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40 aniversario de «El Patio», de Triana

Gonzalo García-Pelayo: «El uso del castellano es el gran logro del rock español»

El productor del legendario disco de Triana conocido como «El Patrio» nos habla de su génesis la misma semana que aparece su reedición

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Los discos cuyo título es elegido por el pueblo, y no por el autor, siempre tienen algo de especial. «El blanco» de los Beatles, «el negro» de Metallica, «el del plátano» de Velvet Underground & Nico... todos tienen en común un halo de misticismo que, acompañado por buena música, los termina convirtiendo en mito. Lo mismo ocurre con «El patio», ese álbum sin nombre cuya portada sólo mostraba a los miembros del grupo posando en un patio sevillano, como descansando tras la titánica tarea de crear la rama sinfónica del rock andaluz.

La línea que comienza en el «Rock Encounter» de Sabicas & Joe Beck, sigue en Smash, Taranto's, Tartessos, Flamenco y Goma, se topó en 1975 con los sevillanos Triana, que pretendieron y en buena medida consiguieron ser los King Crimson españoles. Cuando lanzaron este disco no hubo aplausos, ni grandes reportajes ni reseñas halagadoras. Tardó un tiempo en cuajar entre el público, pero hoy cumple 40 años y más que ser un clásico, es un icono de la cultura popular. De ahí que se merezca una reedición de altura como la que se acaba de publicar en CD (con cuatro temas extra en directo) y LP (que a su vez incluye el CD en su interior).

Su productor no podía ser otro que Gonzalo García-Pelayo, fundador del sello Gong, gran introductor del rock psicodélico y progresivo en nuestro país y acuñador del término «rock andaluz» junto a los Smash Julio Matito y Gualberto. Sí, también es el patriarca del famoso clan revienta-casinos, pero esa es otra historia...

-¿Cómo vivió aquellos días? No estaba produciendo solo un disco, estaba produciendo un género entero.

-(Risas) Pues más o menos. Recuerdo sobre todo el último día de grabación, el 21 de marzo, que fue el primer día de primavera de 1975. Acabábamos de terminar de mezclar «Todo es de color» (versión de Lole y Manuel), que precisamente decía en la letra: «Qué bonita es la primavera. Qué bonita es la primavera cuando llega». Tres semanas después salió publicado el disco... y no pasó nada. Hubo una larga espera hasta que empezó a funcionar el boca a boca. Pero unos meses después ya era considerado una obra maestra, y en pocos años se hizo innegable que representaba un momento cumbre del rock español.

-Pero en su cabeza ¿sólo estaba el disco, o también estaba presente la idea de estar dando continuidad a un nuevo estilo?

-Sí, porque yo ya había empezado a trabajar en este tipo de sonoridades con Smash. Creía que había un potencial muy importante en nuestro rock, que no era el de California o el de Londres, era el de Andalucía. Y había que intentar fusionar para llegar al objetivo. Luego fui viendo más y más grupos que seguían esa teoría. De todos modos, el concepto de «El Patio» no lo desarrollé yo, lo desarrollaron los Triana, siguiendo algunas de mis ideas. Y yo creo que la verdadera fusión completa que se hace por primera vez, está en Triana. A partir de ahí sí empezamos a ser conscientes de que estamos haciendo lo que en teoría habíamos soñado que había que hacer. Entonces vinieron Cai, Alameda, Medina Azahara, Guadalquivir... y por ejemplo Medina Azahara siguen en ello cuatro décadas después.

Viaje a las raíces

-Y también 40 años después, en muchos grupos de rock parece haber una clara tendencia a cantar en castellano, y a mostrar ciertas características que permitan identificar la procedencia del grupo. No es igual que el lema «rock con raíces» del sello Gong, pero éste sí parece el antecedente más lejano y a la vez, claro.

