El guitarrista Daniel Casares
El guitarrista Daniel Casares - Rafael Carmona

Daniel Casares: «Limitar es absurdo en cualquier aspecto; es para gente limitada»

El guitarrista está embarcado en la gira de su espectáculo «Palo Santo»

MadridActualizado:

Lleva casi un mes Daniel Casares embarcado en la gira de «Palo Santo», un espectáculo que quiere unir el flamenco, la Semana Santa -y su música- y el sinfonismo. Arrancó en el Palacio de Congresos de Granada el 17 de febrero y concluirá en el teatro Fernán Gómez de Madrid el próximo 28 de marzo. Las citas más cercanas: el Teatro Romea de Murcia (10 de marzo), el Teatro El Jardinito de Cabra, en Córdoba (11 de marzo) y el Teatro Cervantes de Málaga (15 de marzo).

Daniel Casares, uno de los más destacados guitarristas flamencos de nuestros días (el 24 de marzo tocará en el mítico Joe's Pub de Nueva York, dentro del Flamenco Festival) confiesa que nunca fue un gran seguidor de la música cofrade. «Sí me la he encontrado muchas veces; en Andalucía, en esta época, es inevitable -dice-. Pero sí me ha llamado mucho la atención siempre la corneta. Tiene limitaciones tonales, pero siempre he tenido ganas de hacer algo con este instrumento».

Esbozó Casares distintos proyectos con la corneta como protagonista hasta que se cruzó con Manuel Alejandro González, director de la Orquesta Sinfónica de Triana. «Es también uno de los grandes compositores de música cofrade -sigue el guitarrista-, y se atreve además a abrir puertas a ese mundo. Musicalmente me siento muy afín a él, aunque mi ADN es flamenco. Pero nos gusta investigar, buscar nuevos caminos. y cuando le planteé la idea de “Palo Santo” se mostró encantado».

Los dos músicos empezaron entonces «a liarse», y después de año y medio trabajando en el espectáculo llegó el momento de su estreno en el teatro de la Maestranza de Sevilla en abril del pasado año. «Podríamos dividir “Palo Santo” en tres partes: la flamenca, con cante, baile, percusión y guitarra; la parte sinfónica, y los cuatro cornetas de la Banda de las Cigarreras -como se conoce popularmente a la Banda Nuestra Señora de la Victoria-. La unión de estos elementos tal cual se hace en este espectáculo no se había hecho nunca: la música es totalmente nueva».

Daniel Casares, en «Palo Santo»
Daniel Casares, en «Palo Santo»- Aurioles

Daniel Casares es el compositor de «Palo Santo» y cuenta con arreglos de Manuel Alejandro González. «Todo toma un aire fresco, todo es nuevo. El tipo de arreglos es también particular; hemos tratado de ser sutiles, hemos intentado que la corneta tenga el peso y el papel que le corresponde pero sin estridencia. Del mismo modo hemos hecho con la orquesta sinfónica. El espectáculo es muy rítmico, tiene mucha dinámica».

Empieza el espectáculo, relata Casares, con una malagueña, y pueden escucharse también guajiras, una vidalita... «Los elementos van entrando y saliendo de una manera muy dinámica, y por lo que nos dice el público es muy emocionante».

El flamenco y las marchas procesionales comparten un objetivo directo: la emoción. «Son dos músicas muy de la calle, y su ADN, aunque la gente está cada vez más preparada, está lo popular. Y eso es lo que hemos querido respetar, y que el espectáculo no se convierta en algo frío en ningún momento. La orquesta es sevillana, de Triana, y aunque sean músicos de conservatorio conocen la música popular. Hemos querido que “Palo Santo” huela a Semana Santa, a tablao, incluso a una “jam session” en un momento dado. Y es que los tres mundos son muy dispares entre sí, pero muy pasionales».

Hoy en día, querer ponerle fronteras a cualquier tipo de música es una tontería. «Poner fronteras hoy en día es una estupidez -dice tajante Casares-; en la música y en todo lo demás. Limitar es absurdo en cualquier aspecto; es para gente limitada. “Contaminarse” con otros músicas y otras culturas enriquece. Yo soy muy inquieto, y siempre trato de alimentarme y de nutrirme con otras músicas; después lo filtro e intento mantener siempre mi identidad. Pero nutrirme con otras culturas es para mí una necesidad».

«Lo mismo -sigue- escucho a Snarky Puppy que a Ramón Montoya, a Plácido Domingo o Cecilia Bartoli que a Camarón de la Isla, a Dulce Pontes y Alejandro Sanz que a Chocolate. ¿Por qué voy a dejar de escuchar otras músicas si también me alimentan? Yo me siento más flamenco que nadie, pero no dejo de serlo por escuchar y aprender a gente que no lo es».