Leonard Cohen, arrodillado ante Javier Mas, durante uno de sus conciertos
Leonard Cohen, arrodillado ante Javier Mas, durante uno de sus conciertos - ABC

Javier Mas: «Hablé con Leonard Cohen 15 días antes de morir y me dijo que estaba animado»

El bandurrista zaragozano recuerda en ABC la llamada del cantautor pidiéndole ayuda para volver a la música y los años que giró con él antes de su fallecimiento. «Mi papá no está bien», le informó su hijo, Adam Cohen

MADRIDActualizado:

Era la una de la madrugada. Navidades de 2006. Javier Mas (Zaragoza, 1952) se encontraba tranquilamente en su casa cuando, de repente, sonó su teléfono. «Hola, soy Leonard Cohen», escuchó al otro lado. Aunque ya había recibido un e-mail suyo varios meses antes agradeciéndole los arreglos que había hecho para un homenaje al canadiense en España, se quedó «flipado». «La conversación duró unos veinte minutos en los que me dijo que estaba intentando volver y que si yo podía ayudarle a coger confianza estando a su lado, puesto que llevaba 15 años sin tocar la guitarra y tenía miedo. Con el primer correo ni se me pasó por la cabeza que estuviera pensando hacer algo, estaba retirado hace mucho. Pero en la llamada me contó los motivos con una sinceridad y una humildad bestiales. Eso no se le explica a un extraño en la primera conversación. Supongo que alguien le había hablado bien de mí, porque tuvo mucha confianza», recuerda.

Mas se refiere a los problemas que Cohen —del que hoy se cumple un año de su muerte— tuvo con su amiga y representante Kelley Lynch, que le saqueó durante 17 años, incluido su plan de jubilación. Una millonada que jamás recuperó, dejándole con tan sólo 150.000 dólares en el bando. «Le dije que sí, claro, que estaría encantado y que muchísimas gracias. Me advirtió de que llevaría un tiempo ponerlo en marcha y que me avisaría», cuenta. Nada más colgar llamó rápidamente a su hijo Mario, también músico (Silvia Pérez Cruz) y por lo tanto trasnochador, para contárselo. «Hostias, papá, no puede ser. ¿De verdad?», preguntó. «Se puso más nervioso que yo», asegura.

Después de aquello, el bandurrista zaragozano se pasó un año sin tener noticias al respecto. Como no quería hacerse ilusiones —«estas cosas pueden salir o no»—, ni tan siquiera se lo contó a Manolo García o María del Mar Bonet, con quien tocaba en aquel momento, además de sus conciertos en el Jamboree de Barcelona los domingos. «Tenía su correo y su teléfono. Pensé en ponerme en contacto con él, pero me pareció una falta de delicadeza por los problemas que me había contado y no quise forzar nada», reconoce. Las esperanzas de este músico que comenzó a tocar la bandurria con 9 años y que, con 14, se empezó a interesar por el folk, Bob Dylan y el mismo Leonard Cohen, comenzaron a esfumarse. Por su cabeza rondaba aquel primer trabajo en un pub de Lloret de Mar, nada más cumplir la mayoría de edad, tocando canciones como «Bird On The Wire» o «You Know Who I Am». Y el tiempo que pasó recorriendo Europa, a principios de los 70, tocando en las calles versiones del canadiense, de James Taylor y de Simon and Garfunkel. «Cuando le conté que el primer dinero que gané en mi vida fue tocando sus temas en un bar para guiris se meaba de risa».

De nuevo en las Navidades de 2007, y también de madrugada, recibió la llamada que tanto había esperado. Que sí, que al final se iban de gira. «Esa segunda vez fue cuando hablamos de dinero, de lo que él quería de mí y de lo que yo necesitaba. Me gustó mucho que fuera Cohen el que me llamara para contarme todos los detalles, porque podía haberlo hecho perfectamente el manager. Tuvo un cuidado extraordinario conmigo, la verdad», añade Javier Mas, que llamó esra vez sí a María del Mar Bonet y Manolo García para decirles que lo sentía, pero que los abandonaba para irse a Estados Unidos. «Se quedaron alucinados y se pusieron muy contentos, la verdad», recuerda.

