Monica Bacelli (Sesto) y Karina Gauvin (Vitellia)
Monica Bacelli (Sesto) y Karina Gauvin (Vitellia) - Javier del Real
CRÍTICA DE ÓPERA

«La clemenza di Tito»: aquellos viejos valores

El Teatro Real presenta la producción de 2014 de la ópera de Mozart, bajo la dirección musical de Christophe Rousset

Actualizado:

Hay que releer a los clásicos y también a aquellos que lo son un poco menos. El Teatro Real invita al ejercicio reprogramando «La clemenza di Tito» en la producción diseñada por Ursel y Karl-Ernst Herrmann, estrenada en el Festival de Salzburgo en 1982 y repuesta aquí en 2012. La trajo su promotor, Gerard Mortier, quien tenía un especial afecto por la obra y por esta escenificación, de ahí que todo sirva de pretexto para dedicarle estas representaciones.

«La clemenza di Tito» (***)Música: W. A. Mozart. Director musical: Christophe Rousset. Dirección de escena: Ursel & Karl-Ernst Herrmann. Escenografía, figurines e iluminación: K.-E. Herrmann. Intérpretes: J. Ovenden, K. Gauvin, M. Bacelli, S. Schwartz, S. Harmsen, G. Loconsolo. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Madrid, Teatro Real, 19-XI

«La clemenza di Tito» no es una obra fácil en el sentido inmediato del término: ópera seria fuera de época, apariencia grave, personajes de limitada excandecencia dramática y riguroso propósito doctrinal. Los comentarios sobre su vigencia acompañan la actual interpretación en el Real. De un lado están las razones de Miguel Ángel Marín, autor de un revelador texto en el programa de mano, quien explica, hábil y convincente, los motivos por los que esta ópera se mantuvo fuera del canon hasta los sesenta del pasado siglo, aun siendo la más interpretada tras la muerte de Mozart. De manera más etérea también se ha manifestado Christophe Rousset al señalar (ABC, 16 de noviembre) que «la emoción de la música está en su perfección».

Para entender la exacta definición del término usado por el director musical, cabe mirar la interpretación de anoche, primera de las nueve programadas por el Real. Se entiende que Rousset invoca la perfección desde cierta sacralidad, cautelosa y comedidamente efusiva, a pesar de la promesa de una obertura muy marcada, con sugerentes y expresivas pausas tras los acordes iniciales. Con él, la Orquesta Titular del Real se proyecta con una sonoridad interesante, con resabios de época, textura equilibrada y empaste. También lo hace el coro, pero la calidad de fondo no evita que la obra se acabe diluyendo en una lectura demasiado lineal. La humildad con la que se alcanzó el quinteto de cierre del primer acto, punto culminante de la obra, fue la antesala al más apocado desarrollo del segundo acto.

Quizá sea una aproximación circunstancial en el día del estreno. Más evidente es que la mezzo Sophie Harmsen destaca sobre el resto del reparto y que su interpretación de Annio posee personalidad, calidad y ciencia musical. Si en «Torna di Tito a lato» consiguió una formidable continuidad que podía haber crecido de existir un punto más de implicación por parte de Rousset, en «Tu fosti tradito» sobresalieron agudos muy bien apuntados, estupendos pianísimos y aún la robusta presencia de una voz de atractivo timbre.

El resto es penetrar en una estancia fría, blanca, en parte acristalada y limitada a la sucesiva presencia de contundentes elementos corpóreos y simbólicos. En 2012 ya se juzgó la producción del matrimonio Herrmann. Hoy la perspectiva tiende a ser más complaciente y comprensiva ante una propuesta que en origen fue tajante. Que cuatro décadas después sobreviva con dignidad demuestra un mérito evidente.