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Un atasco para morirse de miedo

El escritor gaditano Jesús Cañadas ahonda en el terror pegajoso con la febril y apocalíptica «Pronto será de noche»

Jesús Cañadas, en una imagen promocional
Jesús Cañadas, en una imagen promocional
david morán - Barcelona - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

El terror, en efecto, era esto: un atasco infernal, el Apocalipsis asomando por el horizonte y un puñado de conductores atrapados en la carretera mientras un asesino los va liquidando uno a uno en cuanto se pone el sol. ¿Miedo? No, nada de eso. Esto es pavor auténtico, del de salir zumbando rechinando los dientes «Si ya pierdes los nervios por estar quince minutos atascado en la Diagonal, imagínate pasar días así, y encima, en mitad del fin del mundo. Y para colmo, con un asesino matando gente», señala Jesús Cañadas (Cádiz, 1980), versátil cabecilla de la literatura de género y nuevo maestro del horror más asfixiante, incómodo y sangriento.

Al gaditano, autor de la primeriza «El baile de los secretos», le descubrimos con la estupenda «Los nombres muertos», novela en la que fantaseaba con las andanzas de H. P. Lovecraft en busca del Necronomicón, pero ahora cambia completamente de registro para ponerse especialmente perverso con «Pronto será de noche» (Valdemar). «En principio tenía ganas de hacer un policíaco; lo que pasa es que debo de estar enfermo y lo que me salió fue esta pesadilla», apunta.

Porque, en efecto, «Pronto será de noche» es una pesadilla febril y demente: un puñado de personajes a cuestas con sus coches huyendo de no se sabe muy bien qué y esquivando la muerte como malamente pueden. «La idea en todo momento era asfixiar a los personajes (y al lector a través de ellos) en un lugar que no tiene ni paredes ni barrotes», asegura. Y a fe que lo consigue. Vaya si lo consigue. «Haciendo memoria -relata Cañadas- creo que el germen de todo está en la evacuación de Nueva Orleans por el huracán Katrina. Vivía en Berlín y estuve muy metido en iniciativas de apoyo a la catástrofe que se organizaron desde allí. Tuve la oportunidad de hablar personas que huyeron y las historias que contaban eran horripilantes. El caso es que a mí se me ocurrió pensar “¿y si matan a alguien ahí en medio?”, que es una cosa que me suelo preguntar a veces, porque, como te digo, debo de estar enfermo».

Claustrofobia «on the road»

Con esa idea rondando en la cabeza y la voluntad de «darle una vuelta a los típicos personajes que se han visto mil veces en novelas apocalípticas y plantear cosas distintas al policíaco clásico», Cañadas construye una claustrofóbica y angustiosa novela que enfrenta a los personajes a un dilema nada menor. «Si estas son las últimas horas que te quedan de vida, ¿qué vas a hacer? La novela juega en todo momento con ese miedo y esa doble amenaza, y cada personaje se enfrenta a las dos de una manera diferente», explica un autor que, antes de empujar al lector al abismo de «Pronto será de noche», ha leído cuánto ha podido del género. «Si no lo hiciese correría el riesgo de hacer lo mismo que ya se ha hecho. No puedes lanzarte a hacer flamenco si no has oído en tu vida a Tomatito y Paco de Lucía», aclara.

Pero, más allá de los límites del terror y haciendo palanca con un lenguaje seco y punzante, «Pronto será de noche» picotea, por lo menos en la forma, de «Carretera al Sur», Cortázar, «Dogville», de Lars Von Trier y «El Ángel Exterminador», de Buñuel. «En cambio, el fondo de la novela es cien por cien Juan Rulfo.De todos modos, luego hay docenas de pequeños referentes que también están ahí: desde David Vann a Agatha Christie, pasando por Gaston Leroux, Donald Ray Pollock, Dashiel Hammet, Agota Kristof...», añade.

Y así, con los coches avanzando a trompicones y el atasco obligándoles a parar en sitios que nadie en su sano juicio querría siquiera mirar, ni que fuese de reojo, el novelista gaditano acaba bordando una terrorífica reflexión sobre la muerte y sus circunstancias. «No hay nada más próximo que eso, más incluso que la crisis: la certeza de que tarde o temprano te vas a morir», subraya. Lo dicho: mucho miedo.

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