A partir de ese momento todo se aceleró. Pidió el permiso correspondiente al sindicato de músicos de Estados Unidos, la visa de trabajo y habló alguna vez más con Leonard Cohen vía Skype para informarle de los instrumentos que iba a llevar: bandurria, laúd, archilaúd, guitarra de 12 cuerdas y guitarra eléctrica. Y a finales de enero de 2008 ya estaba volando a Los Ángeles, donde ensayarían unos meses antes de comenzar la gira. Fue allí donde conoció por fin al hombre que compuso temas tan clásicos para la música popular del siglo XX como «Suzanne» o «The Partisan». Sólo una vez le había visto en concierto antes, el 12 de octubre de 1974, en el Palau de la Música de Barcelona. Presentaba «New Skin for the Old Ceremony». «Un disco buenísimo», subraya.

Cuando aterrizó, el manager quiso llevarle al apartamento donde se iba a hospedar para que descansara antes de acompañarle, al día siguiente, al local donde Cohen ya estaba ensayando con el resto de la banda. El músico español, sin embargo, pidió que le llevaran inmediatamente. «Nada más verme entrar por la puerta —rememora—, Leonard paró la canción que estaban tocando. Se bajó del escenario y me dio un abrazo de la hostia. Iba con traje y tenía una pinta impecable. “Bienvenido, Javier, muchísimas gracias por venir. No te puedes imaginar lo contento que estoy. Ahora te vas al apartamento y te estás allí el tiempo que necesites para aclimatarte al cambio de horario y, cuando estés descansado, te vienes”, me dijo. No tenía prisa, puesto que los ensayos iban a durar meses». Pero él, hizo caso omiso de sus indicaciones y se plantó en el local a las 12 de la mañana siguiente, como el resto del grupo.

Lo primero que hizo Cohen —que ayer recibió en Montreal un homenaje de artistas como Sting, Elvis Costello, Philip Glass o Lana del Rey y el mismo Javier Mas— al verle fue coger una silla y situarla a su izquierda en el escenario, el mismo lugar en el que se sentó durante los 387 conciertos que dio con el cantautor canadiense en seis años. El zaragozano afinó y comenzaron a tocar «Dance Me To The End Of Love» mientras hacían audiciones para completar la formación. «Jamás había practicado tanto con nadie en mi vida. Empezábamos al mediodía y parábamos para comer allí mismo. Después continuábamos hasta las 18.00. Yo lo registraba todo en una grabadora y en el apartamento me aprendía los arreglos que más me habían gustado. Recuerdo en aquel primer ensayo comentarle que me dijera con todo confianza si le gustaba o no lo que estaba haciendo, a lo que respondió: “Me gusta. Toca lo que te salga de dentro y, si en algún momento ves que no puedes aportar nada, paras y ya está”», cuenta el bandurrista, sorprendido del volumen al que ensayaban. «Era impresionante, tocábamos a 0,1, prácticamente nada. Se escuchaba más el clavijero que la propia batería. El volumen era más bajo que poner su disco en casa, era bestial. Y cuando nos lanzábamos todos un poquito, él cortaba de inmediato: “Por favor, señores, bajen, bajen, bajen…”. Nunca supe por qué, jamás hablamos de eso», explica Más sobre el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011.

