Cultura - Música

«Hércules» y el mayor espectáculo del inframundo

Lluvia de aplausos en el Festival de Mérida para el montaje de Murillo y Reguant, con Pablo Abraira como el semidiós

Pablo Abraira, en el papel de Hércules
Pablo Abraira, en el papel de Hércules - jero morales/abc
JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN - Mérida - Actualizado: Guardado en: Cultura Música

Como en tiempos hiciera el gran William Frederick Cody, Búfalo Bill para entendernos, Hércules se ha enrolado en el Circo Olimpus para evocar sus viejas aventuras mitólogicas como parte del mayor espectáculo del mundo... y del inframundo, según subraya muy oportuno el maestro de ceremonias. Una excelente idea de partida desarrollada por el dramaturgo Miguel Murillo y dirigida por Ricard Reguant en clave de musical optimista y familiar que el público del Festival de Mérida aplaudió larga y calurosamente en su estreno, la noche del pasado miércoles.

Pablo Abraira es ese semidiós melancólico y maduro que pone el contrapunto de sus recuerdos a las gestas de antaño que interpretan los artistas circenses, una estupenda troupe de acróbatas y bailarines convertida en coro de la función y que lo mismo encadena varias piruetas que hace que cobren vida la hidra de Lerna o el león de Nemea. El musculoso Javier Pascual, que debutaba teatralmente y salió triunfante de tan peliagudo envite, encarna al héroe joven que revive sus correrías en el circo, y Víctor Ullate Roche es Yolao, sempiterno compañero del héroe, sobrino suyo y, según las referencias mitológicas, también su amante, aunque este es un musical casi blanco y se les presenta como grandes camaradas y «más que amigos», como cantan ambos en un bonito dúo. Notable la combinación de las letras de Xenia Reguant y la música de Ferrán González, también detrás de «Pegados» y «Mierda de artista», dos musicales redondos.

Funciona muy bien esta extraña mezcla del cabaret recreado por Bob Fosse y de musical Disney, no porque contenga alguna referencia a ese universo sino por su empaque de espectáculo para todos los públicos y su energía positiva. Así lo entendieron los 2.600 espectadores que llenaban el Teatro Romano e interrumpieron la función con sus ovaciones, la salpicaron con sus risas y disfrutaron sobre todo con un precioso número con aires de sirtaki metateatral que es un canto al teatro, al trabajo de los actores y a la verdad de las mentiras con que se refleja el mundo desde el escenario. Este «Hércules» es un compendio sintetizado de mitología festiva y pícara, con algún momento deliciosamente procaz protagonizado por Yol -aquí encarnada con gracia por Clara Alvarado- que enamora al semidiós presentándose como mariscadora gaditana después de que este colocara sus famosas columnas como sujecciones del estrecho de Gibraltar y ofreciéndole cigalas, almejas, chirlas y su sabroso mejillón (ejem, no especifiquemos que hay niños delante). Dos talentos surgidos de concursos televisivos, Paco Arrojo, formidable maestro de ceremonias desdoblado en Zeus, y Noemí Gallego, rotunda Hera, la vengativa madrastra de Hércules, completan con Elena Gómez como Atenea, y Nuria Sánchez en el papel de la cariñosa gallega que cautiva a Yolao, el reparto de este agradable espectáculo.

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