La escritora María Dueñas, fotografiada en las calles de Nueva York
La escritora María Dueñas, fotografiada en las calles de Nueva York - EFE

María Dueñas: «El éxito es la gasolina para seguir trabajando»

El escenario de su nueva novela es el Nueva York de la inmigración española de mediados del siglo XX, un mundo tan fascinante como poco conocido en nuestro país

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

La voz de María Dueñas (Puertollano, 1964) es fina, pero llega con fuerza en el salón principal de La Nacional, en la calle 14 de Manhattan, vacío a mediodía. En el pasado, fue un hervidero de gente que iba y venía, un collage de acentos españoles, un refugio donde dormían los recién llegados, donde se buscaba trabajo o amistades y, sobre todo, se suspiraba por España. Es el nombre por el que se conoce a la Spanish Benevolent Society, un centro benéfico fundado por emigrantes españoles en 1868 que hoy es el último reducto de lo que fue «Little Spain», una pequeña pero pujante comunidad establecida en el margen Oeste, cerca de los muelles del río Hudson. La Nacional es uno de los escenarios de la nueva novela de Dueñas, «Las hijas del capitán» (Planeta), y la escritora mira a sus muros como en un viaje abstracto en el que se mezclan la realidad histórica del lugar y la trama de ficción que surgió de su mente.

«Es conmovedor volver a pisar estos escenarios, por los que he pateado tantas veces mientras estaba escribiendo la novela», asegura la escritora. Su último libro, recién publicado, cuenta la historia de tres hermanas, veinteañeras, de Málaga, forzadas a emigrar a Nueva York por motivos familiares, y sus aventuras personales con el telón de fondo de la comunidad neoyorquina española de la década de 1930 en adelante.

Diáspora española

Dueñas quería escribir una novela sobre mujeres emigrantes cuando descubrió las investigaciones de James Fernández, profesor de la Universidad de Nueva York e hijo de la diáspora española en EE.UU., que ha dedicado su carrera a diseccionar las comunidades que se formaron en el país desde mediados del S.XIX. «Supe que había una colonia nutrida en Nueva York, que era muy desconocida en España, pero aquí todo el mundo sabía de su existencia. La idea era recuperarla», explica la autora. Así, se dedicó durante años a investigar esa comunidad y los vestigios que quedan de ella hasta montar «el andamiaje» de «Las hijas del capitán».

En él aparecen el barrio alrededor de Cherry Street en el Lower East Side de Manhattan, la primera comunidad importante española en la ciudad. Hoy no queda rastro físico de ella: la devoraron Chinatown y la planificación urbana posterior a la Segunda Guerra Mundial, que derribó buena parte del barrio para construir bloques de protección oficial. Tampoco queda mucho más que La Nacional en «Little Spain», en la frontera entre el West Village y Chelsea. Allí sobrevive algún restaurante español y la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. En Brooklyn, de la potente comunidad española surgida al calor de los muelles del East River solo resiste Montero’s, considerado el último bar de estibadores de Nueva York. Cuenta la leyenda que Frank McCourt vivió justo encima del bar y que allí empezó a escribir «Las cenizas de Ángela». Entrar en Montero’s es un viaje al pasado y presenciar su noche de karaoke, los sábados, una experiencia surrealista.

La colonia española es un universo fascinante, enmarcado en la dureza del Nueva York de las grandes oleadas migratorias -hubo épocas a finales del siglo XIX en las que entraban un millón de inmigrantes al año-: un acelerador de emociones, conflictos e identidades. «Yo quería contar esa capa subyacente, esas cuestiones transversales a la emigración. La sensación de desarraigo, el desconcierto, las redes de complicidad, la camaradería, la solidaridad entre compatriotas, cómo se vive con medio corazón aquí y medio corazón allí», asegura.

Dueñas se ha convertido en un fenómeno editorial desde la aparición, en 2009, de «El tiempo entre costuras», su primera novela. Con ella pasó de ser una profesora universitaria desconocida a una superventas. Asegura que lleva bien el paso repentino a la fama y al éxito. «Esa aceptación tan positiva lo que me da es energía, la gasolina para seguir trabajando. No me impone ninguna presión», dice, sobre las expectativas que crean cada una de sus novedades editoriales. «Intento dar lo mejor de mí y después que los lectores decidan».

En sus novelas, el protagonismo femenino es evidente, y «Las hijas del capitán» no es una excepción. Su publicación, sin embargo, coincide con una oleada de sensibilización frente a los abusos y discriminaciones sistemáticos a las mujeres, con movimientos como el #MeToo. «No pretendo hacer pedagogía, ni un manual de instrucciones de la perfecta mujer», dice una escritora con millones de lectoras, pero reconoce que construye «mujeres muy sólidas y que son admirables, pero no superheroínas». Para Dueñas, a pesar de los errores que haya podido haber en los movimientos feministas del último año, la reacción positiva es que han dado «mucha visibilidad, aunque hay que reconducirlo a posturas sosegadas y racionales».