Música

Leo Nucci, un barítono del más allá

Día 09/05/2014 - 20.14h

El barítono italiano participó este lunes en el ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela, una velada que culminó con 45 minutos de propinas entre las que no faltó el aria «Si, vendetta», de Rigoletto, junto a la soprano María José Moreno

En el mundo de la interpretación musical, particularmente en el del canto, escasea la personalidad que, poco a poco, ha cedido el sitio a la obsesión por lo perfecto y la homogeneidad en el estilo. Suena todo tan corriente, empiezan a ser tan sutiles la diferencias que proponen aquellos que tienen algo que decir que sólo cabe rendirse ante la presencia de una voz arrolladora como la de Leo Nucci. El barítono dice estar mayor y es verdad. Pero poco importa que la afinación empiece a renquear, que tarde en colocar la voz en la posición adecuada, que trampee adornos y otras dificultades. Por encima de cualquier circunstancia inmediata se impone una manera que atrapa al oyente y le transporta a una dimensión muy poco transitada.

Leo Nucci se ha presentado en el Ciclo de Lied junto al Italian Chamber Ensemble. Veinticinco años juntos implica veteranía y hasta un encanto un tanto decadente. El cuadro es de época: más propio de un balneario ultramontano que de una exigente sala de conciertos. Y en ese contexto se insiste en hacer valer el estilo muy particular de quienes se enrocan en la emoción de un melodismo honrado, fluido, reconfortante y hondamente italiano. En el camino hubo lugar para las canciones de Tosti, que Nucci salvó con su mejor histrionismo, las «Preghiere» de Verdi, alarde de «fiato», otras de Curtis, Favo, Buzzi-Peccia y Leoncavallo, además de selecciones instrumentales sobre temas cinematográficos de Morricone y Rota.

En busca de una soprano

Hasta ahí una de las caras del concierto. La otra llegó porque así lo esperaban todos los espectadores que llenaron el aforo del Teatro de la Zarzuela, y porque es en la ópera desde donde Nucci todavía domina el mundo. En un alarde de facultades que muy pocos, incluso siendo jóvenes, podrían emular, cantó, fuera de programa y durante casi tres cuartos de hora, cinco importantes arias y una canción. Comenzó con la cavatina de entrada de Figaro, en una interpretación arrolladora. Siguió la escena completa de la muerte de Rodrigo antes de llegar al inevitable «Rigoletto».

Hace cinco años que Nucci consiguió con esta obra hacer el primer bis en la era moderna del Teatro Real. Se lo recordó al público después de interpretar «Cortiggiani, vil razza dannata!» y no sin dejar de lamentarse de que le faltara una soprano. Fue entonces cuando en el patio de butacas apareció, con aire de sorpresa improvisada, María José Moreno con quien repitió la hazaña de volver sobre aquel «bis», «Sì, vendetta», y repetirlo todavía una segunda vez con una presteza que muy pocos alcanzan. El golpe de efecto estaba conseguido, pero no el cierre.

Nucci aún canto la canción «Non ti scordar di me» y «Di provenza», el aria de Giorgio Germont en «La traviata» cuando ya medio aforo había desalojado el teatro y el otro medio se negaba a dejarle abandonar el escenario. No cabe imaginar un mejor ejemplo de resistencia, una mayor demostración de poder, de autoridad y de teatralidad. La actuación de Leo Nucci en el Ciclo de Lied ha sido el último hito de un artista con clase. De los que tan poco abundan.

Ciclo de Lied ****

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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