Leonard Cohen se regala un nuevo trabajo por su 80 cumpleaños - afp

La nueva ceremonia de Leonard Cohen

El canadiense celebra su 80 cumpleaños con «Popular Problems», un trabajo desnudo que vuelve a acercarle al blues

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A Leonard Cohen (Montreal, 1934) le gusta bromear asegurando que nació con traje, un guiño a esa sempiterna elegancia que empapa toda su obra y que, cómo no, se filtra verso a verso y gota a gota en «Popular Problems», trabajo con el que el canadiense reaparece en el mercado discográfico apenas tres años después de publicar «Old Ideas».

Un lapso inusualmente breve para un artista que en las últimas dos décadas solo había publicado cuatro trabajos de estudio y que llega a los 80 -los cumplirá el próximo día 21 de septiembre, dos días antes de que «Popular Problems» llegue a las tiendas- redoblando su apuesta por la desnudez y aliándose de nuevo con Patrick Leonard, coautor junto a Madonna de éxitos como «Like a Prayer» y «La Isla Bonita» y colaborador de Cohen que ya participó en la composición de algunas canciones de «Old Ideas».

«Cuando te pones a escribir ante el folio en blanco, o coges la guitarra, siempre empiezas desde cero, eres un absoluto principiante, es una lucha contra el silencio, contra tus propias debilidades, no puedes pararte a pensar si influyes o te influyen», aseguraba poco después de recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2011 un Cohen que, a un paso de los ochenta, se disfraza una vez más de aprendiz para levantar un nuevo y emocionante monumento de blues ingrávido y folk espartano. Un pellejo más o menos nuevo para una vieja ceremonia que el bardo de Montreal rubrica con nuevos fichajes -no aparecen en los créditos ni Sharon Robinson ni Jennifer Warnes, voces que Cohen sustituye aquí por las de Charlean Carmon y Dana Glover- y limita su colaboración con Anjani Thomas a una única canción.

Abre esta nueva colección de letanías y confesiones «Slow», un blues mínimo y herrumbroso, elogio de la lentitud con explosión de voces femeninas en los coros. «No es porque sea viejo, siempre me ha gustado lento», sentencia Cohen. Y así, con su deliciosa parsimonia, ese paladear los versos con una voz de abismo inexplorable, el canadiense entrega nueve canciones nuevas en los que aparca la carnalidad para cubrirse con el manto de la canción de autor ascética y espectral.

«Amost Like The Blues» se acurruca junto al piano entre asesinatos, violaciones y aldeas en llamas para desenterrar a Cohen más crepuscular y diletante. Aquí está, entre susurros masticados, el cronista del desencanto, el narrador de «The Future», mirando desde la distancia una sociedad tocada y hundida. Ante semejante panorama, solo queda una opción: dejar que a uno se le congele el corazón «para mantener lejos la podredumbre».

Con «Samson In New Orleans», Cohen suena más Tom Waits que nunca, con un órgano quejumbroso aupando a un cantante que se presenta aquí tan sabio como envejecido. Un himno monacal y de clima litúrgico suavemente acunado por un violín. El blues vuelve a asomar la cabeza en «A Street», con Cohen adoptando el papel de poeta desencantado que recita más que canta y se aclara la garganta para ajustar cuentas con el futuro. «La fiesta se ha acabado», anuncia justo antes de que los coros femeninos empiecen a enredarse en su garganta de granito.

«Alguna vez te amé, alguna vez te necesité?», se pregunta Cohen en «Did I Ever Love You», amago de blues cavernoso que las voces de transforman en un suave y agradable paseo de country. «¿Alguna vez fui alguien capaz de amarte para siempre?, se cuestiona Cohen», el amante impenitente, el eterno desencantado. «My Oh My» se acerca al soul al ralentí con vientos gozosos y coros expansivos para firmar una de las piezas más vigorosas del disco y «Nevermind»recupera el sintetizador y ese sonido que convirtió en seña de identidad en los ochenta para acuñar una vez más referencias bélicas, religiosas e históricas, mirar de reojo a «First We Take Manhattan», y deslizar cenefas arábigas . «No podría matar de la manera que tu matas», concluye el canadiense.

Con «Born In Chains», Cohen hace memoria y, a un paso del gospel, recupera una de las piezas que ya interpretaba en directo en 2010. Historia, huida y exilio, siempre reforzados por esos coros femeninos que el canadiense ya ha convertido en marca de fábrica. «You Got Me Singing» despide el disco con Cohen cantando a pesar de todo, «aunque el mundo se haya ido», y un violín zíngaro abriéndose camino a través del folk y despidiéndose con una estela de elegancia y perdurabilidad.

Ahí está Cohen, pues, cantando hasta el final del amor y certificando a lo grande ese renacimiento que empezó a gestarse en 2008, cuando, tras casi tres lustros alejado de los escenarios, reapareció con torrenciales actuaciones de más de tres horas. Nunca escondió el canadiense que su principal motivación para volver a la carretera era recuperar el dinero que le había birlado su exmáganer, Kelley Lynch, quien se apropió de cinco millones de dólares del cantante, pero una vez le cogió el gusto ya no pudo volver a bajarse. «Tuve la oportunidad de restaurar mi pequeña fortuna en un año o así, pero seguí de gira», aseguraba en una entrevista un Cohen que, sin embargo, no tiene aún fechas programadas para presentar en directo «Popular Problems».