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Misterios en el castillo de Loarre

Hace mil años se erigió en el Pirineo aragonés una colosal fortaleza que hoy presume de ser el castillo románico mejor conservado de Europa. Luis Zueco novela cómo se llevó a cabo esta proeza y da respuesta a algunos enigmas aún sin resolver

El castillo de Loarre
El castillo de Loarre - fabián simón

Cuentan que entre sus muros falleció el conde Don Julián y que enterraron al mayor traidor de la historia de España a la entrada de la iglesia, para que todos pisotearan sus restos por haber abierto las puertas de la Península a los musulmanes. Hasta alguno asegura haber visto a su fantasma o al de la abadesa doña Violante, sobrina del Papa Luna, cuya tumba tampoco ha sido aún hallada. Son algunas de las leyendas que circulan en torno al castillo de Loarre, pero esta colosal fortaleza encierra otros misterios, más reales, algunos a la vista de todos y aún sin respuesta.

¿Cómo construyeron en ese enclave montañoso del Pirineo aragonés una cúpula en la iglesia sin parangón alguno en la España de la época? ¿Cómo fueron a parar allí unas reliquias tan destacadas como las de San Demetrio? A estas y otras preguntas Luis Zueco da su particular solución en «El Castillo» (Ediciones B), su última novela en la que aborda la proeza que supuso hace mil años la construcción de Loarre.

«Loarre es el prototipo de los castillos de España», explica este novelista e historiador, vicepresidente de la Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón. «Aquí no tenemos los castillos del Loira o el Rhin, más palaciegos. Los nuestros son castillos militares, que es para lo que realmente servía un castillo, y si se piensa en un castillo militar, Loarre cumple con todos los requisitos de lo que es un castillo español», añade el escritor que explica cuáles son estas características. La primera, «una ubicación que al verlo dices: ¡madre de Dios, cómo lo pudieron construir allí!», la cumple Loarre con creces. A mil metros, en la montaña pirenaica, es un nido de águilas, un lugar estratégico que podría defenderse hasta sin castillo como de hecho ocurre en la novela.

Es una fortaleza militar, que no está pensada para vivir sino para albergar a una guarnición, sin fosos de agua, sino defensa en altura. «Los españoles son castillos con muchas torres, algunas de ellas albarranas (que se quedaban independizadas en caso de ataque)...todo pensado para la guerra», describe Zueco.

Sancho III el Mayor mandó construir este castillo como parte de la línea defensiva que protegía los dominios del reino de Pamplona, en su máximo esplendor en aquellos inicios del s.XI. A esa función militar, Loarre añadía un destacado simbolismo, según este historiador, ya que «se construyó justo donde acaba la montaña y empieza el llano, la hoya de Huesca». Los cristianos de Loarre veían desde allí las huertas y las ricas ciudades musulmanas, «lo que no tenían ellos, que malvivían en las montañas, y eso incrementaba su deseo de conquista, algo muy importante para un reino que quería crecer». Veinte años después, se había conquistado Huesca y se estaba en camino de Zaragoza. «Ya se había llegado al llano, que era el gran objetivo», señala Zueco.

Maestros lombardos construyeron el castillo primitivo con sillarejo, utilizando la piedra a modo de ladrillo, como aún puede verse en la parte más alta de Loarre. El autor de «El Castillo» relata cómo «en el año 1000 los lombardos eran los que sabían construir esas iglesias y castillos, pero en un momento dado desaparecen, no se sabe bien por qué, dejando edificios a medio terminar. Algo pasó para que se fueran todos, pero no se sabe a ciencia cierta».

El rito romano

Trabajadores locales que habían aprendido de los lombardos quedaron al frente de la obra, apenas manteniendo lo construido. Fue con el segundo rey de Aragón, Sancho Ramírez, cuando Loarre experimentaría su impulso definitivo y cobraría gran importancia religiosa. «El reino de Aragón era en aquella época vasallo del reino de Pamplona, pero Sancho Ramírez hace una jugada maestra al ir a Roma y convertir el reino en vasallo directo de Roma de forma que nadie podía dudar ya de su legitimidad», explica Zueco. A cambio, Aragón adoptó el rito romano que Roma había intentado sin éxito introducir en los reinos y condados de la Península, donde el clero español seguía fiel al rito mozárabe. «La primera misa en rito romano fue en el monasterio de San Juan de la Peña, próximo a Loarre, y la segunda o tercera sería en el castillo», afirma el historiador.

