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La nueva vida de Gómez Martínez

Día 23/11/2012 - 01.44h
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El director de orquesta Miguel Ángel Gómez Martínez, con una larga trayectoria nacional e internacional en el repertorio sinfónico y operistico debuta en el género de la zarzuela este viernes en Madrid con el «Juramento» de Gaztambide

Miguel Ángel Gómez Martínez (Granada, 1949) parece un niño con zapatos nuevos. Su rostro desprende luz y entusiasmo, como si se tratara casi de un adolescente. El motivo de esta actitud lo encontramos muy cerca de él, se llama Alessandra, que es su esposa desde hace dos años y medio. Granadina como él, no se pierde ni un detalle de la entrevista.

El director de orquesta se encuentra estos días en Madrid, donde ensaya «El juramento», obra de Gaztambide con la que Gómez Martínez debuta en el género de la zarzuela -que no será el único pues está negociando con Pinamonti otro para futuras temporadas-. Algo que no deja de llamar la atención pues durante seis años, entre 1985 y 1991, fue director musical precisamente del teatro que lleva este nombre. «Pero entonces la programación estaba más centrada en la ópera», se justifica. Han pasado dos décadas desde el último título que dirigió aquí, en el Teatro de la Zarzuela. Mientras tanto ha seguido surcando el mundo con su batuta y su prodigiosa memoria (no le hace falta partitura). De puntualidad suiza, es también muy preciso y cuidadoso a la hora de abordar cualquier obra, porque para él, el compositor es el que manda.

-¿Por qué ha tardado tanto en dirigir una zarzuela?

-Debuto ahora con una obra escenificada pero ya había dirigido alguna en versión concertante, como "El caserio", en esta casa; y "Las golondrinas" de Usandizaga, de la que hay también una versión de ópera pero yo hice la original, que ya sabe usted que mi manía es la de respetar el deseo del compositor. Fuera he hecho muchos fragmentos de zarzuela. Siendo director de la Orquesta Sinfónica de Hamburgo, que imitaba el concierto de Año Nuevo de Viena, yo lo transformé un poco incluyendo intermedios, preludios, romanzas y dúos de zarzuela. Una zarzuela completa en Alemania es difícil de hacer porque no tiene éxito, ya que hay muchas cosas típicamente españolas, y con un humor muy especial, lleno de dobles sentidos que no se pueden traducir. Sin embargo, la música gusta mucho en cualquier sitio. Aquí no había dirigido zarzuela porque cuando me llaman es para hacer ópera.

-Usted es de los que si no le gusta el planteamiento del director de escena se apea del proyecto, algo que no le ha sucedido con Emilio Sagi, responsable de esta producción que vuelve a reponerse en el Teatro de la Zarzuela después de doce años.

-He trabajado mucho con Emilio Sagi, cuyos montajes pueden ser más o menos modernos pero siempre respetan la esencia de la obra. Que se coloque en uno o en otro siglo, mientras resulte lógico y veraz, no supone ningún problema para mí. Hay otras obras que no se pueden sacar de su marco temporal porque tienen referencias históricas, y ahí es un crimen. En este caso, en "El juramento", ni siquiera se cambia de época.Es un trabajo muy fino, muy bonito y con mucho humor, aunque el argumento sea bastante dramático.

-Una de las aportaciones del nuevo director de este teatro, Paolo Pinamonti, es fichar a batutas que tienen carrera internacional, pero que no se prodigan en este género quizá por considerar que es un género menor...

-Ni muchísimo menos. Hay zarzuela que no tienen nada que envidiar a primeras óperas de Verdi, de Bellini, Donizetti. De hecho, "El juramento", además de tener ritmos y melodías del folclore español, en algunos momentos puede recordar las óperas cómicas de Donizetti e incluso algunas óperas dramáticas.

-Tras su participación en "La forza del destino" en la primera temporada del Real tras su reapertura no ha vuelto a dirigir ópera allí aunque sí algún concierto con la Sinfónica de Madrid, ¿ha mantenid alguna conversación con Gerard Mortier?

-En el último concierto con la Sinfónica vino a saludarme al camerino y fue muy amable y simpático, como es siempre que quiere. Me dijo que seguía mi carrera durante estos años, pues yo le conocí cuando él estaba en la Ópera de Francfort, en 1975.

-¿Le ha sorprendido la trayectoria que ha tenido Mortier a lo largo de estos años?

-No, porque sé que tiene unas cualidades muy especiales. Es una persona válida, culta y hábil. Tiene muchas cualidades que le han permitido llegar donde él ha querido, que ha sido a una posición muy influyente, en teatros muy importantes, y también en el Festival de Salzburgo.

