Entrevista

Miquel Porta Perales: «La única autodeterminación es la libertad individual»

El ensayista denuncia en «Totalismo» la manipulación emocional de los vendedores de felicidad

Miquel Porta Perales
Miquel Porta Perales - INÉS BAUCELLS

Miquel Porta Perales descubrió la palabra «totalismo» hace más de treinta años en una investigación del psiquiatra estadounidense Robert Jay Lifton sobre los exprisioneros de guerra de Corea del Norte y los exiliados de la China comunista. A diferencia del «totalitarismo», que emana de dogmas y regímenes políticos, el «totalismo» nace de la sociedad civil para «modular y controlar a la carta –en función de intereses y objetivos– la concepción del mundo, el pensamiento y la acción de los individuos», explica. El carácter «totalista» se revela en siete criterios que caracterizan también el funcionamiento de las sectas: control del ambiente, manipulación mística, demanda de pureza, confesión, ciencia sagrada (doctrina irrefutable), carga del lenguaje, persona asumida en colectividad y dispensación de la existencia (solo se es si se acepta la «verdad»).

«El totalismo es una forma de populismo», advierte Porta Perales. En el catálogo «totalista», el secesionismo se destaca por el abuso del lenguaje, la emocionalidad irracional, la movilización, el enemigo exterior, el victimismo, la Tierra Prometida... «Hay algo de soviético en el totalismo del nacionalismo catalán. Las asociaciones de la sociedad civil nacionalista, los artículos, las manifestaciones, los discursos, las proclamas, las pancartas, los lemas, las consignas y el lenguaje recuerdan la agitprop de los revolucionarios soviéticos», observa Porta Perales.

Partiendo de la «neolengua» que George Orwell imaginó en «1984», el ensayista compone un glosario del «totalismo identitario»: la «astucia» (deslealtad institucional), el Barça (aparato de propaganda), la Brigada Aranzadi (ridiculización de la legalidad), el «derecho a decidir» –que no figura en ningún tratado jurídico–, la «recentralización» (cuando el estado ejerce su autoridad), «diálogo» (sin referendum no hay nada que negociar), el «unionismo» que convierte a los adversarios en enemigos… En términos cartesianos, concluye Porta Perales, el discurso del método secesionista es «provoco, luego existo».

Un «menú de la felicidad» con el que independentistas y el «marxismo lenonismo» de la izquierda podemita aseguran que la única democracia auténtica es la que ellos proponen. A las recetas del «totalismo» y la comercialización emocional, el ensayista opone la duda sistemática de la tradición ilustrada: «La única autodeterminación es la libertad individual», concluye.

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