El autor Fernando Aramburu, fotografiado en Madrid poco después de haber publicado «Patria»
El autor Fernando Aramburu, fotografiado en Madrid poco después de haber publicado «Patria» - MAYA BALANYÁ

Fernando Aramburu: «Parece que algunos tienen ganas otra vez de derramar sangre»

El escritor vasco, que ayer culminó el año triunfal de «Patria» con la concesión del premio Nacional de Narrativa, se muestra preocupado por la situación que atraviesa España

MadridActualizado:

Era el premio más esperado y previsible de los últimos años. Casi catorce meses y más de 556.000 ejemplares vendidos después, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) logró ayer el Nacional de Narrativa por «Patria» (Tusquets). El jurado del galardón, dotado con 20.000 euros y concedido por el Ministerio de Cultura, se decantó por la obra del autor vasco por «la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como por la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco». El «fenómeno “Patria”», sólo eclipsado en los temas de conversación del patio español de vecinos por la deriva secesionista catalana -todos los cuñados de este país han leído el libro y son expertos en Derecho Constitucional-, llega a su culminación con este premio, después de haber conseguido el Nacional de la Crítica, el Francisco Umbral al mejor libro del año y el Euskadi de Literatura.

Una nómina de reconocimientos que, probablemente por vez primera en España, converge con la opinión de los lectores, auténticos artífices de que «Patria» sea mucho más que una novela. De Mariano Rajoy a Belén Esteban. Aramburu ha trascendido el ámbito literario y se ha zambullido en el social, que es donde reside la belleza de lo cotidiano, esencia de la más alta literatura. Ayer el anuncio del galardón le pilló «mientras paseaba con mi perra, que la tengo con una pata herida, vendada, de manera que la tengo que llevar en brazos». Al volver a su casa de Hannover (Alemania), donde reside desde hace décadas, el teléfono no paraba de sonar. La vida, llamando a las puertas del genio literario. Y ya sabemos quién termina siempre imponiéndose.

¿Lo hacemos lo más rápidamente que podamos?

Claro, sólo le robaré unos minutos. Este premio es la culminación de un gran año. ¿Cómo lo ha recibido?

No tengo palabras, no sé qué decir. Me parece que estoy como metido dentro de un sueño. Yo no estoy habituado a que mis libros tengan tanta y tan positiva repercusión. Siento agradecimiento y me siento francamente honrado. Esto no me invita en modo alguno a tumbarme a la bartola. Estos premios son, más bien, un recordatorio al escritor para que si sigue trabajando, y yo pienso hacerlo, lo haga con responsabilidad y con esmero. Lo considero un aviso de que uno tiene que trabajar con responsabilidad, y es lo que pienso seguir haciendo, mientras la salud aguante.

Con «Patria» ha logrado poner de acuerdo a crítica, lectores… y políticos. Siendo un libro sobre ETA, eso tiene doble mérito.

Los comentarios elogiosos son halagüeños, dan confianza, uno se considera reconocido, eso es así. También ha habido comentarios adversos, lo cual me parece perfectamente razonable. Pero lo que a mí me toca el corazoncito y me complace sobremanera es el hecho de que mi libro ha suscitado debate. A partir de mi libro, algunas personas, de distintos rincones ideológicos, han aceptado conversar, por escrito o hablando con sosiego, con datos, con argumentos. Eso es lo que a mí más me agrada del llamado «fenómeno “Patria”».

La conversación calmada que faltó en la época que narra el libro.

Diálogo, conversación, debate por medios pacíficos… Es algo que he echado en falta durante décadas. Por eso me parece francamente positivo. Estoy acostumbrado a que mis libros tengan una pequeña repercusión nada más ser publicados y desaparezcan. Recuerdo que Rafael Chirbes lamentaba que en nuestro país los libros no daban lugar a debate, más bien eran favorecidos los libros que entretienen y divierten. La palabra del escritor no contaba apenas nada a la hora de tratar de entender nuestra realidad colectiva. Yo creo que «Patria» sí ha conseguido pasar esa limitación. Por eso hablo de debate, o también del hecho de que el libro sirve a periodistas e intelectuales para abordar algunos aspectos de nuestra realidad colectiva como referencia.

También ha hecho mucho por construir un relato que, hasta ahora, no estaba muy presente en la literatura.

Yo considero que esto que se llama «relato» es una tarea de muchos, no de uno solo. Yo veo «Patria» como mi aportación, sale de mi mirada, que por tanto es la mirada subjetiva, frágil, parcial, de un ciudadano que para más señas es escritor, pero no es el mosaico completo. «Patria» es una pieza entre otras que ayudarán, probablemente, a los ciudadanos del futuro, a tener respuestas a posibles preguntas, o a poder ver un dibujo más o menos general de la época que nos tocó vivir.

¿Y cómo se supera un éxito como este, con qué próximo libro?

Acabo de entregar un libro que se titula «Autorretrato sin mí». Es una suma de sesenta piezas en prosa que se acercan a la poesía, al poema en prosa. Tengo también contratado un libro de análisis de poemas ajenos, de clásicos, de modernos, de hombres, de mujeres; con esto me he estado entreteniendo en los últimos años. Procuro tocar distintas músicas, cambiar de tonos… Lo último que haría sería tratar de repetir la experiencia de «Patria», porque además me parece que es única y no quiero dar la impresión de que quiero hacer caja.

Me imagino que, pese a vivir en Alemania, no es inmune a lo que ahora está sucediendo en España.

Hoy día, las distancias geográficas están anuladas. Con respecto a hechos que están ocurriendo ahora en España no creo que haya gran diferencia entre vivir en Alemania y vivir en Santa Cruz de Tenerife o Huesca.

Entonces, ¿qué opinión le merece la deriva separatista en Cataluña?

Yo echo en falta un sentido pedagógico de la vida en común. Veo poca altura humana en algunos. Veo a las masas un poco ciegas. En cierto modo, lo que está pasando estos días lo veo como el cuadro de Goya de «Los Garrotazos». Veo poco sosiego. Veo mucho insulto. Veo a personas jugando frívolamente con las esperanzas de las masas. No habría esperado yo esto después del pasado que tuvimos. Hay algunos que parece que tienen ganas otra vez de derramar sangre. No lo termino de entender. Veo a España una sociedad muy mal avenida. En Alemania ocurre lo contrario: los partidos son capaces de coaligarse. Tengo una sensación de que hay mucho ruido ahora.