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Luis Salvador de Austria, el primer hippie de Mallorca

Carme Riera revive en «Las últimas palabras» el «reino afortunado» del archiduque ecologista

La escritora y académica Carme Riera
La escritora y académica Carme Riera - EFE

Humanista y antropólogo, sentimental y positivista, heterosexual o, seguramente, homosexual, iracundo y solidario, la figura del archiduque Luis Salvador de Austria (1847-1915) da mucho de sí. Así lo demuestra Carme Riera en «Las últimas palabras» (Alfaguara), una novela en la que la escritora se mete en la piel del personaje para desbrozar una trayectoria vital que sigue planteando más preguntas que respuestas.

Nacido en el florentino Palacio Pitti y fallecido en el castillo checo de Brandys al poco de comenzar la Gran Guerra, Luis Salvador era el undécimo hijo de Leopoldo II y de María Antonieta de Borbón-Dos Sicilias. Primo del emperador Francisco José y de la emperatriz Isabel –la famosa Sissí–, podía vestir como un pordiosero: «No quería que le llamaran Alteza y se confundía con sus servidores», apunta la escritora y académica. Prototipo del viajero romántico y aficionado a coleccionar escarabajos, Luis Salvador depara muchas más facetas inéditas: «Su interés por viajar parece ser que respondía a su condición de espía. A pesar de que detestaba la corte, viajaba a menudo a Viena para entrevistarse con el emperador. De ahí que recorriera las costas mediterráneas, trazara planos detallados y comprara casas en lugares estratégicos».

Luis Salvador estuvo muy presente en el imaginario mallorquín de Carme Riera. En el centenario de su muerte, la escritora fue comisaria de una exposición que le permitió reencontrarse con aquel hombre singular: «El archiduque fue el primer hippie de Mallorca», afirma. En el verano de 2014, se sumergió en la correspondencia del archiduque que conserva el archivo del Consell de Mallorca: «Su interés por guardarlo todo hizo posible que al morir su madre se reunieran y enviaran a Mallorca las cartas que él le remitió a lo largo de su vida, una fuente extraordinaria para conocer las relaciones familiares y sentimentales de un hombre que no se casó», apunta.

Voz literaria

Cuando acabó su trabajo para la exposición, Riera no se resistió a evocar en forma novelada las memorias póstumas del misterioso archiduque. Al igual que hizo en obras anteriores como «En el último azul» o «La mitad del alma», en «Las últimas palabras», la escritora recurre al hallazgo de un manuscrito para dar voz literaria al archiduque, un ecologista avant la lettre que dedicó su fortuna a comprar la costa norte mallorquina, agreste y rocosa, salvando así el paisaje de la especulación: «No dejaba talar un árbol y construyó miradores para poder disfrutar de la puesta de sol… La única costa que se preserva en Mallorca es la que va de Valldemosa a Sóller, la del archiduque, milagrosamente preservada de los asesinos del paisaje. Es allí donde todavía es posible evocar su reino afortunado».

La vida novelesca de Luis Salvador atrajo a otros escritores, advierte Riera. Mario Verdaguer le otorga el protagonismo de «La isla de oro», Santiago Rusiñol lo elogia en «La isla de la calma», Llorenç Villalonga lo convierte en secundario de «Muerte de dama». Y Chales W. Wood, Miquel del Sants Oliver, Azorín, Miguel de Unamuno, Rubén Darío, Josep Pla, José M. Salaverría, Mary Stuart Boyd… «Todos alaban su sencillez, el interés por preservar el paisaje, el patrimonio isleño y su labor de mecenazgo».

Viajero compulsivo y políglota, el archiduque conjugaba su actitud desclasada con la misión política que comportaba ser miembro de la familia imperial. Amante de la belleza, vividor y, al mismo tiempo, autor de decenas de títulos, nos legó su obra magna «Die Balearen», fruto de sus encuestas antropológicas. Poco antes de su muerte, aconsejó al emperador Francisco Fernando que no se trasladara de Trieste a Saravejo… Aquel pacifista se llevó como último y funesto recuerdo la carnicería humana de la Gran Guerra. Si su primo le hubiera hecho caso, tal vez la historia europea habría sido diferente.

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