Javier Reverte
Javier Reverte - Óscar del Pozo

Los escritores jubilados no quieren morirse sin pensión

Tres años después los creadores que debieron renunciar al subsidio por cobrar derechos de autor o pagar multa siguen esperando

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Escribir en tiempos de incertidumbre -como si alguna vez hubiera sido sinónimo de estabilidad económica- nunca fue tan burocrático y estuvo tan revisado con lupa. No por críticos literarios, ni empeñosos lectores, sino por el Fisco y la Seguridad Social. Precisamente por este motivo surgió hace más de dos años el movimiento «Seguir creando». Impulsado por escritores como Javier Reverte y creadores como Forges que veían reclamada una deuda contraída por el cobro de su pensión junto con unos derechos de autor superiores al sueldo mínimo interprofesional desde su jubilación. Hubo casos dramáticos, con deudas y multas inasumibles. En caso de sumar a la condición de creador la de jubilado mejor ser un escritor marginal, no por cuestiones bohemias o estéticas, sino para no superar el salario mínimo y que el éxito no afecte a las cotizaciones de toda una vida.

En el velatorio de Antonio Fraguas, Marta Rivera de la Cruz le recordó a la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez: «Se nos ha muerto Forges y no hemos podido arreglar aún la situación de los creadores jubilados» (hace tres años que comenzaron a recibir las multas y reclamaciones). «Razón de más para seguir peleándolo», respondió la minsitra.

Privados de pensión

El escritor madrileño Javier Reverte sigue con su cruzada particular -desde hace años ya colectiva- para dar a conocer la situación de muchos creadores jubilados en España que reclaman la modificación del artículo 165 de la Ley de Régimen de la Seguridad Social. «Mi historia empieza con una carta, hace dos años y medio, en la que de pronto me dicen que me persone en la oficina de Seguridad Social. Me piden que lleve los contratos de mis libros. Me hacen una inspección y me llaman para decirme que pierdo la pensión. Y que he de devolver una cantidad ‘cobrada indebidamente’ de 120.000 euros -por las cuotas mensuales de la pensión cobradas mientras continuaba percibiendo unos derechos de autor superiores al salario mínimo interprofesional.»

Antonio Colinas, en su escritorio
Antonio Colinas, en su escritorio - ABC

Parte de la estrategia colectiva para tratar de solucionar este embrollo la coordina la Asociación Colegial de Escritores y su presidente, Manuel Rico. «A principios de 2015 comenzamos a recibir numerosas visitas a los abogados de la asociación por autores que se estaban viendo privados de su pensión. Y la exigencia de devolución de algunos años de pensión, además de la incorporación al régimen de trabajadores autónomos», señala. «Y en esta situación hay muchos escritores, algunos muy conocidos que no quieren dar su nombre». «Qué delito cometí escribiendo», ironiza Reverte, «por remendar el verso» calderoniano. En este brete legal se encuentran numerosos creadores Es el caso de Forges, que «llevaba sin pensión dos años. Da risa dramática que un tipo como Forges, al que ahora los políticos están alabando como un genio, estuviera devolviendo dinero por una deuda similar.»

Por la misma situación pasa el poeta, Premio Nacional de Literatura, Antonio Colinas. «Existe un profundo desconocimiento por parte de la Administración en lo referente a lo que es un escritor profesional, es decir, una persona que ha dedicado cincuenta años de su vida (con su escritura y los anexos de ésta, traducción, periodismo, recitales, conferencias) a la cultura española, propagándola dentro y fuera de nuestras fronteras, en muchísimas ocasiones sin recibir el más mínimo pago…» En estos días en los que los jubilados se han manifestado en decenas de ciudades españolas para reivindicar mejoras en las pensiones, conviene recordar que el problema de los escritores comenzó con un Real Decreto aprobado en 2012 y una reinterpretación posterior de la ley en un momento en el que la prioridad del Gobierno era recaudar.

Pago en regalos para descambiarlos

Los testimonios se suceden. Cuentan el caso de un escritor que se jubiló como autónomo con una pensión ridícula. Y, ahora, cuando pronuncia conferencias pide que le paguen a ser posible con un regalo de «El Corte Inglés». «Después lo descambia por unos pantalones, ropa o viandas según lo que verdaderamente vaya urgiendo».

Las historias tremebundas alrededor de este tema se suceden. Recuerda Manuel Rico el caso de un escritor asturiano «que debía devolver entorno a setenta mil euros por los mismos motivos. Le mandó una carta durísima a la ministra… Tuvo que poner en venta la casa. Después la mujer se tiró al mar. Pasados los días le llegó una carta del organismo de turno diciendo que le devolvían el dinero puesto que había habido un error», explica de memoria. «Cuando hablé con la ministra -Fátima Báñez- sobre este asunto le dije que mi mujer no estaba por la labor de suicidarse», explica sin ninguna ironía Javier Reverte, autor de «Un otoño romano».

Respecto a las reivindicaciones, Rico puntualiza: «Nosotros defendemos que los derechos de autor no son rendimientos del trabajo. Tienen que ser propiedad intelectual, son un intangible… Lo que decía Maruja Torres: Yo podría haber acumulado pisos y ahora no tendría problemas de incompatibilidad».

Colinas lo tiene claro: «No es, pues, muy justo o normal que mi pensión, a mis setenta y dos años, sea de ciento cincuenta euros, habiendo cotizado los quince años reglamentarios. A la vez, como escritor tributo al Estado tres veces: por Hacienda anualmente, por el IRPF de cada ingreso y, en estos últimos siete años, por los recortes a los que ha estado sometida mi pensión», argumenta. «He decidido, en consecuencia, terminar de pagar a la Seguridad Social el resto de los “cobros indebidos” y seguir trabajando mientras el cuerpo aguante, es decir, seguir siendo fiel a la cultura y a hacer cultura… No se dan cuenta de que es la cultura del país la que pierde. A veces, sí, te recuerdan que has recibido un premio; pero no se sabe que un escritor debe dividir el premio que recibe, o sus derechos de autor, por el número de días que trabaja en soledad o en público y no gana», zanja Colinas.

Asunto aparcado

Y para terminar un premio Cervantes, Antonio Gamoneda: «El Gobierno ha aparcado este asunto. Dijeron que ya estaba resuelto pero no lo estaba, la solución consistió en nada. Ya dije que si yo era requerido y por decir de alguna manera se me aplicaba esa normativa lo probable es que tendría que dejar de escribir. Porque los ingresos como escritor serían tan pequeños que resultan inferiores a los que puedo tener por mi pensión que he cotizado durante cincuenta años».

En esta situación, «llevé a cabo una pequeña movilización desde mi situación provinciana... Aunque no se ha producido ningún cambio. No sabría valorar si más por la torpeza o la falta de ganas del Gobierno. Y mientras nos dejan en el limbo a los escritores viejos», confiesa Gamoneda a ABC.

Dijo Larra hace más de un siglo aquello de que «Escribir en España es llorar», pero escribir jubilado en pleno siglo XXI, también.