El escritor holandés Cees Nooteboom en una imagen de archivo Inés Baucells

Cees Nooteboom: «Compadezco a los que no leen, los libros ayudan a entender la vida»

El eterno aspirante al Nobel de Literatura habla con ABC antes de participar en un ciclo literario organizado en Santander por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP)

MadridActualizado:

Por escribir su primera novela le ofrecieron 300 florines. Tenía 22 años y ni siquiera pensaba en ser escritor. Se sentó a la mesa y comenzó a hilar los relatos por los que años más tarde aparecería en todas las quinielas al Nobel de Literatura. Desde entonces ha escrito sin frenos. Sin los mismos frenos que siendo adolescente lo llevaron a abandonar su casa para subirse a una bicicleta de la que no se ha bajado. A punto de cumplir los 84 sigue recorriendo buena parte del mundo, mirando hacia dentro de las personas, contando sus viajes, que son la historia que corre por las venas del siglo XX, pero también la historia de las religiones, los mitos y las costumbres heredadas.

Es Cees Nooteboom (La Haya, 1933), un trotamundos infatigable, un viajero errante. Hijo de la Holanda invadida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, pasa ahora sus momentos de asueto en la isla de Menorca. Desde allí atiende por correo electrónico a ABC antes de desembarcar en la capital cántabra para participar en los seminarios de literatura que a partir de mañana se celebrarán en la decana de las universidades de verano, la Menéndez Pelayo.

¿Qué consigue seguir impresionando a un hombre que ha visitado casi todos los países del mundo?

Que la gente no aprenda de la historia. Orban en Hungría, Erdogan en Turquía, Maduro en Venezuela… He visto el final de la guerra mundial, el final de varias dictaduras, la descolonización, la caída del Muro de Berlín... Todos van a cometer sus propios errores de nuevo

¿Los escritores cómo deben afrontar el éxito y las malas críticas?

Deben ser felices, pero muy a menudo la felicidad no dura. Tienen que ser capaces de apoyarse en el éxito y en la falta de él. Tienen que creer en lo que hacen. Una mala crítica puede ser muy buena si es inteligente, pero eso no sucede a menudo. Tengo amigos que dicen que nunca las leen. No lo creo. Yo las leo todas. Si una reseña es mala, la odio, y después de un tiempo la olvido. Como dijo el escritor Harry Mulisch, sólo hay dos personas que las recuerdan: el escritor y la persona que la escribió.

Vivimos un tiempo en el que deportistas, modelos o cantantes han desplazado a filósofos, escritores o premios Nobel como referentes culturales. ¿Cree que se ha banalizado la cultura?

No soy pesimista. La gente leyó menos antes de la guerra. Por supuesto que en todas partes veo a muchas personas mirando los teléfonos o los iPad, pero no siempre están buscando imágenes. Muy a menudo están leyendo. Personalmente, compadezco a los que no leen. Es una pérdida. Solo hay una vida y la literatura te ayuda a entenderla antes de irte para siempre.

«El Desvío a Santiago» representa una ruta disgresiva que atraviesa toda la península antes de llegar a Compostela. ¿Qué le llama la atención de la España que pisó por primera vez en comparación con la actual?

El libro es un constructo. Nunca fue un viaje, fueron muchos años de viajes por España. Había estado en Santiago mucho antes de haber estado en otros lugares del país. Primero quería adquirir todo el conocimiento que fuera posible antes de escribir el libro. Desde 1954 no ha habido un año en el que no haya estado en España. Y, por supuesto, España ha cambiado. Me acuerdo de los días en 1956 cuando la gente compartiría su comida en el tren. Mis primeros viajes fueron en autoestop. Vengo de un país superpoblado, y España parecía vacía en aquellos días. Tenía la sensación de que podía viajar con Stendhal, pero gracias a Dios España se tomó su tiempo para convertirse en un país moderno.

En diferentes ocasiones ha expresado su querencia por España en general y por Menorca en particular, ¿cómo valora el deseo de independencia de Cataluña?

Soy un hijo de padres divorciados, quiero que las cosas permanezcan juntas. No puedo hablar catalán, pero puedo leerlo. He traducido poesía de Salvador Espriu. Me encantan los paisajes de Cataluña, sus ciudades, los monasterios, el pueblo. Pero creo que esta lucha está mal gestionada. No debe convertirse en una farsa en la que Puigdemont y Junqueras actúen como Laurel y Hardy, o con Rajoy como la abuela malvada. La cuestión es demasiado importante para eso, y también es demasiado importante para Europa. Todo el proceso debe ser gestionado de una manera diferente por ambas partes, tanto por el Gobierno de España como por los independentistas. Los catalanes siempre tendrán su idioma y su orgullo. Nadie podrá quitárselo, pero romper un país en un tiempo en el que Europa está intentando unirse y sobrevivir en un mundo cada vez más complicado y peligroso es un error. España debe estar a la altura. Necesita a los estadistas del calibre de la transición. Hay demasiado en juego para todos. También para los catalanes.

Tras el Brexit o el auge de las políticas proteccionistas, ¿cree que ha fallado el proyecto de integración de la Unión Europea?

Ahora parece que las mareas están cambiando. Wilders perdió, Le Pen perdió y algunos de los otros populistas pueden perder. He visto el final de la guerra y del colonialismo. Amo a mi país pero no soy nacionalista y nunca lo seré. Si quieren ver a qué puede conducir el nacionalismo, que miren la historia de los Balcanes en los últimos doscientos años.

¿Cómo cree que debe reaccionar Occidente frente a la amenaza yihadista para no caer en la xenofobia?

Vamos a plantearlo de manera simple. Mi jardinero menorquín tiene un socio llamado Mohammed. Juntos vienen y ayudan a mis pinos a sobrevivir a los insectos malvados que los amenazan. Mohammed tiene hijas que van a la universidad. Una de ellas está estudiando para ser médica. Este será el futuro, no los yihadistas. Pero tardará mucho tiempo en llegar. Buena parte de esta catástrofe amenazadora tiene que ver con nuestro propio pasado colonial. Mejor no olvidarlo.

¿Qué le pareció el fallo del Nobel de Literatura en Bob Dylan?

Espero que sea feliz con él. Hubo un tiempo en que el Premio Nobel era para escritores como Eugenio Montale, Thomas Elliot o Odysseas Elytis, quienes fueron descubiertos por muchas personas que aún no los conocían. He visto textos fantásticos de Dylan, pero ya lo habían descubierto. Borges, Proust, Kafka, Calvino o Nabokov nunca obtuvieron el Premio Nobel. El premio no siempre es quién lo consigue, sino también quién lo da.

Imagine que por fin la Academia Sueca le da el premio, ¿cómo lo celebraría?

No te preocupes, no lo harán.