Patti Smith, durante un momento de su actuación
Patti Smith, durante un momento de su actuación - efe

Primavera Sound 2015: Patti Smith centra y Sleater-Kinney rematan

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Andaba Patti Smithdeletreando por millonésina vez esa «Gloria» que la acompaña desde hace cuatro décadas y con la que ayer estrenó su regreso al Primavera Sound y en un par de minutos, ya quedó claro que, una vez más, la de Chicago es gloriosa y poderosa memoria de aquellos tiempos de punk y asfalto, de mugre y poesía.

En el estreno de la gira conmemorativa del 40 aniversario de «Horses», álbum esencial de los setenta apuntalado anoche por el guitarrista Lenny Kaye, Smith salió al escenario en modo retrospectivo pero nada complaciente. Se ciñó tanto al guión que incluso respetó el arco narrativo anunciando el inicio de la cara B de LP con una «Kimberly» en memoria de Jim Morrison, pero en ningún momento sonó amansada. Todo lo contrario: desde las arrebatadas y airadas «Free Money» y «Birdland» pasando por la juguetona «Redondo Beach«, Smith fue anoche la gran hechicera del punk crudo e inflamado.

Se puso tierna para llorar emocionada a sus muertos -de Lou Reed a Johnny Thunders pasando por su marido Fred Sonc Smith- con «Elegy», sí, pero de propina cerró la noche con una volcánica y estrepitosa «Rock And Roll Nigger» y al grito de «Be fucking free!». Una coz de impacto y una llamada a la revolución tremendamente oportuna para una noche por la que aún habrían de desfilar The Julie Ruin y Sleater-Kinney. Antes de que el derroche eléctrico de Patti Smith abriese las puertas al turno del noche, el festival ya había dejado alguna que otra estampa memorable. Ahí estaban, por ejemplo, The New Pornographers transformando el ATP en una centrifugadora power pop o Rocío Márquezponiendo el Auditori patas arriba con su turbina de flamenco iconoclasta.

Sleater-Kinney, terremoto en el Fòrum

Entrada ya la noche, Sleater-Kinney aseguraron haber renacido tras ver a Patti Smith en el escenario, y a fe que así fue: como si se hubieran pasado toda la tarde enchufadas a una central nuclear, las de Portland apartaron a codazos años de rock falocéntrico para imponer su ley y transformarse en una implacable apisonadora de rock crispado, punk anguloso y pop acorazado. Elegancia letal. Una bomba lanzada en pleno corazón del Fòrum y alimentada por el fenomenal «No Cities To Love» y por clásicos añejos como «Rollercoaster», «Oh» y «All Hands On The Bad One» que dejó en nada el paso de los Pixies el año pasado. Tan impactante fue la sacudida que al final costaba recordar que Belle & Sebastian habían estado en el festival momentos antes.

Y eso que los escoceses siguen sacudiéndose la vergüenza ante cada vez más público -el escenario mediano se les quedó demasiado pequeño-, pero sus conciertos siguen siendo una mezcla de candor, voluntarismo y fogonazos de pop brillante. El renacimiento electrónico les ha aportado algo de músculo y suenan cada vez mejor en directo, pero se dejaron sus mejores bazas en el camerino y acabaron firmando una actuación para convencidos.

De vuelta al terraplén de los escenarios principales, esa explanada desde la que parece que uno pueda seguir andando hasta Sitges, los británicos Ride, que no habían perdido detalle del concierto de las Sleater-Kinney, salieron dispuestos a reivindicarse como algo más que la cara amable del shoegaze -ni tan fieros como My Bloody Valentine ni tan oscuros como Slowdive- y aterrizaron en el escenario Primavera con mucho aparato eléctrico y distorsión a manguerazos. Con todo, no acabaron de quitarse de encima la incómoda etiqueta de indie algo menor de los noventa. Sonido impecable, sí, pero poco más. Nada que ver, en cualquier caso, con el asfixiante y afiladísimo recital de Run The Jewels. Rap oscuro y punzante para fundir a negro.