-Siempre que le hacen una entrevista le recuerdan que debutó como director de orquesta con siete años (a los 13 obtuvo el titulo de profesor de piano y a los 17 gano el premio extraordinario de composición del Conservatorio de Madrid). Ahora con el paso de los años, y cuando tal vez la juventud está sobrevalorada, ¿cree que la experiencia es un grado?

-Sin duda, pero eso no quiere decir que un director joven no pueda ser un buen director, lo que no significa que un director mayor tenga que ser un buen director...

-A muchos les cuesta abandonar la batuta, a pesar de que les abandone la salud.

-Eso es algo que le digo muchas veces a mi esposa, que no quiero que me pase lo que a ciertos directores muy famosos que al final ya no dirigían, estaban allí y movían las manos más o menos y el que dirigía a la orquesta era el concertino, pero como tenían un gran nombre se mantenía. Por eso, en el momento que no esté en plenitud de facultades físicas, le he dicho a mi esposa que no me deje dirigir.

-Además de director de orquesta es compositor. En 2010, incluso escribió una ópera: "La niña de Kiev".

-El problema de esa ópera es el texto, que rechazan todos los editores y que se basa en un cuento infantil inspirado en hechos reales. Sin embargo, de la música dicen que es muy buena, y se va respetar aunque cambiaremos el texto.

-¿Qué le aporta la composición?

-Creo que es la máxima realización que puede tener un artista: crear de la nada. Nosotros, los intérpretes, por muy creativos que seamos nuestra obligación es reproducir lo más fielmente posible las intenciones del compositor, sin añadir ni eliminar nada de lo que haya querido decir. Siempre me acuerdo de una frase de mi profesor, Hans Swarowski, que decía que un compositior genial no necesitaba ayuda y un compositor que no lo era no se la merecía. Los intérpretes debemos ser humildes, aunque eliminar la propia personalidad es muy difícil.

-Casi todas sus composiciones las ha hecho como respuesta a un encargo, ¿en qué está trabajando ahora?

-Desde que me he casado quiero enfocar mi vida de una manera más tranquila, menos viajera.

-Ha roto una de sus reglas. En alguna entrevista decía que no había formado una familia porque veía como muchos compañeros pasaban meses lejos de sus casas..., pero al final ha caído.

-Pero hay motivos para caer (risas)... No voy a dejar de dirigir y mientras haya ofertas interesantes lo haré, pero no voy a hacer lo de antes, unos días en una ciudad, otros en otra. Ahora prefiero pasar más tiempo, como aquí por ejemplo, donde estaré dos meses. Además, acompañaré a mi mujer a sus congresos.

-No es muy habitual que un hombre, con un trabajo sobresaliente, vaya de consorte con su mujer...

-Su trabajo es muy interesante, y en muchas ocasiones le puedo aportar muchas cosas pues tiene un trabajo muy internacional. Además, al ser un director más estable tendré más tiempo para componer.

-Usted que pasa mucho tiempo fuera de España, ¿cómo ve la situación de la cultura en nuestro país en estos momentos de crisis? ¿Estamos pagando los excesos del pasado?

-Sí que creo que en algunos lugares de España se ha gastado demasiado, y no hace falta dar ejemplos concretos. Sin embargo, hay otros lugares -Orquesta de Málaga, Teatro de la Maestranza, Teatro Villamarta de Jerez- que se ha sobrevivido con presupuestos modestos que ahora son recortados porque se ha gastado mucho en otros proyectos más vistosos. Es un panorama desolador, y no sé dónde está la solución porque es un hecho endémico que cuando hay dificultades económicas lo primero que se recorta es la cultura. Y ya sabemos que la comida es el alimento del cuerpo, pero la cultura es el alimento del alma. Eso no hay que ignorarlo.

-¿Cómo se está gestionando la crisis en otros países, como Alemania, al que acude con frecuencia?

-Está afectando, pero menos. Los teatros que menos dificultades tienen son las óperas de Viena, Berlín, la Scala de Milán, Covent Garden porque son teatros emblemáticos que de alguna manera hay que salvar. El panorama lo veo muy negro a no ser que suceda algo extraordinario y quienes manejan los presupuestos generales del Estado se den cuenta de que la cultura es tan vital como otras cuestiones más crematísticas. Yo he hecho algunas propuestas a artistas, pero de eso todavía no puedo hablar hasta ver si se llega a un acuerdo.

Cartas de un enamorado

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