Sara Mesa, fotografiada en Madrid
Sara Mesa, fotografiada en Madrid - ISABEL PERMUY

Así habla la nueva narrativa española

Sara Mesa y Jesús Carrasco son dos de los rostros más visibles de un nutrido grupo, sobrado de talento, en el que también destacan autores como Matías Candeira, Manuel Astur, Juan Gómez Bárcena o Elena Medel, entre otros

MadridActualizado:

A Sara Mesa (Madrid, 1976) le gusta concentrarse «en lo pequeño»; esa es su «apuesta narrativa» y con ella ha logrado convencer, y hasta poner de acuerdo, a crítica y lectores. Lo hizo, sobre todo, con «Cicatriz» (Anagrama), novela que publicó el año pasado y que formó parte de todas esas listas, que tanto nos gustan a los periodistas, con lo mejor de cada cosecha. Y volverá a hacerlo, sin duda, con «Mala letra» (Anagrama), el libro de cuentos que acaba de llegar a las librerías. El premio El Ojo Crítico de Narrativa, que esta semana recogía en Madrid, es el último credencial de que la suya es una carrera sólida, que empezó hace años (fue finalista del Herralde en 2012), aunque la desenfocada escena periodística no haya reparado en ella hasta ahora.

Los jóvenes autores se asoman cada quince días al espacio «Darán Que Hablar», en la web de ABC Cultural

No obstante, y aunque las etiquetas le parezcan «horribles», su voz es, junto con la de Jesús Carrasco (Olivenza, 1972), una de las más destacadas de la nueva narrativa española. Pero no están solos; cada quince días se asoman al espacio «Darán Que Hablar», en la web de ABC Cultural, jóvenes autores como Matías Candeira, Manuel Astur, Juan Gómez Bárcena, Gabriela Ybarra… La nómina es inagotable, como su talento, prueba irrefutable de que el futuro de nuestras letras está más que asegurado.

«Percibo coherencia en lo que hago», confiesa Mesa en una improvisada charla en un hotel de Madrid. «Quizás estoy abandonando el territorio simbólico y mis historias son un poco más realistas. Al final, lo importante es la libertad de que uno escriba como pueda o quiera; yo escribo como puedo». La autora de «Cicatriz» es consciente de que «el oficio se coge leyendo mucho», pero igual de importante es «tener algo que decir».

Pequeños detalles

En su caso, ese «algo» se centra en los pequeños detalles, casi psicológicos, que definen nuestro comportamiento y nos hacen profundamente humanos. «No me interesa hacer una literatura que esté anclada en su momento. No te puedes abstraer de quién eres, ni de tu época, pero el contexto debería influir lo menos posible en lo que escribes, tenemos que mirar un pasito más allá». Lo dice alguien cuyo referente es Hipólito G. Navarro (con lo que eso supone), pero que tiene claro que a ella, más que ciertos autores (Rafael Chirbes dijo de ella que trabaja «con precisión de orfebre»), lo que le influye es la vida, las cosas que le pasan. De ahí a la hipotética función social del escritor hay sólo un paso, que Mesa se cuida mucho de dar. «Los escritores que de verdad son políticos no ciñen su obra a una denuncia excesivamente clara. El escritor de guerrilla puede tener un papel inmediato, pero me interesa mucho más ese otro escritor que va a las estructuras, que se escapa un poco de su tiempo».

Jesús Carrasco
Jesús Carrasco- VANESSA GÓMEZ

Una opinión que contrasta con la de Jesús Carrasco. Enfrascado en la intensa gira promocional de «La tierra que pisamos» (Seix Barral), su segunda novela, el autor extremeño comparte café con ABC poco antes de partir rumbo a Barcelona. Él, que escribe «por un impulso casi ancestralmente literario», considera que «el arte tiene la función de colocarnos ante la realidad, subvirtiéndola o aportando otros puntos de vista para que podamos revaluar nuestros propios sistemas y revisitarnos a nosotros mismos». La publicación de «Intemperie», hace ahora dos años, le convirtió en el máximo exponente de aquello que algunos se empeñan en denominar narrativa rural. «Me parece lógico, porque es obvio que mi foco está orientado hacia el mundo rural. No me importan las etiquetas, he trabajado en publicidad y entiendo bien para qué sirven, no les doy importancia, me da igual».

La adaptación cinematográfica de «Intemperie» está a la espera de encontrar director

Escuchándolo, una se pregunta si esa seguridad que transmite se debe al éxito que alcanzó con aquella primera novela (la adaptación cinematográfica está a la espera de encontrar director, después de que Morena Films se hiciera con los derechos del libro) o a la confianza que imprime una literatura como la que él practica, anclada al estilo, con sus pros y sus contras. «He elegido como forma de trabajo la ficción literaria, por lo que tengo el permiso para poder inventar historias, incluso sociedades (como la novela que ahora publica). Eso significa escribir textos en los que el propio lenguaje tenga una presencia», argumenta Carrasco.

«Para mí, el lenguaje es esencial en la vida, hasta el punto de que lo considero el arma más potente, la que nos hace seres humanos, nos permite sentir, comprender, explicarnos, progresar… No me vale contar de cualquier manera. Quiero contar historias poderosas, que para mí sean importantes, pero de una manera literaria, donde el lenguaje tenga brillo y la propia lectura de las palabras sea atractiva para el lector». Ese lector hipotético, apasionado del texto literario, «es seguramente más amplio de lo que pensamos», como demuestran los más de 80.000 ejemplares que «Intemperie» vendió en España.

Notable alto

El profesor de Filosofía de Matías Candeira solía decir que sólo Dios sería capaz de conseguir un diez. No un diez, pero sí un notable alto merece «Fiebre» (Candaya), novela poética que llegó a las librerías a finales del año pasado y que es la que «se encuentra más cercana» al sentir de un autor que confiesa, sin tapujos, que le hubiera gustado escribir «El comensal» (Caballo de Troya), de Gabriela Ybarra. Candeira compartió espacio en las mesas de novedades con «Seré un anciano hermoso en un gran país» (Sílex Ediciones), de Manuel Astur, otro destacado integrante de este coro de voces literarias. «Como escritor y como persona siempre he tenido presente aquello que dijo un poeta de que nunca deberíamos hacer nada que no le pudiéramos contar a un moribundo al oído», afirma, rotundo, Astur. Y, aunque Juan Gómez Bárcena confiese ser «un padre muy poco sensible a sus creaciones», lo cierto es que «El cielo de Lima» (Salto de Página) es una de las mejores novelas publicadas en los últimos años (en 2014, para ser exactos), por muy desapercibida que pasara.

Valga, como cierre metafórico a esta generación de generaciones, aquel cuento en un tuit que Elena Medel, poeta y editora de La Bella Varsovia, dejó a su paso por «Darán Que Hablar»: «Nací, me reproduciré. Crezco con la tranquilidad del azahar desperezándose. La lluvia, mientras, disparando contra los naranjos».