El primero concierto se celebró en un teatro de apenas 700 butacas en Fredericton, Canadá, el 11 de mayo de 2008. Comenzaron, como siempre, con «Dance Me to the End of Love». «Ese primer mes tocamos en espacios pequeños, ya que no sabían si el público iba a responder después de tanto tiempo. El primer año de gira fue complicado para Leonard. Primero porque había tenido que regresar a los escenarios contra su voluntad y, segundo, porque era muy exigente consigo mismo. Fue un etapa de preocupación y sufrimiento para él, tenía mucha gente a su cargo y podía perder mucho dinero. Más tarde vio el éxito y empezó a animarse. Tanto, que cogió confianza como para componer otra vez», confiesa Mas. Llegaron entonces «Old Ideas» (2012) y «Popular Problems» (2014), recibiendo muy buenas críticas y alcanzando importantes cifras de ventas. Recorrieron el mundo, incluida España, llenando estadios y recintos de 20.000 localidades. Tal fue la magnitud que alcanzaron los conciertos que el músico zaragozano duda hoy de si estuvo a la altura. «Llegó un momento en que las actuaciones generaban la expectación más grande. Y creo que estuve bien, pero a veces tengo mis dudas de si podía haber estado mejor. Pero todo esto parte sólo de mí, porque sus palabras siempre fueron de agradecimiento. Las veces que hablamos después del último concierto en Auckland, en diciembre de 2013, siempre me dijo que me echaba de menos, que era una pena que viviera tan lejos y que no nos viéramos más», comenta.

A pesar de ello, se dice que durante aquellas giras, Javier Mas transformó con sus instrumentos la música del poeta canadiense. «En la práctica lo hizo él solo —asegura—, aunque yo estuviera al lado para acompañarle. La manera que tenía él de tocar la guitarra era muy personal, única. Por eso tuvo que volver a empezar de cero hasta recuperar la confianza». Cohen aguantaba concierto de tres horas y los disfrutaba como antaño, a pesar de estar a punto de cumplir los 80. «Muy pocas veces lo vi enfadado. Era una persona justa, con un sentido del humor enorme y un ego muy controlado para lo grande que era. Estaba pendiente de sí mismo, pero no tanto. Y cuidaba mucho de que todos nosotros estuviéramos contentos. Siempre tenía tiempo para escucharnos y darnos un consejo si se lo pedíamos. Aprendí mucho con él».

«Tengo muchos dolores»

La primera vez que el aragonés tuvo noticias de que el cantautor estaba enfermo se las dio el mismo Leonard Cohen por teléfono. «Tengo muchos dolores, sobre todo de espalda. Me cuesta levantarme y estoy cansado. He ido al médico y me están haciendo pruebas», le informó. Mas no pensó que fuera tan grave e, incluso, había dejado los instrumentos en Los Ángeles pensando que volverían a salir de gira, tal y como le dijo el autor de «Chelsea Hotel #2». En su último año de vida, mientras grababan «You Want It Darker», hablaba con su hijo Adam, productor del disco. «Mi papá no está bien, le dijo en una ocasión. Fue entonces cuando fui haciéndose a la idea de que la situación era más grave de lo que pensaba.

A mediados de octubre del año pasado, el poeta canadiense se sinceró en «The New Yorker»: «No creo que sea capaz de terminar estas canciones, pero estoy listo para morir. Espero que no sea muy doloroso». Sin embargo, quince días antes del fatal desenlace, el propio Javier Mas habló con Leonard Cohen. Fue la última vez. «Me dijo que estaba animado, que estaba trabajando y que se encontraba mucho mejor. Por eso me pilló de sorpresa cuando su hijo, al día siguiente de fallecer (y cuando aún no se había hecho público), me envió un mensaje comunicándomelo. Me quedé sin habla, completamente desdibujado. No me lo esperaba para nada. Al día siguiente recibí la llamada del manager y me puse en contacto con mis compañeros», relata. ¿Ha recordado muchas veces aquella última llamada? «Recuerdo comentar con él un par de detalles que prefiero no compartir porque son personales. No me parece adecuado. Pero sí te puedo decir que lo vi bien». Desde entonces, a Javier Mas le cuesta escuchar sus discos. «No puedo, me pongo triste».