58 años de su muerteLa muerte «absurda» de Albert Camus

El Nobel de Literatura calificaba de «idiota» el fallecimiento del ciclista Fausto Coppi en un supuesto accidente de tráfico, un día antes de que a él le ocurriera eso mismo en la carretera de Borgoña

MADRIDActualizado:

Quién le iba a decir a Albert Camus que, tan solo un día antes de fallecer en la carretera de Borgoña, diría esto: «No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto». La inorportuna y fatídica declaración del Premio Nobel de Literatura hacía referencia a la información publicada por la prensa, que aseguraba por error que esa había sido la causa de la muerte del cinco veces ganador del Giro, Fausto Coppi.

Camus se dejaba la vida en un coche tal día como hoy de 1960, cuando su amigo y editor Michel Gallimard conducía a gran velocidad su Facel Vega en una recta sin obstáculos y el neumático reventó. El famoso escritor iba a la derecha del conductor. «El encontronazo con un árbol fue tan violento que el vehículo se partió en tres pedazos. Camus fue a parar a los asientos posteriores. Su muerte fue instantánea», contaba el corresponsal de ABC en París, Federico García-Requena, en una crónica titulada «La muerte, imprevista y absurda, de Albert Camus».

El coche quedó tan destrozado que se tardó mucho tiempo en extraer del amasijo de hierro el cadáver del autor de «El extranjero». Gallimard, en cambio, conservó la vida tras ser trasladado grave al hospital, al igual que su esposa y su hija, que tan solo sufrieron contusiones.

La huelga que mantenían en Francia los medios de comunicación hizo que la noticia se divulgara en el país un poco más tarde que en el resto de Europa. Tan solo la radio pública francesa, de acuerdo con las comisiones que habían promovido el paro, decidió inmediatamente suspender su programa de música grabada para rendir tributo al fallecido escritor. «El estupor ahondaba dolorosamente en nuestra carne conforme íbamos tomando conciencia del tremendo e inesperado drama», podía leerse en este periódico.

Camus tenía sólo 47 años y tan sólo tres antes había alcanzado la gloria de las letras con el Nobel. Fue el segundo escritor más joven de la historia en conseguirlo, por detrás del inglés Rudyard Kipling, que recibió el galardón, en 1907, con 42 años. Poco antes, el autor francés llegó a decir que su obra no había hecho más que empezar. Nadie lo hubiera dicho a juzgar por novelas como «La peste» (1947) o «La caída» (1956), pero lo cierto es que fallecía prematura y repentinamente este literato «colmado de dones y honores, benjamín de los escritores franceses de fama universal, que tenía adquirida una reputación intelectual incomparable», decía la necrológica de ABC. El escritor se unía así a la larga lista de celebridades muertas en un accidente de tráfico: James Dean, Jackson Pollock, Jorge Cafrune, Pierre Curie o la bailarina estadounidense Isadora Duncan, entre una lista infinita.

Sin embargo, la vida de Camus era la del hombre que se sabe «condenado a muerte» por una enfermedad incurable, razón por la cual trabajaba incasablemente para «desprenderse del precioso mensaje literario que guardaba en sí». Sufría una afección pulmonar, que ya le había avisado con dos graves crisis. También padecía el mal de Koch, que «estaba latente en su organismo como una fiera agazapada, dispuesta a surgir de nuevo para dentellearle vorazmente en el instante más inesperado», aseguraba nuestro corresponsal en 1960.

Ni por un momento pudo imaginarse el gran Albert Camus que su fin sería tan distinto, tan «absurdo» e «imprevisible». «La pérdida del joven maestro de la joven élite europea es una de las mayores que podían sufrir en estos momentos las letras francesas y toda la juventud ha de llorarla», dijo entonces François Muriac, otro de los escritores franceses laureados con el Nobel. «¿Qué podré yo llamar eternidad, sino a todo aquello que forzosamente habrá de continuar después de mi muerte?», se preguntó en una ocasión Camus, ese humanista convencido y consciente del absurdo de la condición humana... antes de morir.