El pop francés recuperó su esplendor en los años 90 gracias a la labor de músicos como Benjamin Biolay, Yann Tiersen o Dominique A. Este último, con veinte años de carrera a sus espaldas, vive uno de sus momentos de mayor esplendor y productividad: el pasado año reeditó su discografía y lanzó una entrega más, «Vers les Lueurs». Además, publicó un libro autobiográfico, «Y revenir». Hoy mismo inicia un largo recorrido por España que comienza en Gerona.
Al situar el nuevo disco frente a los anteriores, ¿le ha hecho sacar alguna conclusión nueva con respecto a su evolución?
«Hay una misma melancolía en todos mis discos»
Con la perspectiva de los años, ¿qué recuerdos esenciales guarda del primer álbum, «La fossette»?
El de una gran soledad cuando lo grabé, en una habitación con una ventana abierta con vistas a los árboles, y una verdadera apertura a la vida cuando la gente lo escuchó y les gustó.
¿La evolución musical refleja también una evolución personal?
Seguro, porque las canciones no son divanes. Pero, en conjunto, tengo el sentimiento de que aprendo permanentemente a desposeerme de lo que escribo, trabajando con músicos y productores diferentes a lo largo de los años, y a encontrar en lo que me proponen aquello de lo que me puedo apropiar para continuar siendo creativo y no plantear siempre la misma canción. Dicho esto, no sé en qué medida he cambiado después de veinte años. Hay momentos en los que me siento como el joven receloso de «La fossette», preocupado por preservar su libertad.
Dentro de esa carrera, ¿qué representa «Vers les Lueurs»?
Pienso que es necesario partir de mis discos abiertos, como «La memoire neuve» o «Auguri», unos discos en los que yo intenté proponer una música más luminosa y accesible, y generalmente son trabajos bien recibidos por el público. Pero no me siento obligado a hacerlo así, es mi estado de espíritu del momento. Puedo tener ganas para el próximo lanzamiento de volver a cosas menos evidentes, incluso si considero que globalmente ninguno de mis discos es difícil: son canciones bastante clásicas en la escritura y sin voluntad experimental.
En alguna entrevista ha declarado que le parecía que este álbum le parecía más novedoso a otras personas que a usted mismo. Ahora que han pasado varios meses de su publicación, ¿sigue pensando lo mismo?
«El cuidado en los arreglos me ha permitido tener historia»
«Vers les Lueurs» es un trabajo especialmente luminoso en una época particularmente oscura. ¿Ha sido a propósito?
No, no me preocupé de eso. A decir verdad, desconfío de la visión que tenemos de la época que vivimos, sin perspectiva ni distancia. Es cierto que vivimos en un ambiente de crisis, y en España sabéis bien de qué va la cosa, pero al menos ya no estamos en guerra. Creo que es preferible vivir en 2013 en Europa que en 1943. En toda obra de arte la época viene a colarse, el artista la quiera o no la época está presente en su trabajo, aunque la rechace; ella está ahí, en el corazón de sus palabras, sus notas, sus imágenes. Así que para un artista, reaccionar conscientemente en razón a la época que vive en su trabajo es darle dos veces más importancia, con el riesgo de que ella parasite en aquello que tiene que decir realmente, aquello ligado a su historia íntima y no a la de su época. La época es un vampiro para el arte, hay que intentar mantenerla a distancia, si no se hace un arte perecedero.
Contrariamente a lo que ocurría hace veinte años, ¿existe hoy la sensación de que un artista se juega su carrera con cada nuevo álbum?
«Hay vida después de un disco, sea bueno o malo»
¿Qué ha significado escribir un libro tan personal como «Y revenir»?
Es como una larga introspección y, sobre todo, una investigación sobre la lengua mucho más exigente y precisa que la escritura de canciones. Solo las palabras cuentan, no hay notas de música para darle otro color o para completar el trabajo. Es también, para mí, una manera de terminar con una frustración relacionada con la escritura literaria, algo de lo que yo huía, porque pensaba que mi estatus de cantante me quitaba toda legitimidad para intentarlo. ¡Tenía que asegurarme de que aquello no se iba a convertir en un arrepentimiento eterno!
Por último, ¿qué pide para el 2013?
Lo mismo que para los 44 años precedentes: amor.








