Entrevista

Alejandro Sanz: «Que no me cuenten milongas, en Venezuela hay presos políticos»

El músico madrileño comienza en Barcelona, este viernes, su gira «Sirope Vivo 2016», a la que añade una nueva fecha, el 5 de diciembre

Alejandro Sanz durante la presentación de la nueva colección de vasos de Nocilla

Cada rueda de prensa de Alejandro Sanz se convierte en un acto multitudinario. «El día que haya poca gente me llevaré un disgusto enorme», comentó a ABC minutos después de la convocatoria. El motivo era presentar una nueva colección de vasos de Nocilla con letras impresas de sus canciones más emblemáticas. La ocasión sirvió también para hablar de su gira «Sirope Vivo 2016», con la que regresa a España este verano y cuya primera parada es mañana mismo en Barcelona.

Ahora une su nombre al de una marca. Estamos acostumbrados a que estas cosas ocurran más con los futbolistas. Tal como está la industria musical, ¿pasará lo mismo con los músicos?

No creo que se llegue a tanto, pero el mundo de la música siempre ha tenido sus patrocinadores. Pero hoy en día las auténticas «rock stars» son los políticos. A ver si se animan también.

En la rueda de prensa comentaba que fue un niño «solitario y enamoradizo» ¿Tuvo una infancia feliz?

Considero que sí, dentro de lo que era el momento, que no fue fácil para las familias españolas en general. Era la Transición, salíamos de una época muy austera, y las familias empezaban a crear su pequeña riqueza. En mi familia dependíamos todos de mi padre, que trabajaba con un grupo y hacía giras por España. Se tiraba seis meses fuera de casa, y mi madre se quedaba sola con nosotros, y a veces el dinero no llegaba. En fin, esas cosas, y eso se nota, sobre todo porque la madre, al final ¿con quién lo paga? Pues con nosotros, la pobre. Pero bueno, dentro de lo que cabe, en mi mundo de abstracción, sí era feliz.

Muchas familias han tenido que volver a la austeridad.

Es complicado. Yo más que eso de la austeridad, lo que me preocupa es hacia dónde se mueve todo en Europa. Acaba de pasar lo del Brexit, y ahora hay un referéndum en Hungría sobre los refugiados, y en Austria van a repetir las elecciones, con los ultraderechistas a punto de ganar. Algo está pasando aquí que no me gusta.

¿Y en Iberoamérica?

Creo que están haciendo el viaje a la inversa. Están cayendo los gobiernos de izquierda más radicales. El gobierno bolivariano de Maduro se está quedando solo. Hasta Cuba les está abandonando. Muchos países se han recuperado de lo que llamaban la revolución, porque en la historia ha habido revoluciones necesarias y buenas, pero ha habido otras que es para echarse a reír. O a llorar, mejor dicho.

Ahora que han pasado las elecciones en España, ¿se puede perder interés por este asunto?

No creo que debamos abandonar nunca a Venezuela. Obviamente, habrá gente que lo habrá usado políticamente, pero es que creo que habría que mirar un poquito más allá. Desde luego, y para empezar, pedir la amnistía de los presos políticos, porque me pueden contar la milonga que quieran, pero esos son presos políticos. Y después la escasez de alimentos y penuria de la población, los niños pequeños que se mueren en hospitales porque no tienen leche. Eso es muy grave y la comunidad internacional debería mediar en ello, porque no permiten que lleguen los alimentos ni las ayudas. Cuando la torpeza llega ya a unos límites de sinvergonzonería, aparece la soberbia y la tiranía, y esa mezcla es demoledora.

¿Alguna vez ha tenido la sensación de que a lo mejor se estaba metiendo en terrenos que le podrían perjudicar, pero no ha podido evitarlo?

El 80 por ciento de las veces. Bueno, es que por qué no debo meterme. Soy un ciudadano como otro cualquiera, tengo derecho a opinar lo que sea, y además, no solo a opinar, sino a acostumbrar a la gente a que se opine.

No es usted un ciudadano como otro cualquiera.

Tampoco me meto en muchas cosas. Me meto en algo evidente, un país que yo conocí que era rico y con futuro, y ahora solo tiene pasado. Pero tampoco me meto en política en España o en México, ni en Argentina. Es un caso muy concreto, en un lugar que me impidieron la entrada por dar mi opinión, y eso me parece muy grave. Por lo general procuro centrarme en causas como el Ártico, en ayudar a Médicos sin Fronteras, o a Greenpeace, o a la Fundación Juegaterapia... Hay que echar una mano donde se pueda, y a veces es al cuello (ríe).

¿Le sigue enervando que algunos medios reflejen de vez en cuando a un Alejandro Sanz que no es el real?

Cada vez menos. Una vez leí una crítica mía que creo que fue el punto de no retorno. Comenzaba: «Alejandro empezó con un manido “Hola buenas tardes”. Me di cuenta que lo siguiente no iba a ir bien, y decidí que ya no me iba a importar lo que leyera.

¿Le molestan más las críticas que van por el terreno musical que el personal, entonces?

Es que por aquel entonces me las leía todas. Era mi segunda gira o así, me preocupaba todo lo que escribían de mí, creía que se iba a acabar el mundo si hacían una crítica mala en algún periódico importante. Y luego no pasa nada. Algunos críticos lo que hacen muchas veces es reflejar su frustración. He leídos algunas críticas que van a hacer daño. Entonces prefiero leer sobre otras cosas.

Antes le han preguntado por la carta que firmó, junto a cientos de músicos, pidiendo un reparto justo de los derechos de autor a YouTube, pero no se mostró muy preocupado.

Es que yo no entiendo estas guerras. Yo ya he dado mi opinión firmando la carta, y ahora que hagan lo que tengan que hacer las discográficas y YouTube. Son cosas de compañías enormes que tienen que hablar entre ellas y llegar a acuerdos. No puede ser que nos metan en la guerra constantemente. También pienso que no hay retorno a la vieja manera de escuchar música, pero que algo se ha perdido por el camino. Antes un disco era importante, y hoy se escuchan dos canciones dos veces y ya está.

Ha anunciado que el día 15 de este mes habrá una novedad.

(Ríe) No me puedes tirar de la lengua... Me metí en el estudio, y lo que salió es lo que aparecerá el día 15.

«Sirope» fue un paso novedoso en su carrera. ¿Tiene ganas de cambiar?

Desde que empecé tengo ganas de hacer algo diferente. Me pasó con «El tren de los momentos», con «No es lo mismo, con este disco... Ha habido gente que dijo: «¿Qué ha hecho este, se ha vuelto loco?». Es maravilloso que en mi carrera pasen estas cosas. Tengo una relación con la música que está viva, que palpita, que se mueve, evoluciona. Eso es lo que me interesa.

El martes estuvo en Madrid Rod Stewart. ¿Fue al concierto?

No, pero me han contado que fue algo increíble. Con 71 años. ¡Qué envidia!

¿Se ve así a esa edad?

Ojalá. Ojalá que sí.

Casi toda su vida ha sido famoso. ¿Alguna vez piensa en cómo sería un Alejandro Sanz anónimo?

Arqueólogo. Pero no es famoso, ¿eh?, es artista. Porque está el departamento este de Hacienda que se llama «de famosos», que me jode un montón porque nos mete a todos en el mismo saco.

Se ha acabado el tiempo para la entrevista. Ha pasado rápido.

A mí no me lo ha parecido (ríe).

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