Esplendor Geométrico, durante una reciente actuación
Esplendor Geométrico, durante una reciente actuación - GANDY
ESPLENDOR GEOMÉTRICO

«Componer es conectarme con la parte más oculta de mi consciencia»

En vísperas de su regreso a Madrid, Arturo Lanz habla del proceso creativo de su banda, que presenta en la sala El Sol su nuevo álbum, «Fluida Mekaniko»

MADRIDActualizado:

Nunca terminaron de irse, pero sus vueltas son cada vez más frecuentes. Junto a Orfeón Gagarin, proyecto de Miguel Ángel Ruiz, otro pionero de la electrónica de casete, Esplendor Geométrico regresa a Madrid para presentar su «Fluida Mekaniko», álbum en el que se aprecia su perfil más ruidista y agresivo y para el que José Ramón Da Cruz lanzó la pasada semana el vídeo correspondiente a «Sindromo». A toda máquina. «La diferente intensidad de los temas -explica a ABC Arturo Lanz- depende de una situación concreta, que es subjetiva y personal, aunque no sea consciente de esta situación». «Todo lo que se expresa en la raíz de la música de Esplendor Geométrico -sigue el fundador de la banda madrileña- proviene de un estado en el que prima más el aspecto físico que el intelectual. No tengo intención de enviar un mensaje, aunque este se trasmita. Inevitablemente existe un receptor que interpreta este mensaje de acuerdo a su realidad subjetiva. Me parece excelente esta relación. Una vez que la música llega a los receptores, ya no es de Esplendor Geométrico, sino que se convierte en algo propio del que lo escucha».

Entre la autosatisfacción personal y la comunicación con un público que permanece fiel a su obra desde hace ya cuatro décadas, el trabajo de Lanz discurre por vías íntimas. «Todo el mundo necesita comunicarse, pero en mi caso la creación musical nace de una relación profunda, de la necesidad de comunicarme con la parte más oculta de mi consciencia. Lo que hace que este proceso sea especial es el hecho de que esta necesidad conecte con otros individuos, muy diferentes, pero que quizás, y a través de la música de Esplendor Geométrico, conecten también con esa parte». Esa conexión se produce a través de los discos, pero también de unas actuaciones en directo que se han hecho ya regulares. «Me motiva la experiencia de dejarme llevar ante un grupo de personas de las que recibo una gran corriente de energía. Es una experiencia en la que te olvidas del “yo” y te integras en un “nosotros” inclusivo. Creo que EG aporta esa experiencia a quienes se dejan llevar».

Pese a su larga labor como agregado comercial en China, Lanz se declara inexperto en mercados e inversiones. «La mejor inversión -explica- es la que te da un rendimiento positivo. En cuestiones musicales, el rendimiento se mide por la necesidad que satisfaces cuando escuchas música, y esa necesidad varía con los individuos y las circunstancias. Es algo muy personal, al mismo tiempo que efímero».

Las diferencias espirituales y los distintos grados de materialismo que se desarrollan en Europa y China no parecen a afectar a la producción de Lanz. «Yo diría que somos lo mismo, con las mismas necesidades, aunque canalizadas de forma diferente debido a diferentes entornos políticos y culturales. No es lo mismo desarrollar esa pulsión creativa en un régimen totalitario o en un sistema con libertades individuales; o en un estado confesional o uno laico. En China, la creación musical se desarrolla con fuerza en la medida que no suponga un riesgo para el sistema. Hay casos, sobre todo en las artes plásticas, en que esta pulsión no se puede desarrollar porque choca con los intereses del Gobierno. Creo que en España la creación choca con una censura soterrada que la limita».

Contaminación y protección

Tampoco la humareda oriental y el ruido de las fábricas que abastecen de bienes de consumo al mundo occidental influyen de forma directa en el sonido industrial que genera Lanz. «Ahora vivo en Shanghai, una ciudad muy cosmopolita y fácil de habitar. China está cambiando mucho y el Gobierno se ha dado cuenta de que el desarrollo sostenible es esencial para su futuro. Cada vez la contaminación es menor. De cualquier forma, creo que no me influyen mucho los estímulos exteriores, sino los interiores. Viví durante siete años en Mallorca, un lugar paradisiaco, y en todo ese tiempo hicimos muchos temas con esa naturaleza industrial».

