Cultura - Música

Lole Montoya: «Paco de Lucía y Camarón no inventaron el nuevo flamenco, fuimos Manuel y yo»

Seis días antes de la muerte del guitarrista con el que revolucionó este arte a mediados de los 70, ABC hablaba con la que fue su pareja sentimental y artística

Lole Montoya, pocos días antes de la muerte de Manuel Molina
Lole Montoya, pocos días antes de la muerte de Manuel Molina - IGNACIO GIL

Cuando ABC se reunió con Lole Montoya el pasado jueves en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid, no nos imaginábamos que, seis días después, íbamos a despertarnos con la noticia de la muerte de la que fue su pareja sentimental y artística durante dos décadas: Manuel Molina.

Sin planearlo, la charla con la cantaora sevillana, vestida de blanco impoluto, con el pelo recogido y la cara despejada, dejando en primer plano sus grandes ojos color miel, adquiere hoy un valor especial, al discurrir por el cauce de la reivindicación del papel que Lole y Manuel jugaron como precursores del «nuevo flamenco» a mediados de los 70. Una revolución gestada en el sevillano barrio del Tardón, pegado a Triana. Allí fue donde cantaron de niños y experimentaron de adolescentes con otras músicas como la clásica, el rock, los ritmos étnicos o las melodías árabes, hasta que, en 1975, recién casados, fraguaron su primer disco en la taberna de La Peña del Bollo.

–Publicasteis «Nuevo Día» al mismo tiempo que Paco de Lucía «Entre Dos Aguas», dos discos capitales que expandieron las fronteras del flamenco. ¿Fue casualidad?

–Tenía que ocurrir, era una época de cambios. Pero quiero aclarar algo: el nuevo flamenco no lo inventaron Paco de Lucía y Camarón de la Isla, fuimos nosotros. Si lo escuchas, te das cuenta de que hicieron cartageneras, bulerías tradicionales… pero nuevo flamenco no. Es cierto que cuatro años después de «Nuevo Día», Camarón sacó «La leyenda del tiempo», en 1979, pero todo lo nuevo salió de Lole y Manuel, que metieron dentro del flamenco otras músicas como la clásica, por citar alguna de las influencias.

–Sin embargo, Paco de Lucía recibió más críticas. Vosotros enamorasteis a jóvenes y puristas por igual.

–Exacto. Manuel y yo hemos llegado hasta la cuarta generación, porque las madres les hablaron de nosotros a sus hijos, y estos a sus propios hijos. Ahora son sus nietos los que me dicen que duermen a sus niños con mis canciones. Hemos unido varias generaciones y es algo que para nosotros es un honor, porque nos sentimos como unos padres. Y con esto no quiero parecer prepotente ni me estoy defendiendo delante de los puristas.

–Cuando en 1975 ABC hablaba de ustedes, siempre se repetía la expresión de «el nuevo estilo de Lole y Manuel». ¿Eran conscientes de que lo habían creado?

–Por supuesto, pero, al mismo tiempo, nos salía de forma muy natural, porque nos gustaban todas esas músicas. Después, con el paso de los años, he ido entendiendo que aquello tuvo un valor muy importante.

–Usted incluso aparecía en las listas de las mejores cantantes «pop» de 1976, algo raro en aquella época.

–Nunca antes había ocurrido que una cantaora de flamenco fuera incluida en este tipo de listas. Nadie lo había hecho, pero yo veía que teníamos un público diferente.

–En las críticas de los primeros conciertos de Lole y Manuel se decían cosas como que «la experimentación llega ahora al flamenco»

–¡Pero qué experimento, si la música está ya toda hecha! ¿La música es un experimento? Para mí eso no era ni experimentar, ni reinventar. Era algo nuevo, más puro, pero porque nos gustaba la música. Es que antes el flamenco era todo lamento.

–Sus letras también iban un poco más allá, tenían mayor profundidad y abordaban cualquier tema.

–Exacto. Hubo un tiempo en que todo el mundo le cantaba al amor entre un hombre y una mujer, algo muy manido. Nosotros, en cambio, hacíamos el «Romero verde», que tenía una temática mucho más fresca. A mí me gustaba cantarle a las cosas de la naturaleza, que es más especial y espiritual. Así es como empecé yo.

–Y cuando les decían que habían escrito una página fundamental en la historia del flamenco, ¿les sonaba a coletilla que había dejado de tener sentido de tanto ser usada?

–No. Yo sé perfectamente que somos historia del flamenco, pero a mí en concreto nunca me gustó ser idolatrada. Firmo autógrafos y doy abrazos, pero no soy ninguna diosa, mientras que otros sí.

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