Emmanuel Carrère, ayer en Barcelona
Emmanuel Carrère, ayer en Barcelona - efe

Emmanuel Carrère: «El mensaje del Evangelio ha sido revolucionario»

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A Emmanuel Carrère (París, 1957) le hemos visto siguiendo los pasos torcidos del poeta Eduard Limonov, despellejando su propia intimidad en «Una novela rusa» y reconstruyendo en «El adversario» la historia de Jean-Claude Romand, el hombre que se hizo pasar por médico y asesinó a su familia tras descubrirse el engaño, pero nunca hasta ahora le habíamos visto realizar una pirueta de tamaña envergadura. Una acrobacia literaria que le he llevado a tomar impulso desde su propia experiencia para acabar aterrizando en «El Reino» (Anagrama), una suerte de ensayo novelado (o viceversa) en el que aborda los orígenes del cristianismo.

Así, tomando como hilo conductor las epístolas de San Pablo y el Evangelio de San Lucas e injertando en el relato la historia de como él mismo abrazó la religión durante unos años de severa depresión, Carrère, que se define ahora como un «auténtico escéptico» -«no creo lo suficiente como para ser ateo», matiza- repasa una «mezcla de teología, conflictos humanos y vehemencia» para evidenciar que el Evangelio era, ante todo, un texto «subversivo». «El mensaje del Evangelio ha sido revolucionario y subversivo. Hace un elogio de la debilidad que me parece muy importante, como cuando dice que los últimos serán los primeros», explica el autor francés, que sigue fiel a esa mezcla de ficción, memoria y ensayo que tan buenos resultados le ha dado.

Una fórmula que, sin embargo, Carrère empieza a ver ahora algo gastada. «Es cierto que las últimas cinco novelas siguen este método y que estoy un poco casado de, por decirlo de alguna manera, la fórmula, pero no sé lo que puede ocurrir. Hace más de un año que terminé "El Reino" y de momento no me ha llegado otro proyecto de libro. Quiero que me llegue algo diferente», relativiza.

Mientras llega ese nuevo proyecto, y a la espera de que su última novela pueda acabar convirtiéndose en serie de televisión, Carrère sigue amasando buenos números -en Francia ya ha despachado más de 200.000 ejemplares de «El Reino»– y reflexionando sobre el posible futuro del cristianismo. «No soy ningún profeta, pero creo que en Occidente el cristianismo está perdiendo velocidad frente a religiones más dinámicas», apunta.

Religiones como el budismo o la «corriente más belicosa» de un Islam que, apunta, no habría permitido un libro como «El Reino» sobre el islamismo. «Pero tampoco se podía escribir un libro como este hace cinco siglos y el cristianismo y el Islam se llevan cinco siglos. Ojalá en el Islam se viva dentro de cinco siglos una situación de tolerancia que permita un libro así», añade.