A su vuelta de Roma, Sancho Ramírez ordenó construir en Loarre una gran iglesia, para la que no había espacio. Hubo que ganar terreno a la montaña, se hizo un falso crucero, se habilitó el acceso al castillo por debajo de la nave de la iglesia... «tuvieron que pensar en mil soluciones arquitectónicas para encajar una iglesia inmensa en un castillo militar».

El rey aragonés llevó a Loarre a una congregación de monjes agustinos con los que llegó el arte románico. Se trajo a escultores de Toulouse para realizar los 82 capiteles con que cuenta la iglesia, con sus monos, grifos, basiliscos... hasta una sirena que no deja de resultar chocante en el Pirineo.

Una bóveda sin parangón

Otro de los misterios de Loarre reside en la bóveda de la iglesia, «sin parangón» en la Península en aquella época. «La bóveda es el círculo que simboliza a Dios y cuando el rey se colocaba debajo quedaba simbólicamente legitimado por Él», anota Zueco.

«No hay otra igual, pero quien construyó esa cúpula tuvo que ver otra en algún sitio. En el año 1000, en el Pirineo, no se iban a ir a Constantinopla a ver cómo está hecha Santa Sofía... ¿Cómo supieron construirla? De esas dimensiones y en el Románico, es la más antigua», destaca el investigador, que en su novela ofrece su solución.

En Loarre se vivió una dualidad religioso-militar, según explica Zueco. Los soldados y los religiosos no se cruzaban. Sus dependencias estaban separadas, con accesos diferentes a la iglesia para unos y otros. «Es de las primeras veces en que conviven monjes y soldados dentro de un conjunto religioso-militar, algo curioso en una época anterior a las cruzadas y las órdenes militares», subraya.

¿Una portada oculta en la cripta?

Sancho Ramírez también encargó la construcción de una cripta para albergar las reliquias de San Demetrio, que según la tradición llegaron milagrosamente hasta Loarre. «Era un santo importante, que además era soldado, lo que encaja a la perfección con que sus restos estén en un castillo y además da más fuerza al enclave», señala Zueco.

Se cree que la portada de entrada del castillo, que no se conserva actualmente, se reutilizó boca abajo en el suelo de esta cripta. «Si algún día alguien se atreviera a levantar el suelo y darle la vuelta igual nos aparecería la portada de entrada al castillo», aventura el historiador.

Hay cerca de 10.000 metros en Loarre, donde se cree que estuvo la aldea de quienes trabajaron en su construcción, que aún no ha sido objeto de ninguna excavación arqueológica. «Podría salir de todo», cree Zueco, porque «Loarre se quedó suspendido en el tiempo». La frontera avanzó y el castillo quedó solo como monasterio, pero no llegó a tener gran magnitud y acabó por ser abandonado hacia el s. XV-XVI.

«Si se hiciera una excavación se cree que saldría una necrópolis, otras construcciones, mucho material... pero es complicado porque no deja de ser un monumento turístico que visitan unas 100.000 personas al año», justifica.

Un homenaje a sus constructores

Los muros, pasadizos y salas de este castillo, donde se rodó parte de la película de «El reino de los cielos» de Ridley Scott, se mantienen hoy tal y como estaban en el siglo XI,sin luz eléctrica ni paneles informativos. Un lugar donde resulta fácil imaginar a Eneca, Fortún y la multitud de personajes de esta novela histórica de Zueco, que abarca el periodo en que se levantó la fortaleza, entre el año 1027 y el 1082.

«Se construyó en unos 60 años, lo que pone más en valor a la gente que llevó a cabo esta proeza, con los medios de entonces. La novela es un homenaje no a los reyes ni a los nobles que mandaron construirlo, sino a los constructores, carpinteros... y a las mujeres que lo hicieron posible», explica el autor. Aquellos cientos de personas de toda condición que se jugaron la vida en esta peligrosa zona de frontera con la esperanza de progresar.

Este domingo se presenta en el castillo este libro ambientado en Loarre en ese momento histórico tan apasionante como fueron los inicios de la Edad Media, con la desmembración del reino de Pamplona y el nacimiento del reino de Aragón frente a unas taifas aún poderosas y un complejo entramado de alianzas y conquistas.

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