Frente al pasatiempo hedonista, Esplendor Geométrico invita a la introspección, aunque sea a través del ruido. La intención de Lanz es «profundizar en un aspecto interno que después se externaliza sin pretenderlo». «Ese aspecto interno -añade- libera emociones en privado y en público. La comercialización de la música es otra historia. Me parece fenomenal, como no puede ser de otra forma, que la gente escuche lo que le venga en gana. Todo depende de si lo que escucha le satisface una necesidad en un momento determinado. Lo difícil es darse cuenta de lo que necesitas para estar bien y contento. Si no eres consciente de esto, es muy fácil engancharse a lo que la masa y los medios te dictan».

Ajeno a esa masa, Arturo Lanz sigue componiendo en solitario, desafiando la mecánica de unas redes sociales que insisten en forzar el diálogo y la comunicación. «En mi caso es esencial el aislamiento, al menos en los primeros momentos de conectar con mi “yo” primordial. Después de ese momento -sigue- la composición se expande a Saverio Evangelista, y de ahí sale una conjunción que enlaza dos mundos interiores en uno solo. Con Francisco López ocurrió lo mismo en nuestro proyecto Biomecánica».

Esplendor Geométrico presenta en Madrid (23 de septiembre, El Sol) un «Fluida Mekaniko» cuya aparición ha coincidido con la recuperación de algunas de las viejas cintas grabadas por la banda, también decidida a reeditar sus clásicos y ampliar conocimientos sobre su obra. «Es algo que pasa con todo tipo de música. Solo hay que ver todos los programas de televisión en los que continuamente se vuelve a escuchar a grupos y cantantes de los años sesenta, setenta, ochenta… Parece que el mensaje es el de que lo de antes era mejor y con más calidad. Esos recuerdos valen para darse cuenta de que ha habido una evolución, tanto en el desarrollo musical como en la parte técnica. Una de las cosas que más aprecio de este momento es la democratización de la música, un fenómeno que ha sido posible gracias al desarrollo tecnológico. Ahora es mucho más fácil que los individuos puedan crear sin tener un pulmón financiero medio o elevado. Eso hace que cada vez haya gente haciendo cosas cada vez más interesantes. Por mi parte, cuando escucho los temas de los años ochenta de Esplendor Geométrico, algunos me gustan y otros no, pero en general no tengo un sentido de propiedad sobre ellos, ni sobre ninguno de los que he hecho a lo largo de los años... No soy miembro de la SGAE».

Talento o diversión

Puestos a hablar del pasado, no evita Lanz hablar de una Nueva Ola, o Movida, que el año que viene vuelve a estar de cumpleaños y en la que su banda echó a rodar. «Aquello fue una explosión de necesidad de libertad más que de talento. Después, la comercialización hizo que, además de la reducción del talento, se redujera también la necesidad de libertad. Es indudable que mucha música experimental de los años anteriores se viera eclipsada por esa necesidad de diversión constante en la que se convirtieron esos años».

La industria y la tribu, cuyos ritmos terminan por coincidir a través del aliento espiritual de Lanz, se dan la mano en el nuevo álbum de EG. «Trato de conectar con la raíz primordial que une la evolución del ser humano. Conectar el cerebro reptiliano con las capas más evolucionadas del mismo, y a través de esta conexión dejarme llevar en momentos determinados por una sensación no ligada a la inteligencia intelectual, sino a la inteligencia de nuestras sensaciones físicas», dice Lanz, que vuelve a referirse a un proceso creativo que, sin demasiada retórica, ya abordó en el documental dedicado a su grupo por José Ramón Da Cruz, «Geometría del esplendor». «Las percepciones son subjetivas, y cada uno las transmite como y cuando le parece. A mí me resulta sencillo porque no me parece relevante preguntarme por las razones por las que hago este tipo de música. No necesito una razón. Más que nada, necesito darme cuenta del sentimiento profundo que generan esos sonidos, y eso es muy personal como para transmitirlo en una entrevista». Sobre sus silencios, Lanz es tajante. «No lo llamaría timidez, creo que soy bastante pudoroso a la hora de hablar de la música de Esplendor Geométrico. Lo que yo pueda decir no es muy relevante, y la música de EG tampoco lo es. No es una pose, es la realidad. A muy poca gente le importa lo que yo pueda decir de cualquier cosa».