Franco Fagioli
Franco Fagioli - Igor Studio

Franco Fagioli:«Algunas modas son una suerte de castración»

El contratenor argentino presenta en distintas ciudades españolas su disco dedicado a las óperas de Haendel

MadridActualizado:

Franco Fagioli (Tucumán, Argentina, 1981) es uno de los pocos contratenores pertenecientes a la aristocracia operística. No hay más que ver la lista de teatros en los que ha cantado -encabezados por la Scala de Milán, el Covent Garden o la Ópera de París- y de los directores con los que ha trabajado -desde Riccardo Muti a Nikolaus Harnoncourt, pasando por Marc Minkowski y Christophe Rousset-. Hace unos años, este cantante eligió vivir en Madrid. «Me siento madrileño -dice- aunque viajo mucho; cada vez que vengo aquí es para estar relajado y de paseo y para preparar cosas nuevas; es mi casa pero también mi “cuartel general”». Añade Fagioli que «en Europa he encontrado más posibilidades de desarrollo para mi carrera; por eso me vine aquí».

Madrid (15 de marzo) es una de las plazas españolas de la gira en la que presenta su último trabajo discográfico, editado por el sello Deutsche Grammophon y dedicado a las óperas de Haendel: «Oreste», «Serse», «Rinaldo», «Giulio Cesare in Egitto»... Fagioli estará también en Oviedo (13 de marzo), Zamora (17) y Sevilla (19). Le acompañan en esta gira los músicos de Il Pomo d’Oro. «Haendel es un compositor maravilloso, genial, que va directamente al corazón. Yo lo llamo el Andrew Lloyd Webber del Barroco. En este disco yo no pretendía descubrir nada sobre Haendel -creo que ya se ha contado todo-, sino que mi idea era, después de haber cantado en escena sus óperas y haberle transitado lo suficiente como para conocer su estilo, ofrecer mi propia visión sobre él y decir algo propio de cada una de las arias elegidas. Me he centrado en su repertorio italiano, y he elegido las arias que me han marcado como cantante y como persona, las que han sido de algún modo especiales en mi vida, las que me ponen la piel de gallina».

Es fácil, cuando se estudia canto, determinar si se es tenor, bajo o barítono. Pero, ¿cómo se descubre que uno es contratenor». «Todos tenemos un contratenor dentro de nosotros -ríe Fagioli-, y se nos ha escapado, durante el cambio de voz en la adolescencia, algún que otro gallo... Yo de niño canté en coros infantiles, con experiencias hermosas que me animaron a dedicarme a la música; a los 11 años canté, por ejemplo, un personaje en “La flauta mágica”, de Mozart. Fue maravilloso, me marcó mucho. Después empecé la carrera de piano, pero el canto siempre estuvo dentro de mí. Y nunca había dejado de jugar a cantar con falsete y con tonos altos, sin saber que existía un registro vocal llamado de contratenor».

Por cosas de la vida -sigue su relato Fagioni-, «me tocó acompañar al piano a un coro que estaba cantando el “Stabat Mater” de Pergolesi. Y para conocer mejor la obra fui a comprarme un disco en el que descubrí la voz de contratenor, y vi que hacía más o menos lo que yo hacía cuando jugaba cantando. Y ahí decidí empezar a estudiar para ser un contratenor. Naturalmente, yo tenía unas habilidades naturales que me ayudaron a seguir con este registro».

Desmitifica Fagioli la voz de contratenor. «Ha de ser educada o tratada como cualquier otra voz. La longevidad del canto dependerá de cada ser humano, pero no ha de cuidarse o educarse ni más ni menos que la de un tenor o una soprano. Tampoco existe una técnica diferente. Yo he estudiado el bel canto. Punto. Hay diferentes escuelas de canto, y por eso cada contratenor suena diferente; yo me he formado en la escuela italiana». Y se encuentra cómodo, reconoce, en el repertorio italiano: «es mi casa, lo siento muy cercano. Me he formado en esa escuela de canto, y me inclino más por este repertorio. Hay otra circunstancia añadida; yo asocio el canto a la lengua con la que se canta, y cuando la conoces se disfruta y se profundiza mucho más. Si no dominas ese idioma, se puede cantar muy bonito, pero hay algo que no se termina de cerrar... A nivel metafísico, si quiere».

Los contratenores, hoy en día, cantan básicamente el repertorio que fue escrito para los castrati. «Gracias a Dios, los castrati ya no existen, sería terrible que siguieran. Aquello fue una moda, y ahora tenemos otras modas que son castraciones a otros niveles...» Se refiere el cantante a la anorexia o la bulimia. «Hoy se busca ser flaco, bonito, bello y precioso, y hay mucha gente que enferma por esa razón. Se ha comparado en alguna ocasión con la castración, y de algún modo creo que es acertada esta comparación. Son modas que ahora aceptamos, como en su día se aceptó la castración, sin darnos cuenta de lo terrible que es».

La ópera, concluye, no está ajena a estas modas. «También ha llegado lo de flaco, bonito, bello y precioso». Pero la ópera, asegura, «es un entretenimiento, los artistas tenemos que entender que es un arte práctico, que vive en el momento en que nosotros emitimos las notas, que es actual. Yo no la concibo de otro modo».