Cultura - Libros

El blog de libros más divertido del mundo

La editorial Malpaso publica mañana las «Prosas reunidas» de la Nobel polaca Wisława Szymborska

Collage realizado po Wisława Szymborska
Collage realizado po Wisława Szymborska - ABC

Durante décadas, Wisława Szymborska comentaba semanalmente los libros que le interesaban, poco o mucho. Se trata de artículos breves, lecturas atentas al resultado de los dados lanzados al aire por escritores de todos los tiempos. Lecturas llenas de sorpresas y humildad y también ironía. Y al igual que ocurre con el resto de sus obras, en esas reseñas se quedó atrapado, sin quererlo, casi como una imagen fantasmal en un papel fotográfico, el rayo de luz que su inteligencia sabía poner sobre las cosas.

Portada del libro que se distribuye mañana, coincidiendo con el quinto aniversario de la muerte de Wisława Szymborska
Portada del libro que se distribuye mañana, coincidiendo con el quinto aniversario de la muerte de Wisława Szymborska

Lecturas no obligatorias

Es eso exactamente lo que el lector encontrará en las «Prosas reunidas» que publica Malpaso este lunes. Los tres volúmenes de «Lecturas no obligatorias», «Otras lecturas no obligatorias» y «Más lecturas no obligatorias» se presentan aquí en uno solo, traducido por Manuel Bellmunt Serrano.

Esta constelación de cientos de reseñas forman, con los libros como excusa, uno de los viajes más apasionantes por la historia de nuestra cultura. Es más, vistos así, reunidos, todos estos textos literarios y mordaces, a veces entusiastas y otras veces algo desdeñosos, son en realidad el blog de libros más divertido del mundo. Ni uno solo deja de enseñarnos algo.

Además tienen el interés de dar noticias tanto de los libros como de la vida sigilosa de Szymborska -antes del Nobel-, en la Cracovia de los recovecos donde habitaban sus poemas, sus collages y sus amigos. Porque camuflaba semanalmente algunas opiniones personales en las pequeñas críticas de libros que publicaba. Tantas que sirvieron un día para abrir una brecha en la muralla de su aislamiento frente a los medios, cuando la Nobel se negaba a conceder entrevistas a Anna Bikont y Joanna Szczesna, sus biógrafas. Ellas habían sacado tantos detalles personales dando un repaso a estos textos, que ya tenían material para un borrador. Así que tuvo que ceder: «Mejor que os lo cuente yo para que esté bien contado», les dijo.

La cantidad y riqueza de temas y autores comentados dibujan el mapamundi personal de una poeta única, siempre dispuesta a bajar las estatuas de los genios literarios de las peanas, incluso a veces para verles de cerca algún defectillo y sonreír sin crueldad. Ese interés de dimensión humana en los libros es altamente adictivo.

A las feministas que criticaban a Benny Hill: «No puedes tomar en serio a quien lucha contra el humor»

Así, al Baudelaire mercenario de la crítica literaria, la poeta le encuentra las pasiones inconfesables y, como cobraba tan poco, se permite decirle que era un crítico casi desinteresado. A Eric Fromm y su «Arte de amar» le quita el polvo retórico con dos sacudidas y una observación sobre lo poco que atendía al talento en ese arte. Sonriendo y cortésmente resulta siempre una crítica llena de criterio y una extraña mezcla de rigor y optimismo. De Isadora Duncan -de la que hace un retrato terminante-, dice que de haber sido polaca, «escribíría como Przybyszewski y, de igual modo, tendríamos que perdonarla».

Y también critica a los críticos a veces. Por hacer antologías de poetas perdidos del deporte e incluir algunos vivos, por ejemplo. O por resumir en un manual escolar que «La Peste», de Camus, habla de problemas sanitarios en tiempos de epidemia: «Pienso en la persona que despachó tan enérgicamente la obra del gran Camús. Es seguro que ya no pertenece al gremio de los lectores y que en su casa solo encontraremos la guía telefónica...». Pocos escapan de su cariñoso escalpelo. Ni las feministas que disparaban contra el humor grosero de Benny Hill:: «No hay manera de tomarse en serio a alguien que lucha contra el humor».

A veces aplaudía generosamente, como a La Rochefoucauld, por encima del «forro de egoísmo» de sus máximas morales al encontrarse con una frase que le venía como un traje a medida: «Puede ser que no haya motivación oculta. “Uno a veces es tan diferente de sí mismo como los demás”»

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