Gonzalo Pontón, premio Nacional de Ensayo
Gonzalo Pontón, premio Nacional de Ensayo - Inés Baucells

Gonzalo Pontón: «En el mundo globalizado, la independencia es una broma pesada»

El editor e historiador recibe el premio Nacional de Ensayo por su libro «La lucha por la desigualdad»

BARCELONAActualizado:

Hace justo un año entrevistábamos a Gonzalo Pontón (Barcelona, 1944) acerca de «La lucha por la desigualdad: una historia del mundo occidental en el siglo XVIII» (Pasado & Presente). Un año después, esta monumental desmitificación del Siglo de las Luces ha merecido el premio Nacional de Ensayo que otorga el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, dotado con veinte mil euros.

Pontón apura el cigarrillo: «Soy editor desde hace cincuenta y cuatro años y este trabajo es una excepcionalidad en mi vida profesional. Dedicaré los veinte mil euros a publicar más libros… El ensayo no goza de buena salud en España; exige voluntad de reflexión y aquí somos más de leer novelas».

«El ensayo no goza de buena salud en España, exige voluntad de reflexión y aquí somos más de novelas»

Pontón captura otro cigarrillo y fija la mirada en los guantes de boxeo que cuelgan de la puerta del despacho. Siguiendo el consejo del admirado Gaston Gallimard, empezó a trabajar en «La lucha por la desigualdad» al jubilarse del Grupo Planeta en 2009. ¿Y si escribiera sus memorias? «Mis hijos insisten en ello, de momento tengo escrito un artículo sobre los años en que trabajé en Ariel, de 1964 a 1975», confiesa casi en sordina.

«La lucha por la desigualdad» vio la luz tras siete años de investigación y escritura. Con enorme despliegue de fuentes internacionales -Pontón conoce siete idiomas-, reinterpreta aquel «despotismo ilustrado» que sus difusores vendieron al mundo como una extensión de la Revolución. «La lengua extranjera más conocida en España era el francés y las revistas del XVIII reproducían fragmentos previamente seleccionados: la Ilustración era sinónimo de libertad. Pero cuando te adentras en la correspondencia íntima de los filósofos no encuentras otra cosa que la defensa acérrima del orden burgués». ¿Ejemplos? «Aunque sea paradójico, los ilustrados eran enemigos de la educación: si los niños campesinos iban a la escuela dejaban de labrar el campo… Y se quedaban sin patatas».

Ir a las fuentes en versión original supuso para el historiador constatar que la Ilustración no era el monolítico movimiento original y unitario, paneuropeo, destructor del cristianismo, padre de la democracia, defensor de la igualdad y redentor de los oprimidos. De esa conclusión no debe inferirse un ataque a la Ilustración: «Lo que ataco son las tonterías que nos vendieron los franceses», matiza.

A excepción de Diderot -«el más decente y el más pobre de todos ellos»- no había un solo ilustrado que se ganara la vida con su esfuerzo personal: todos estaban enchufados o vivían de un mecenas. «Afirmar que combatían la desigualdad es como si convirtiéramos a la Gauche Divine barcelonesa en un grupo de sindicalistas». Para el autor de «La lucha por la desigualdad» el despotismo ilustrado tuvo más de lo primero que de lo segundo.

Lista de ilustrados

Pontón pasa lista. Voltaire venía de familia de prestamistas y vivía de la usura al clero; D’Holbach era barón; Helvetius y Lavoisier recaudaban impuestos; Montesquieu era vinatero de Burdeos y Locke accionista de una sociedad esclavista… «Lo mejor del XVIII viene del XVII», concluye. Newton y Descartes: «La Ilustración apela a la razón y la inteligencia y el Romanticismo a los sentimientos y las vísceras. La Ilustración trabaja con la realidad y el Romanticismo con la imaginación».

«El nacionalismo es un gran promotor de desigualdad»

Y como la Historia ha de servir de lección para el presente, de aquellos polvos románticos, estos lodos identitarios que padecemos: «El nacionalismo es un gran promotor de desigualdad y un pensamiento reaccionario; la lucha contra las injusticias no debe distinguir nacionalidades. En un mundo globalizado como el actual, la independencia es una broma pesada».

«No tienen ni idea»

Editor comprometido, Pontón vivió la Transición desde posiciones de izquierda. ¿Qué debe pensar cuando independentistas y podemitas aluden despectivamente al Régimen del 78? «Que no tienen idea del marco histórico. En el 77, los libros que editaba habían de pasar censura. La política es el arte de lo posible y entonces se hizo lo que se pudo». El error de algunos jóvenes es analizar el pasado desde el momento presente, subraya: «Es como si yo descalifico la Restauración alfonsina de 1876. Situada en su contexto, después de un rey extranjero, una I República fallida y un golpe militar era tal vez lo único posible».

«Hay que cambiar el mundo, pero no sustituirlo por una novela como han hecho los independentistas catalanes»

Tampoco le convence la identificación de cierta izquierda con el independentismo: «Si uno es marxista no puede ser nacionalista porque marxismo es internacionalismo; la igualdad no casa con el nacionalismo». Desde esa perspectiva, apostilla, «hay que cambiar el mundo, pero no sustituirlo por una novela como han hecho los independentistas catalanes».