Cultura - Libros

La trinchera femenina de la posguerra

Un libro recupera la vida y la obra de Carmen Laforet, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute, Josefina Aldecoa o Dolores Medio, referentes culturales de una España oscura

Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Carmen Laforet
Carmen Mart√≠n Gaite, Ana Mar√≠a Matute y Carmen Laforet - EUGENIA √ĀBALOS

Apenas un año después de que «Nada», la primera novela de Carmen Laforet, ganara el premio Nadal en 1945, Juan Ramón Jiménez tuvo ocasión de leer el libro durante su exilio en Washington, donde daba clases en la Universidad de Maryland. La novela le causó una profunda impresión. «Le agradezco la belleza tan humana de su libro», le escribe, sin haberlo terminado. El poeta siente la necesidad de interrumpir su lectura para comunicarle su veredicto a la joven autora, que por entonces tenía 25 años. La considera «novelista de novela sin asunto, como se es poeta de poema sin asunto» y pide que le envíe «dos o tres ejemplares» de «Nada» para «ver si podemos interesar a algún editor norteamericano en su libro y que sea traducido y publicado aquí».

Carmen Laforet
Carmen Laforet

Pero la de Juan Ramón no fue una reacción aislada. La novela de Carmen Laforet fue recibida en el exilio como un aliento de esperanza, que venía a demostrar que «tierra adentro» no todo eran loas. Ya lo advertía el Nobel español en la misiva que Carmen Laforet recibió en su domicilio: «”Nada”, como todo lo auténtico, es de aquí también, y de hoy, y será de mañana». Y no se equivocaba. Con el paso del tiempo, aquel libro fue pasando de generación en generación, dejando en cada lector el poso de la literatura que transforma, aunque permanece inalterable. Así hasta que llegó a manos de la periodista y escritora Inmaculada de la Fuente, que de las páginas de «Nada» se fue a las de «Entre visillos», de Carmen Martín Gaite, y después comenzó a leer a Ana María Matute. Aquel triunvirato de grandes damas de la novela española llevó a De la Fuente a escribir «Mujeres de la posguerra» (Sílex), un libro que recupera la vida y la obra de intelectuales y artistas que se convirtieron en los referentes culturales de una España oscura. La obra, que llega esta semana a las librerías, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, devuelve a la actualidad a quienes libraron batallas en solitario para que, años después, sus hijas y sus nietas pudieran disfrutar de la libertad que a ellas les fue arrebatada.

«Al leer a Laforet, a Martín Gaite y a Matute me di cuenta de que sus obras reflejaban muy bien lo que fue la posguerra para las mujeres, eran el espejo de las españolas de la época», recuerda De la Fuente, en conversación telefónica con ABC. Pero, para explicar aquel periodo, no solo podía centrarse en las escritoras que estaban en España, también debía apoyarse en las que sufrían el exilio. «Esa ausencia y esa lejanía estaban reflejando la amputación que supuso su obra por estar lejos y las heridas de la guerra, que no acababa nunca», explica la autora. Fue entonces cuando armó «un libro bastante original, un poco a la carta». La primera parte, dedicada a «Los desolados 40», se centra en Carmen Laforet; la segunda, que aborda «El lento despertar de los 50», recoge las vivencias de Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Dolores Medio, Mercedes Formica y Mercedes Salisachs; y la tercera y última parte, centrada en «Las creadoras del exilio», recupera a Rosa Chacel, María Zambrano, Mercé Rodoreda, María Teresa León, Maruja Mallo y Concha Méndez.

Ana María Matute
Ana María Matute

Todas ellas, a juicio de la autora de este libro, «están muy vivas, son muy actuales». «La posguerra está muy marcada por el horror moral, el resultado previsible de una guerra civil cruel, pero ellas fueron muy valientes, no siguieron los caminos fáciles, sino los que ellas creían que tenían que seguir», remata. En un ambiente de desolación, de tristeza, plagado de silencios, ellas tomaron la palabra en sus obras y dijeron tanto que aquellos libros se nos presentan, aún hoy, como los eslabones perdidos de un pasado aún reciente. Novelas como «Nada», capaz de poner nombre, sin apenas decir, al paisaje, físico y moral, de aquella época;como «Los hijos muertos», de Matute, reflejo de que hasta los vencedores perdieron; o como «Usos amorosos de la postguerra española», que Martín Gaite decidió escribir mientras veía, en un bar cercano a su casa, el entierro de Franco. «Las tres recorrieron un largo camino en el que más de una vez se debieron sentir pioneras y solas, bien sea en el largo paréntesis en el que la Sección Femenina regulaba y encorsetaba el destino de las mujeres, o cuando la evolución de las costumbres les fue colocando ante situaciones personales que de jóvenes no previeron. Fueron de las primeras españolas que accedieron a la universidad durante el franquismo, llevaron con naturalidad pantalones, fumaron y se separaron», comenta De la Fuente. Todo ello a pesar de que el franquismo «quiso exterminar todo vestigio anterior, pero ni la dictadura ni las ideas más peregrinas pueden cortar el flujo que hay entre generaciones, lo que demuestra la inutilidad de hacer un corte con el pasado».

«Sin sombrerismo»

La mujer por excelencia de la época era la que ejercía como «reina del hogar», aquella de los tiempos de Maricastaña. Pero, de alguna manera, había quedado la huella. Las mujeres que entonces tenían 20 o 30 años habían vivido la situación anterior a través de sus maestras o de familiares que se convirtieron en el ejemplo a seguir, pese a todo. Es el surgimiento del ahora felizmente recuperado «sin sombrerismo», inaugurado por Maruja Mallo, Concha Méndez y Margarita Manso. «La madre de Concha le dijo que como saliera sin sombrero la iban a apedrear y ella respondió que con esas piedras levantaría una estatua», recuerda, entre risas, De la Fuente. «Son mujeres que están hechas de otra pasta, que tienen sus objetivos y van un poco a contracorriente, aunque al mismo tiempo sufren todos los condicionamientos».

Carmen Martín Gaite
Carmen Martín Gaite

«También en lo personal eran valientes y rompedoras, tiraron de las españolas más timoratas», asegura De la Fuente, que destaca, por llamativos, los casos de Mercedes Formica, que «sin romper nunca con el franquismo tenía una gran sensibilidad social y al final de sus días confluyó con el feminismo moderado», y de Mercedes Salisachs, «representante de la burguesía, que tenía obras de carácter social que reflejaban bien el ambiente de la época». Sin olvidar a Mercé Rodoreda, cuyos cuentos «reflejan su exilio, su penuria»; a Rosa Chacel, «una de las mujeres españolas más brillantes del siglo XX»; o a María Teresa León, «en la que no había trampas, perezas, ni remilgos». Mujeres que se han convertido en la conciencia y en la memoria de todas esas lectoras que hoy, gracias a ellas, se sienten un poco más libres.

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