Imagen del escaparate de Christie's con el cuadro pintado por Dylan
Imagen del escaparate de Christie's con el cuadro pintado por Dylan - L. V.

Christie's no logra vender un cuadro de Bob Dylan, un desnudo de su exmujer Sara

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Shirley Marlin Nozniksky era una chica judía de belleza delicada, hija de un chatarrero polaco de Delaware. En la primera veintena sintió la llamada de las luces de Nueva York y allí se casó con un fotógrafo de moda y se convirtió en modelo. Juntos tuvieron una hija y su marido hasta le cambió de nombre y la rebautizó como Sara Lownds, dándole su apellido.

Pero si alguien se acuerda hoy de Sara no es por su primer marido, sino más bien por el segundo: Bob Dylan, con quien estuvo casada más de diez años (1965-1977). Ella inspira varias obras maestras del que para muchos es el mayor artista que dio la música (o más bien la poesía) en la segunda mitad del siglo XX. En 1966, para intentar rendir a su musa, Dylan le compuso la kilométrica «Sad eyed lady of the lowlands», una impresionante oda de once minutos y veintidós segundos, canción fija en los ránkings de las grandes tonadas de la centuria. Luego, cuando el matrimonio se enturbió, el músico intentó una última operación rescate dedicándole la bonita «Sara», que ella escuchó con una lágrima al otro lado del cristal del estudio de grabación.

Tras el áspero divorcio, Sara propició sin quererlo la resurrección artística de su ex marido, que volvió a firmar una obra maestra tras varios años de titubeos: «Blood on the tracks». Aquel disco no era más que el estallido reconcentrado de la rabia del poeta contra Sara, a la que con bastante crueldad dedicó la canción «Idiot wind», en la que le decía «eres tan estúpida que no sé ni cómo te acuerdas de respirar». Hoy Sara todavía vive y se lleva bien con aquel vagabundo superdotado con el que tuvo cuatro hijos, entre ellos el también músico Jakob Dylan, que alguna vez ha comentado que «Blood on the tracks» no son más que las agrias conversaciones de sus padres en la etapa terminal de su matrimonio.

Vida campestre

Pero antes de la hiel hubo miel. En el verano de 1968, cuando Dylan tenía 28 años y llevaba una vida familiar en su casa campestre de Woodstock, semi recluido y dedicado a criar a sus niños, Sara le regaló una caja de oleos y pinceles. Bob se enganchó y tomó clases con un vecino artista, Bruce Dorfman, que lo instruyó en los rudimentos básicos. Dorfman ha contado que Dylan quiso jugar a lo grande en el arte. Al principio pretendía ser Vermeer, luego, Monet, Van Gogh… y al final se decantó por imitar a Chagall, cuyo mundo onírico de figuras voladoras lo sedujo por completo y se convirtió en una obsesión para él.

Bajo la invocación de Chagall, el músico pintó un retrato de su mujer embarazada, recostada desnuda de torso para arriba sobre un canapé rojo. Un cuadro que colgó en el salón de su casa, como revela una foto de la biografía de George Harrison, en la que ambos rasguean sus guitarras en el salón de Dylan en Woodstock con la pintura al fondo. Con el amargor del divorcio, el músico regaló el retrato a un amigo y asistente personal. Desde entonces la obra ha vuelto a cambiar dos veces de mano y ayer su actual dueño lo puso a la venta en la casa de subastas de Christie’s del barrio londinense de South Kensington. La sorpresa es que la obra, cuyo precio de salida estaba fijado en 188.000 euros, no tuvo comprador. Dylan, que ha celebrado ya varias exposiciones de sus dibujos y pinturas, no parece suscitar como artista plástico el reclamo que concita como compositor y escritor. El pasado verano, Sotheby’s, la rival de Christie´s, vendió por 1,5 millones de euros la letra manuscrita por su autor de «Like a Rolling Stone».

El cuadro de Dylan, titulado Sara y que tiene un cierto aire a lo Modigliani, llevaba varios días expuesto en el escaparate de Christie’s en Kensington, compartiendo vitrina con una guitarra Gretsch Iris Falcon verde de 2002, que había sido propiedad de Bono y lleva la firma de todos los U2. Tampoco el nombre de Bono ha resultado un imán en la puja, pues el instrumento no fue despachado.

«Pop Culture»

El cuadro y la guitarra formaban parte de una gran subasta de recuerdos del rock, titulada «Pop Culture», donde por supuesto había montones de objetos asociados a los Beatles y alguna horterada memorable, como una bici de lentejuelas de Elton John, que tampoco halló comprador. El gran triunfador fue bastante inesperado: un sombrero de copa con los colores de la bandera estadounidense, que perteneció a Jerry García, el guitarrista de Grateful Dead –por cierto, de ancestros gallegos- por el que se pagaron 93.000 euros.

La subasta discurrió con bastante público en las sillas reservadas a los compradores y con esa tranquilidad absoluta que impera en el ceremonial inglés. El segundo objeto más cotizado fue la letra de «Maxwell’s Silver Hammer», escrita por su autor, Paul McCartney, para el último disco que grabaron The Beatles, alcanzó los 26.700 euros. Algo más que el manuscrito de «Acid Queen» de Pete Townshend, que se quedó en 23.200.

La subasta estaba llena de curiosidades para los obsesos de la cultura pop. Por ejemplo, se vendió por 22.000 libras un contrato firmado por losDoors, en el que se comprometían –de manera premonitoria- a renunciar a seguir con el nombre del grupo si alguno moría o si se separaban. Pero Jim Morrison cambió de mundo por la vía rápida y los supervivientes no pudieron resistirse a una gira crematística con un cantante de pega. Hubo, por supuesto, muchas guitarras. Por una de Eric Clapton se pagaron 6.000 euros. El venerable maestro Mano Lenta toca mejor y cotiza más que los zarrapastrosos Sex Pistols, cuya guitarra costó la mitad: 3.200. Un (feo) busto de Lennon en bronce alcanzó solo 950 euros, menos que un traje de motorista de Marianne Faithfull, la que fuera novia juvenil de Mick Jagger y hoy madura gran dama del pop (re)sentido, que llegó a 10.200 euros, más que otro complemento motorístico, un casco de Elvis, de color azul eléctrico, porque la discreción nunca fue lo de El Rey (8.500).

A preguntas de ABC, Christei’s dice que no sabe todavía si el propietario del cuadro de Dylan preferirá retirarlo del mercado o intentar venderlo en una nueva subasta.