David Bowie
David Bowie - ABC

David Bowie, los mil ecos del genial camaleón

El músico británico ha fallecido este lunes tras luchar durante 18 meses contra el cáncer que padecía

MADRIDActualizado:

Mucho más allá del tópico simplista, la heterogeneidad y eclecticismo de David Bowie, nacido David Robert Jones en Londres hace justamente 69 años, forman parte de las señas de identidad de un artista de complicada clasificación. Hoy, el mundo de la música llora su pérdida. Su lucha durante 18 meses contra el cáncer que padecía no ha sido suficiente, tal y como han informado desde su cuenta oficial de Twitter: «David Bowie falleció hoy pacíficamente rodeado por su familia tras una valiente batalla de 18 meses contra el cáncer». Su figura ya es leyenda.

Las nuevas sonoridades incluidas en su nueva, y a la postre, última entrega, «Blackstar», en la que trabajó con músicos de jazz de vanguardia y con la influencia del artista de hip hop Kendrick Lamar, le sitúan de nuevo como uno de los personajes del pop más influyentes de la escena actual. Es su más reciente metamorfosis. Hubo otras antes, y con sus intuiciones, sus caprichos, sus aventurados giros de timón, se fue convirtiendo en faro de luz poderosa que alumbró a muchos de los que vinieron después, constituyendo una de las más valiosas referencias de la música popular desde finales de los años sesenta.

Swinging London

No era en su primera juventud el más sobresaliente de los autores de la época. Cuando la capital de las Islas Británicas comenzaba a despertar para convertirse en la capital mundial de la música pop, un David Jones de apenas quince o dieciséis años se batía el cobre con otras formaciones algo más maduras. El rhythm and blues elemental pero lleno de frescura de sus King Bees les alineaba con compañeros de generación, como los Small Faces, Hollies, Manfred Mann o los propios Rolling Stones. Pero los gustos de aquel estudiante de arte y diseño eran algo más refinados, y, para cuando se editó su primer disco en solitario, ya en 1967, su música se había vuelto ciertamente más sofisticada, combinando el pop psicodélico con el music hall de los Kinks.

El glam y Zyggy Stardust

Aquel primer disco, elegante y atractivo, pasó relativamente desapercibido. Pero entonces conoció a Lindsay Kemp, coreógrafo, actor, bailarín y mimo británico que empezaba a revolucionar la escena teatral de finales de los sesenta. Ya como David Bowie (sobrenombre que adopta para diferenciarse del miembro de los Monkeys, Davy Jones), en 1969 publica «Space Odity», un disco todavía no completamente redondo pero en el que se sentaban las bases de la etapa más brillante y trascendental de su obra. Producido ya por Tony Visconti, personaje decisivo en esta etapa, no contenía ninguna de sus canciones más emblemáticas, pero sí una feliz combinación de folk, rock progresivo, psicodelia y melodías pop.

«The Man Who Sold the World» (1970) y, sobre todo, el excelente «Hunky Dory» (1971) avanzan firmes por la misma senda, que culmina con «The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars» (1972) y «Aladdin Sane» (1973). Inspirado por el cantante de rock & roll Vince Taylor, el diseñador japonés Kansai Yamamoto y el pionero del psychobilly Stardust Cowboy, Bowie se convierte en Ziggy Stardust, una criatura del espacio que llega a la Tierra con un mensaje de esperanza. A estos discos perteneces algunas de las mejores canciones de su carrera («Changes», «Starman», «Sufragette City», «The Jean Genie», «Ziggy Stardust», «All the Young Dudes»…).

Bowie se convierte en uno de los músicos más personales e influyentes del momento.

La trilogía de Berlín

Poco después edita algunos discos de transición, algunos de ellos con sobresalientes cifras de ventas y con no pocas notables canciones, lo que combina con la producción de discos para otros artistas, como Lou Reed e Iggy Pop, lo que nuevamente se convierte en un acicate para Bowie.

Ya bien alejado de la estética rutilante, artificiosa y ambigua del glam, en 1977, es decir, en pleno estallido del punk, se edita «Low», primera entrega de su famosa «trilogía de Berlín», ciudad en la que se había decidido instalarse. Fascinado por los contrastes de una ciudad enigmática y gris, marcada por los efectos de la Guerra Fría, seducido por el expresionismo alemán y el por el krautrock, Bowie arranca su etapa más experimental. Tanto «Low» como los posteriores «Heroes» y «Lodger» están llenos de largos e inquietantes pasajes instrumentales y ambientes oscuros y evocadores. No son precisamente sus discos más accesibles y comerciales, pero sí, nuevamente, revelan el talento de un músico muy especial y diferente.

Asalto a la lista de éxitos

Inmerso en la industria discográfica y sus prerrogativas, Bowie no se libra de una buena dosis de la frivolidad e intrascendencia que caracteriza el pop en la década de los 80. En 1983 edita «Let’s Dance», un buen disco de vocación desacomplejadamente comercial que marca el inicio de una serie de álbumes menos trascendentes, si bien el genio del británico sigue apareciendo de cuando en cuando con temas sólidos y convincentes.

Los años noventa

Bowie entraba en los noventa con un álbum que dejaba atrás esos años frívolos, «Black tie, white noise», con un primer acercamiento al jazz. En sus entregas posteriores mantuvo un excelente nivel, aunque bien es verdad que ya no marcaba el camino, sino que simplemente se ponía al día.

Un regreso inesperado

Su inesperado regreso de hace tres temporadas, después de una década sin pasarse por el estudio de grabación, fue el rotundo «The Next Day», un disco ambicioso con momentos inspirados que devolvían a un Bowie no excelso pero sí en buena forma. Aún mejor es su última entrega, «Blackstar», con el que el Duque Blanco dice adiós al mundo de los mortales para subirse, desde hoy, al escenario de la leyenda.

Repasamos en esta lista de Spotify 20 canciones inovidables de David Bowie.