Richard Evans, durante la entrevista en el Hotel de las Letras de Madrid
Richard Evans, durante la entrevista en el Hotel de las Letras de Madrid - ABC

«El imperialismo se volvió contra Europa en la Primera Guerra Mundial»

Richard J. Evans publica «La lucha por el poder», un análisis del auge y caída del Viejo Mundo entre los siglos XVIII y XIX

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Para el profesor Richard J. Evans, de la Universidad de Cambridge, la historia de la Europa de los siglos XVIII y XIX es la de una potencia que pasó del todo a la nada. De tener la hegemonía en el mundo, a convertirse en un mero actor secundario que se destruyó a sí mismo en la Primera Guerra Mundial.

«Lo que unifica el periodo que va desde 1815, año en que acabaron las guerras napoleónicas, hasta 1914, es el dominio europeo sobre el resto del mundo. Después, el imperialismo comenzó a desmoronarse», explica a ABC. Con todo, cree que es necesario analizar los diversos factores que rodearon al Viejo Continente y, posteriormente, juntarlos en una madeja como si fueran hilos para comprender este proceso de ascenso y decadencia. Y eso es, precisamente, lo que ha hecho en su último libro: «La lucha por el poder» (Crítica).

Factores sociales, políticos, económicos... Todos influyeron para que Europa se convirtiera en la Estados Unidos de la época. Un camino que se inició, según Evans, de la mano de los ingleses. «Cuando acabó con el Imperio francés, Gran Bretaña se convirtió en el motor de la hegemonía», apunta. En sus palabras, la «Royal Navy» pudo importar y exportar todo tipo de mercancías a su antojo tras la capitulación de la flota gala. «Los ingleses controlaban los mares de todo el mundo», señala.

Auge y caída

A la zaga de Gran Bretaña, las naciones continentales iniciaron una expansión colonial que llenó de riquezas sus arcas. «Fue un siglo en el que Europa tuvo un dominio del mundo que jamás había logrado antes, y que no volvería a conseguir después», completa Evans. El potencial fue tal que terminó generando un sentimiento de superioridad excesivo en los europeos. «Al final del siglo llegaron a creer que los africanos y los asiáticos eran inferiores a ellos y que jamás podrían ponerse a su altura», indica.

Evans analiza todos esos factores para que el lector entienda por qué el Viejo Continente se alzó sobre el resto del mundo. Al menos, hasta la llegada del siglo XX. «En la Primera Guerra Mundial estas ideas se volvieron contra la propia Europa», explica. Y es que, «como ya no quedaban colonias que conquistar», las diferentes regiones tornaron sus ojos hacia sus vecinos más próximos. «Los franceses tenían sed de venganza después de haber sido vencidos por Prusia en 1871, los alemanes deseaban controlar el Viejo Mundo y Rusia, derrotada por los japoneses en 1904, entendía que solo podía expandirse a través del continente», destaca el experto.

«Al inicio de cada capitulo narro la vida de un individuo normal que guarda relación con el proceso histórico que se explica después»

Sobre esta base, Evans da forma a un relato que se eleva sobre dos pilares: datos históricos escrupulosamente contrastados y vivencias de personajes curiosos. Es capaz de hablar de la revolución que sacudió los cimientos de Europa en 1848 (en la que se obligó a algunos monarcas a ceder sus poderes), mientras cuenta el devenir de Giovanni Battista Belzoni (un forzudo que dejó de trabajar en el circo para convertirse en egiptólogo).

«Al inicio de cada capitulo narro la vida de un individuo normal y corriente que guarda relación con el proceso histórico que se explica después», determina. Así desgrana casi un siglo de cambios y explica desde la lucha contra el cólera y el tifus, hasta la importancia de la adquisición de derechos por parte de las mujeres.