El legado póstumo de Paco de Lucía

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La copla le perdía. Toda la discografía de Paco de Lucía está determinada por este género. Decía que los compositores de copla eran una fuente inagotable para la renovación del flamenco. Y en sus falsetas hay decenas de referencias a partir de las cuales se inspiraba para componer su propia música. En 1967, con veinte años, grabó con su hermano, Ramón de Algeciras,«Canciones andaluzas para dos guitarras». Fue una declaración de intenciones. Durante cuarenta años Paco ha defendido el género español por antonomasia sin complejos. Por eso estaba preparando un nuevo disco basado en los clásicos de Quiroga, Solano y otros tantos maestros de esa estirpe. Pero esta vez dando un paso más allá. Llevaba más de un año encerrándose cada noche en su estudio, siempre a orillas del mar, en México o en Mallorca, para encontrar puntos en común entre las coplas clásicas y los estilos básicos del flamenco. Meter «Pena, penita, pena» en los tiempos de una soleá o «María de la O» por bulerías era su mayor motivo de desvelo últimamente.

El disco está prácticamente terminado. El perfeccionismo enfermizo de Paco le mantenía todavía haciendo cambios a sus composiciones para dejarlas exactamente como las tenía en su cabeza. Pero el tronco de la obra ya estaba grabado. Y estaba lleno de sorpresas. Una de ellas, la voz de Estrella Morente. Curiosamente, Paco nunca acompañó a Enrique, una espinita que los dos se querían sacar y que la muerte repentina del maestro de Granada impidió cuando estaba a punto de producirse el histórico encuentro. Su manera de curar esta herida fue acompañar a la hija del albaicinero, a la que el de Lucía admiraba. Lo hizo en el disco «Autorretrato» de Estrella, donde hacen las «Seguiriyas de la verdad». El pago fue cantar en el disco de copla del maestro. Ambos han guardado como oro en paño el secreto de la pieza a la que le metieron mano. ¿María de la O?

Pero tal vez el encuentro más llamativo de esta nueva propuesta es el que se produce con Parrita. El gitano de Valencia ha sido siempre uno de los ecos más admirados por todos los flamencos. Porque canta sin contemplaciones. A Paco siempre le volvió loco. De hecho, lo llevó en alguna gira para que cantara por tangos junto con su hermano Pepe hace 20 años. Y en su última vuelta al mundo, culminada el pasado mes de noviembre, también tiró de él.

Ocurrió por ejemplo en su concierto de Barcelona. De alguna manera, Parrita le ha recordado siempre a Camarón sin parecerse en nada a él. Por eso Paco fue en su búsqueda para este disco, que había cuidado hasta el estrago. Decía que la presión que sentía por tener que contentar a la gente cada vez que publicaba algo nuevo era insoportable. Por eso tardó una década en volver a grabar.

A su aire

Como en «Cositas buenas», este trabajo también lo estaba haciendo por su cuenta. En su pequeño estudio de su casa de Cancún. A ratos. Sin agobios de ninguna casa discográfica. A su aire. En estos años ha grabado así discos de algunos cantaores jóvenes, como La Tana, y ha hecho colaboraciones con otras figuras, como el acompañamiento a las alegrías del último disco de Miguel Poveda, «Artesano». Esa colaboración la hizo a distancia. Poveda le envió su voz grabada desde Sevilla y el maestro le hizo el acompañamiento desde su casa de Mallorca. Así funcionaba Paco. Y así ha grabado su obra póstuma, entre otras muchas pruebas inéditas que a buen seguro andarán guardadas en sus discos duros.

Pero su obra sobre la copla no era su única tarea últimamente. También había grabado un documental cuyo guión había escrito su hija mayor, Casilda, que es periodista. Su propio hijo Curro lo había grabado, según aseguran sus allegados. Estaban en la fase de montaje de una pieza audiovisual en la que Paco se abre de par en par. Es una especie de continuación de otro documental que hizo hace unos años en su playa en el que, desde su hamaca, recordaba los grandes hitos de su vida. Pero este ahondaba más en su filosofía que en sus gestas. Es más introspectivo, dicen.

Se puede ver a Paco cocinando el pescado. Yendo al mercado a comprar. Navegando por sus recuerdos más íntimos. Ha trascendido poco sobre ese trabajo, pero probablemente vuelve a girar en torno a una de sus frases míticas: «Constantemente huyo de Paco de Lucía y busco a Francisco Sánchez Gómez». Desde México buscó siempre también sus raíces, a las que se aferraba con rabia: «Mi revolución ha consistido en dar pasos adelante pero con una mano siempre agarrando lo de atrás». Su disco sobre la copla será otra ruptura por eso. Quienes han escuchado las pruebas sostienen que, como siempre, habrá un antes y un después. Y Paco, que ayer descansó por fin en sus raíces, ya no sufrirá más la angustia de tener que volar para emocionarnos.