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Así fue el infierno de los balleneros vascos en Islandia

Una novela rescata la terrible matanza ocurrida en Islandia a principios del siglo XVII

mapa del siglo XVI
mapa del siglo XVI - abc
jorge s. casillas - Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Dice una leyenda más o menos creíble que Cristóbal Colón sabía que los vascos habían llegado a tierra desconocida mucho antes que él, pero que prefirieron mantenerlo en secreto para proteger sus intereses comerciales. Sea cierta o no, los vascos se echaron originalmente a la mar porque no podían vivir con lo que la tierra les daba. Eran extremadamente pobres, y por eso se exponían a los riesgos de vivir en alta mar, porque no tenían mucho que perder.

En torno a 1615, una expedición partió cerca de la bahía de Deba (Guipúzcoa) dirección Islandia. Fueron en busca de ballenas, de su preciada grasa, pero sufrieron una de las mayores afrentas a las que nunca se ha enfrentado el pueblo vasco. Los sucesos fueron de tal magnitud, que tanto unos como otros se esforzaron por silenciarlos. La matanza, revivida ahora por las autoridades locales, aparece novelada en «Lo que tengo que contarte» (Lumen), el último libro de Julia Montejo.

Fiesta envenenada

Todo empezó como tantas otras primaveras. Una docena de barcos partieron con la intención de hacer aquello que ni los propios islandeses se atrevían a intentar: cazar ballenas. «Cuando piensas que estos hombres iban a pecho descubierto con apenas unos arpones... ¿Cómo tienes que estar de hambriento para ganarte así la vida? -se pregunta la autora-. La necesidad convirtió este oficio en la tabla de salvación de muchos españoles del siglo XVII».

Navegaron hasta Islandia, donde originalmente vivían «aquellas personas que no querían vivir bajo el yugo de ningún Rey», explica Montejo. Como cada verano, los vascos pactaron entregar parte de sus útiles de pesca a los islandeses cuando terminasen con la caza de ballena. A cambio les dejaban ocupar su isla y les entregaban el vadmal, una tela muy apreciada en todo el Cantábrico. La campaña de pesca fue un éxito y a finales de verano celebraron una especie de despedida.

Pero ese mismo día, una tempestad destrozó los navíos españoles e hizo imposible volver a España. Llegó el invierno y con él todo tipo de penurias: frío, pocas horas de luz y mucha escasez, lo que complicó la relación con los islandeses. «Si en una aldea viven veinte y de repente hay 120... ¿Qué haces? No puedes alimentarlos -explica la autora-. Por eso se desata en parte la matanza, porque saben que antes o después irán a por ellos para poder comer». Murieron 32 marineros.

Solo unos pocos lograron sobrevivir y llegaron a casa abordando un barco inglés. Los que salieron de allí con vida juraron no contar nada de lo sucedido, por eso la historia permaneció tanto tiempo en el olvido. «Para los islandeses fue una vergüenza y para los vascos también, porque al final fue un fracaso de expedición y tuvieron que hacer cosas terribles», detalla Montejo, que ha narrado con rigor y ligereza uno de los capítulos más sorprendentes de la historia de España.

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