-Ese es uno de los principales logros del rock español, que ya iniciaron muchos grupos en los sesenta y que sin duda el rock andaluz ayudó a consolidar. Es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos porque es un fenómeno que ni se dio en Italia, ni se dio en Francia ni en ningún otro país europeo que adoptara el lenguaje musical del rock, que es completamente anglosajón. En ninguno de estos países surgió una escena importante de bandas que se expresasen en su lengua materna, casi todos cantaban en inglés. Quizá sí ocurrió en Sudamérica, pero no en los países europeos. Por otro lado, está el éxito de estas apuestas a nivel de consumo interno: muchos de estos grupos españoles que emplearon el castellano consiguieron una fama muy considerable, llegando a entrar en el imaginario popular, y a crear un fenómeno fan. Hay mucha gente que ha escuchado a Triana todos los días de su vida, que ha consumido sus canciones como una droga. En ese momento también había incluso rock cántabro de raíces, y por supuesto estaba la escena catalana con grupazos como Companyia Elèctrica Dharma.

-Es curioso que el primer experimento de rock andaluz se grabase en Nueva York, me refiero a «Rock Encounter».

-Sí, ese disco estaba muy presente en la época durante cualquier conversacion sobre el tema, pero yo creo que aún más «Sketches of Spain», de Miles Davis, con los increíbles arreglos de Gil Evans. Para mí, ahí está el mejor rock andaluz jamás hecho fuera de España. Es un disco que puse a todos los músicos de la escena sevillana, era como mi seminario particular. Que en realidad, era una labor más de producción.

La visión ortodoxa

-¿Cómo fue lidiar con los puristas de ambos lados, flamenco y rock?

-La crítica de rock estaba orientada hacia el extranjero. Les parecía algo increíble, imposible, que hubiera una banda de calidad dentro de nuestras fronteras. Después, ya sabemos cuál fue la reacción de los puristas flamencos cuando los músicos de Alameda se unieron a Camarón para hacer «La Leyenda del Tiempo». Fue gracias a la aceptación de los artistas que poco a poco se le fuera dando carta de naturaleza a estas fusiones.

-Las letras de Triana tenían un aura realmente especial. ¿Ellos eran tan espirituales como parece?

-Sí. Jesús de la Rosa, que era el principal compositor, estaba siempre entre la alegría y el dolor. Un verso suyo dice: «Luminosa mañana, prendida de sufrimiento». Eso es Triana en estado puro. Por un lado estaba la alegría de vivir, y por el otro, la tristeza absoluta. El viaje de LSD. Otro verso dice: «Tuve que subir al cielo para ver y bajar al infierno para comprender». El buen viaje y el mal viaje.

-O sea que sí emplearon los alucinógenos como herramienta creativa.

-Sí, sí. Y les gustaba mucho recrear ese contraste de visiones de los buenos y malos viajes. En la última canción «Todo es de color», evidentemente sólo está el bueno (risas). Yo nunca tuve interés en este tipo de estimulantes.

-Me resulta raro, con forma tan apasionada que tiene usted de vivir la vida.

-Bueno, lo probé muy poquito (risas). No tenía más necesidad. Ya tenía suficiente gasolina para mi motor.

La llama del rock andaluz

-Medina Azahara siguen en activo, y hay nuevas bandas jóvenes como Alhándal o Vodevil Vargas que mantienen viva la llama, pero para usted ¿el rock andaluz sigue vivo?

-Sí, por supuesto, para empezar porque hay miles de grupos de tributo a Triana, también están Zaguán... Pero sí sigue habiendo ambiente de rock andaluz en muchos locales de Sevilla. De hecho, yo quiero hacer una película a finales de verano, sobre el espíritu de Triana. Y la idea es organizar un gran recital en los Caños con Eduardo (Rodríguez Rodway, único superviviente del grupo tras la muerte de Jesús de la Rosa y J.J. Palacios «Tele») y muchos grupos.

-¿Cree que Triana seguirían en activo de no haber fallecido dos de sus miembros?

-Tras morir de la Rosa en accidente de coche, el grupo se separó hasta que «Tele» lo resucitó en los noventa con nuevos músicos. Estuvo peleando mucho tiempo por su proyecto hasta que en 2007 él también falleció. Luego, esos músicos siguieron usando el nombre de Triana pero obviamente era un sucedáneo (que por cierto indignó a muchos fans). Estoy seguro de que sí seguirían en activo, de que ni siquiera hubieran necesitado un revival porque nunca hubierar parado de hacer música. Triana era algo más que su pasión, era su vida.

Opiniones sobre «El Patio»