Ben Harper y Charlie Musselwhite, durante la entrevista de ABC en Madrid
Ben Harper y Charlie Musselwhite, durante la entrevista de ABC en Madrid - MAYA BALANYA

Ben Harper le cura las heridas a Charlie Musselwhite

El cantante y guitarrista californiano presenta en España el disco grabado junto a la leyenda del blues: «No Mercy In This Land»

MADRIDActualizado:

Asegura Ben Harper que no consultó con Charlie Musselwhite las letras incluidas en su segundo disco conjunto de blues: «No Mercy In This Land» (Pias, 2018). «Soy un privilegiado de que confíe en mí para escribirlas», comenta. Hasta ahí, sin novedades. Pero la cosa cambia si leemos algunos versos de la canción que da nombre al álbum, en la que el cantante y guitarrista californiano describe uno de los momentos más dolorosos en la vida del legendario bluesman: el asesinado de su madre, en 2005, a manos de unos ladrones que asaltaron su casa.

«Mi padre nos dejó aquí solos, mientras mi pobre madre yace bajo una piedra, con el corazón dolorido y las manos temblorosas. ¿No hay piedad en esta tierra?», reza el tema en referencia, también, a la muerte de su padre el mismo año. Él tocaba la guitarra y la armónica; ella, el piano. «Antes de mostrársela estaba un poco nervioso. No quería pasarme de la raya, cruzar el límite», reconoce Harper, antes de que su compañero de aventuras le interrumpa con una mirada cariñosa y llena de complicidad: «En el futuro no vuelvas a preocuparte».

Musselwhite asegura que, cuando escuchó la canción por primera vez, sintió que levitaba. «El blues siempre habla de la vida real, donde siempre hay altibajos. Y esta música es la que te ayuda a superarlos, por eso la amo», explica el veterano músico de 74 años, sentado en su habitación del hotel en Madrid, junto a su preciado maletín. No sabe decir cuántas armónicas contiene, pero asegura que superan el centenar. Algún visitante ocasional durante la entrevista con ABC alucina al contemplar semejante tesoro. Y no es para menos: con ellas empezó a tocar de niño en Memphis —ciudad a la que se mudó con tres años, junto a su familia, desde un pequeño pueblo del Misisipi— y con ellas acabó actuando junto a pioneros del blues como Muddy Waters, Howlin' Wolf, Buddy Guy, Sonny Boy Williamson o John Lee Hooker.

Fue este último quien presentó a Ben Harper y Charlie Musselwhite en 1993. Harper había sido invitado por Hooker para que abriera un concierto suyo en el pequeño Sweetwater Cafe de Mill Valley (California). Musselwhite se encontraba entre el público: «Al escuchar a Ben aquella primera vez reconocí en su sonido el alma de Jimmy Hendrix», recuerda. Pero aún no surgió la magia entre ellos. Tuvieron que pasar cinco años en los que el guitarrista se presentó al mundo con discos como «Welcome to the Cruel World» (1994), «Fight for Your Mind» (1995) y «The Will to Live» (1997), y en los que Musselwhite prestó su armónica a estrellas como Eric Clapton, Tom Waits, B.B. King o Bonnie Raitt.

Fue en 1998 cuando John Lee Hooker les reunió de nuevo para tocar en una versión de «Burnin 'Hell», una de sus canciones más conocidas. Tras escucharles en el estudio, el autor de clásicos como «Boom Boom» les bendijo: «Deberías tocar más a menudo. Sonáis muy bien juntos», le dijo a Harper. «No solo nos hicimos amigos, también hubo una conexión musical muy grande. Desde ese momento, cada vez que coincidíamos en algún festival, nos preguntábamos: “¿Cuándo vamos a hacerlo? Ya tenemos el sonido pillado. Si sonó bien con John...”».

El milagro se produjo en 2013 con el notable «Get Up!», que sorprendió a crítica y público por la simbiosis entre estos dos locos del blues. Ben Harper cumplía así un sueño de la infancia, cuando descubrió el sonido de la armónica de Charlie Musselwhite en la colección de vinilos de sus padres y en la tienda de instrumentos de sus abuelos que, sesenta años después de su inauguración, sigue abierta. «La primera vez que escuché a Charlie me dejó impactado. Ni siquiera podía entender cómo había creado ese sonido que yo jamás había escuchado. Por aquel entonces yo ya reconocía los saxofones y los órganos, pero no sabía qué era una armónica. Fue todo un misterio para mí», explica.

Un misterio en el que vuelven a sumergirse ambos (a sus 48 y 74 años respectivamente), con este «No Mercy in this Land» que ellos mismos han calificado como el mejor disco que hayan hecho jamás. Uno para curarse las heridas.