, siento que he formado parte de formaciones importantes y que he grabado discos que la gente valora», reconoce tímidamente), sino porque pocos grandes músicos tuvieron la oportunidad de mamarlo como él desde niños, en su propia casa y en vivo. «Estuve en contacto con el jazz desde la cuna. Mi padre, Tony «Big T» Lovano, era un importante saxofonista y me pasaba todo el día escuchándole practicar o viéndole actuar», cuenta a ABC.

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Todavía hoy insiste en que su progenitor es su saxofonista favorito de todos los tiempos. Y no se confundan, porque Big T no era un músico precisamente amateur, era una leyenda muy respetada de la escena de Cleveland que no solo tuvo la oportunidad de ver en directo a mitos como Lester Young o Charlie Parker, sino que llegó a compartir escenario con John Coltrane, Stan Getz o Flip Phillips. «La música de mi padre me tocó de una manera tan especial que, con tan solo seis años, ya quise aprender a tocar. Y a los 11 ya tuve claro que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida», recuerda.

Su voz suena optimista al otro lado del teléfono, desde Nueva York, ciudad a la que Lovano se marchó apenas cumplidos los veinte, para construir un camino propio que ya suma más de sesenta discos y varias nominaciones a los Grammy. «Creo que esta música está hoy en su nivel más alto de reconocimiento y aceptación internacional. De hecho, se enseña en muchas escuelas. Y no podemos olvidar que, aunque en los años 40 y 50 el jazz era la música popular en Estados Unidos y estaba por todas partes, en el resto del mundo no era igual. Charlie Parker solo fue a Europa dos veces y John Coltrane, cuatro. Si te fijas hay muchos discos en directo de Coltrane en Europa, pero la inmensa mayoría son de la misma gira y en todos toca prácticamente las mismas canciones. Yo, sin embargo, tengo la suerte de ir de tour por todo el mundo cada año. Y no hablo solo de Europa o Norteamérica, también de Sudamérica, Asia u Oriente Medio», defiende.

Lovano empezó a escribir su propia página en la historia durante su infancia y adolescencia en Cleveland, a unas diez horas en coche de Nueva York, la cima del mundo para todos aquellos músicos de la floreciente escena local. Su padre le hacía escuchar en casa un amplio y selecto repertorio de lo mejor de aquel estilo nacido en Nueva Orleans a principios del siglo XX. Desde muy joven absorbió y se familiarizó con las grandes revoluciones de sus antecesores. «Aprendí a interpretar temas de Charlie Parker, Dizzy Gillespie, John Coltrane, Miles Davis o Thelonious Monk con aquellos vinilos de mi padre que fueron la base de mi educación», confiesa el saxofonista, que reconoce que fue también Big T quien le enseñó esa manera «ancha y cómoda de tocar, para poder interactuar bien con otros instrumentos y con la voz».

Todo ese aprendizaje hizo a Lovano un saxofonista profundamente respetuoso con el pasado. «Puedes oír en mis discos o en el concierto que daré hoy mismo a todos esos maestros. Muchos músicos jóvenes, sin embargo, no tienen hoy asimilada la experiencia de esas raíces y tocan como si fueran ordenadores, con un enfoque más técnico, sin alma y sin la misma capacidad expresiva que los que bebimos de ese elemento más orgánico y libre de los orígenes», explica. Pero el saxofonista no se quedó ahí y usó ese valioso conocimiento de la tradición para innovar y crear un estilo nuevo e impactante que rápidamente recibió todo tipo de elogios.

A ello ayudó también su paso por el prestigioso Berklee College of Music, donde pronto se convirtió en un alumno aventajado. Comenzó a tocar profesionalmente con el organista Lonnie Smith cuando apenas tuvo edad para sacarse el carnet de conducir. Desde entonces, su carrera fue meteórica. Recién llegado a Nueva York, consiguió tocar un par de semanas con Chet Baker A principios de los 80, comenzó su colaboración con Paul Motian y Bill Frisell, que se extendió a lo largo de 17 discos, entre 1982 y 2006. Y mientras fue añadiendo a su lista de compañeros de aventuras a gran parte de sus ídolos de juventud –como Stan Getz, Elvin Jones, Charlie Haden, Hank Jones o Woody Herman– o a figuras entonces emergentes como John Scofield o Dave Holland.

Pronto adquirió un nombre como músico de vanguardia, abierto a todo tipo de exploraciones que, en ocasiones, le acercaban al free jazz. A principios de los 90 publicó hitos como «Landmarks», su debut en Blue Note, o «From The Soul», que lo lanzaron al rango del saxofonista más interesante de los últimos años del siglo XX. Disco a disco fue homenajeando a figuras como Frank Sinatra, Miles Davis, Coleman Hawkins, Ben Webster, Charlie Parker e, incluso, al tenor italiano Enrico Caruso. Y recorrió todas las etapas de este rabioso estilo, tocando con las formaciones más diversas y con músicos de todas las edades y culturas posibles. «Es importante mezclarse con artistas de diferentes generaciones, cada uno con su bagaje cultural. Eso es lo que ha hecho que el jazz se mantenga fresco desde los primeros tiempos de Nueva Orleans. Cuando se hizo famoso, el mismo Louis Armstrong tocaba siempre con músicos mucho mayores que él. Y cuando se hizo viejo, se llevaba a todos los músicos jóvenes», comenta el saxofonista, que incluso se atrevió a mezclar el jazz con la música clásica contemporánea, siguiendo la corriente desarrollada por Gunther Schuller desde finales de la década de los 40.

Fue precisamente este compositor y arreglista ganador del premio Pulitzer quien dijo a «The New York Times», tras verle actuar en Birdland, el histórico club de Manhattan: «No conozco a nadie que combine la espontaneidad, la inventiva y la imaginación a un nivel tan alto y de manera tan consistente como Joe Lovano».