La autora estadounidense Elizabeth Bishop
La autora estadounidense Elizabeth Bishop - ABC

La obra completa de Elizabeth Bishop, por primera vez en español

Vaso Roto Ediciones publica la prosa y la poesía completa de una de las autoras estadounidenses más importantes del siglo XX

MADRIDActualizado:

El padre de Elizabeth Bishop (1911-1979) murió cuando ella era un bebé de apenas ocho meses. Su madre, cuyo carácter marcó a la pequeña en esos años en los que vivir no es más que un juego, sufría un grave trastorno mental y terminó ingresada en un hospital psiquiátrico. Bishop tenía entonces cinco años. Nunca más volvieron a verse. Pero, lejos de regodearse en su tristeza, la niña encontró su «país de Nunca Jamás» en Nueva Escocia, donde se trasladó a vivir con sus abuelos, y empezó a soñar. Sueños que, con el paso del tiempo, fue reflejando en poemas, como si su existencia fuera fruto de su ensoñación. La ensoñación del sueño, hecha realidad en hermosos versos. Poco podía imaginar entonces la siempre tímida Elizabeth Bishop que terminaría convertida en una de las mayores poetas estadounidenses del siglo XX, heredera natural de Walt Whitman y Emily Dickinson.

Tras largos años de injustificada ausencia, matizada por la edición de su «Antología poética» (Visor) en 2003 y alguna que otra obra sobre ella, Elizabeth Bishop vuelve a estar presente en nuestro panorama editorial gracias a Vaso Roto Ediciones, que ha iniciado la encomiable tarea de recuperar su «Obra completa», siendo la primera vez que se publica en español. Hace apenas unos días, llegó a las librerías el volumen de toda su «Prosa» y para junio está prevista la publicación de su «Poesía», aún «en revisión».

Mirada democrática

A jucio de los editores de Vaso Roto, Elizabeth Bishop «sigue siendo referente esencial en las literaturas de los siglos XX y XXI. Incluso críticos como Harold Bloom y Helen Vendler, y poetas como John Ashbery y James Merrill han dedicado ensayos en torno a su obra». No es de extrañar, por tanto, que Charles Simic haya llegado a decir que «desde Whitman no ha habido jamás una mirada tan democrática». Y, sin embargo, tan desconocida... Incansable viajera, de Francia a España, del norte de África a Irlanda, de Italia a México, además de los casi veinte años que vivió en Brasil junto a su entonces pareja, la aristócrata y arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares (1910-1967), Elizabeth Bishop fue una mujer libre, que llevó esa libertad hasta sus últimas consecuencias, también creativas.

Su «carrera» literaria empezó en «The Blue Pencil», la revista que aún se sigue editando en el Walnut Hill School for the Arts (Massachusetts), donde Bishop estudió. En el apéndice de este volumen dedicado a sus primeras prosas figuran algunos de los textos que escribió entonces, donde ya se advertían los temas que, con el tiempo, centrarían su obra, especialmente la soledad. Pero también las lágrimas, «algo inherente a la vida» y que Bishop trató de enjugar amando, y dejándose amar.

«Seguimos siendo bárbaros que comenten indecencias y crueldades cada día. Pero creo que tendríamos que estar alegres a pesar de ello», escribió en 1964

Luego llegaron sus años de universidad en el Vassar College, institución que, tras su fallecimiento, se quedó con su legado. Compuesto por gran cantidad de obra inédita, algunos de estos textos aparecen publicados, por primera vez en español, en el presente volumen de Vaso Roto. Pero también relatos breves, textos autobiográficos, reseñas de libros, un extenso volumen sobre la historia y la cultura de Brasil, traducciones, libros de viajes, cartas... Quizás uno de los «tesoros» sea la correspondencia que Elizabeth Bishop, siempre reacia a hablar de su vida (y de su obra), mantuvo de 1963 a 1965 con la poeta británica Anne Stevenson (Cambridge, 1933) y en la que se «desnudó» sin tapujos, quizás para no volver nunca a hacerlo. «Mi pronóstico es pesimista. Creo que seguimos siendo bárbaros, bárbaros que comenten cien indecencias y crueldades cada día de sus vidas, como es probable que noten en épocas futuras. Pero creo que tendríamos que estar alegres a pesar de ello, e incluso a veces ser un poco atolondrados, para que la vida sea soportable», la escribe Bishop en enero de 1964.

Es la suya una voz inconfundible, reflexiva, en ocasiones graciosa, a ratos tierna, irónica y mordaz. Obsesionada con la naturaleza de la prosa, en ella ficción y autobiografía se mezclan hasta confundirse. El ejemplo más significativo es el relato «En la aldea», escrito en 1953, tres años antes de lograr el Premio Pulitzer de poesía. «Todas esas otras cosas: la ropa, las postales arrugadas, la porcelana rota; las cosas estropeadas y perdidas, deterioradas o destruidas; incluso el grito, frágil y casi perdido... ¿son demasiado frágiles para que nosotros oigamos sus voces durante un largo tiempo demasiado mortales?», se pregunta al final del texto.

La soledad

El poeta argentino Mariano Peyrou, encargado de la traducción de la prosa, considera que «lo más interesante –tanto de los cuentos como de los textos de memorias o más ensayísticos– es su mirada: ese lugar, que a la vez es extraño y natural, desde el que nos muestra el mundo. Le habla a lo desconocido cercano, a lo que miramos pero no acabamos de ver». Esa mirada suya nos lleva a resolver «El enigma de Emily Dickinson» (1951) o a abordar por qué «Escribir poesía es un acto antinatural» (finales de los 50), pero también a reflexionar «Sobre el hecho de estar solos» (1929), quizás el pasaje más revelador del volumen: «Tal vez nunca conoceremos al acompañante que hay en nuestro interior y que está con nosotros toda la vida, la proximidad constante de nuestra mente y esa persona extraña cuyo corazón se acelera cuando un pájaro se eleva, alto y solitario, en el aire claro».

Y, como anticipo de lo que llegará en junio, estos versos extraídos de uno de los último poemas que escribió: «El arte de perder no es difícil de aprender; tantas cosas parecen querer extraviarse que perderlas no acarrea ningún desastre».