Jane Austen
Jane Austen - ABC

El eterno misterio de la muerte prematura de Jane Austen

Una teoría rebuscada y sin pruebas vuelve a sostener que murió envenenada por arsénico

Corresponsal en LondresActualizado:

El próximo verano se cumplirán doscientos años de su muerte, pero Jane Austen sigue tan de moda como siempre. Su popularidad es enorme, en parte por lo bien que la han tratado el cine y la televisión. Tal vez haya desbancado a las hermanas Bronte y a Dickens como el novelista inglés más popular del XIX.

En sus 41 años de vida escribió seis grandes novelas, algunas tan conocidas como «Orgullo y prejuicio», «Emma» o «Sentido y sensibilidad». En ellas se ofrece una mirada única sobre la vida cotidiana en la Inglaterra de la Regencia y el duro papel de las mujeres, cuya vida estaba marcada por completo por el albur del matrimonio. Austen, hija de un párroco burgués del Sur de Inglaterra, refleja ese universo con encanto, humor y carga crítica de fondo. Los finales felices alivian sus historias, aunque no fue su caso: nunca se casó, a pesar de que estuvo a punto, y tuvo una muerte prematura y doliente.

El aniversario de este año aumentará todavía más el eco de Austen (1775-1817) y hay quien ya busca sus cinco minutos de fama, como Sandra Tuppen, comisaria principal de manuscritos de 1601 a 1850 en la Biblioteca Británica. En su bitácora en internet ha publicado que Austen murió envenenada por arsénico, una teoría que ya había aventado hace cinco años la escritora de novela negra Lindsay Ashford, quien incluso publicó una historia de ficción con su hipótesis («La misteriosa muerte de Jane Austen»).

La bibliotecaria Tuppen se basa en los tres pares de gafas de Austen que se conservan en la Biblioteca Británica, guardados en el pequeño escritorio portátil que utilizaba. Los objetos fueron confiados a la institución por una descendiente de la escritora y se da por seguro que fueron suyos. Las gafas presentan distinta graduación, lo que lleva a Tuppen a concluir que al final de sus días padeció cataratas, provocadas por envenenamiento con arsénico.

«La distinta graduación de las tres gafas da credibilidad a la teoría de que murió por envenenamiento con arsénico, aunque de una forma accidental», argumenta. Para sustentar su hipótesis consultó con un óptico londinense, Sam Barnard, quien recuerda que en la época el arsénico era omnipresente, estaba en el agua, el vino casero, el papel pintado de las casas, la ropa y las medicinas. Austen se quejaba en su correspondencia de sus problemas de vista en sus últimos días.

Hace cinco años, la novelista inglesa de misterio Lindsay Ashford achacó el envenenamiento a un medicamento muy utilizado en la época, Fowler’s Solution, un compuesto de arsénico que se recetaba para casi todo, desde la sífilis al reumatismo, dolencia que aquejaba a Jane Austen. Como prueba, Ashford aseguraba que un mechón de pelo de Austen, adquirido por unos coleccionistas estadounidenses en 1948, fue sometido en su día a una prueba forense en su día y dio positivo por arsénico. La novelista no descarta siquiera que fuese asesinada, algo que la mayoría de los estudiosos de Austen ven disparatado, porque era una persona apreciada en sus círculos amicales y familiares.

Inconsistente

La Jane Austen Society de EE. UU. ha refutado la teoría de la bibliotecaria británica por inconsistente. Para ello han pedido opinión a la doctora Cheryl Kimey, quien explica que «hay muchas más causas de las cataratas que el envenenamiento por arsénico». La facultativa no cree siquiera que se pueda dar por seguro que padecía de cataratas. «Los tres pares de gafas distintos pueden deberse sin más a que fue perdiendo visión, como tantas personas al final de la treintena y el comienzo de la cuarentena». Otro argumento que va contra la teoría de las cataratas es que solo dos meses antes de morir todavía escribía cartas.

Tradicionalmente las enfermedades que se sopesan como causantes de la muerte de Austen con solo 41 años son un cáncer, lupus, tuberculosis o la enfermedad de Addison. La última es la hipótesis más plausible. Se trata de un desorden neuronal infrecuente, que provoca fatiga, pérdidas de peso, decoloración de la piel, depresión y dolores abdominales. En una de sus cartas, Jane escribió: «Estoy mucho mejor ahora y recuperando un poco mi aspecto, que ha sido bastante malo, blanco y negro, con mi color cambiado».

La solución al eterno misterio sería someter los restos de Jane Austen a una prueba forense. Pero parece bastante improbable. La escritora que tanto ha entretenido a la humanidad descansa enterrada en el suelo de la catedral de Winchester.